La colaboración entre el presidente electo de centroderecha, Aníbal Cavaco Silva, y el primer ministro socialista, José Socrates, será indispensable para sacar al país de la crisis, estimaron hoy los analistas en Portugal, un día después de las elecciones.
Cavaco Silva, apoyado por el Partido socialdemócrata y la derecha, ganó por 50,6 % de los votos, logrando conseguir sufragios incluso entre el electorado del Partido Socialista (PS), diez meses después de la aplastante victoria de este partido en las elecciones legislativas.
Fiel a su "estrategia del silencio", el presidente electo se contentó con vagas promesas durante su campaña electoral sin dar a conocer programa de acción alguno y resultó elegido gracias a su reputación de administrador riguroso.
Enfrentados a una degradación de sus condiciones de vida, sobre todo con una tasa de desempleo del 7,7 % en aumento, y temiendo la competencia de los nuevos miembros de la Unión Europea (UE), los electores decidieron confiar en el hombre que fue su primer ministro de 1985 a 1995, en la época de la adhesión a Europa que les aportó un bienestar nunca antes conocido.
Cavaco Silva, que gozará de poderes ejecutivos limitados en su calidad de presidente, pero que puede ejercer una influencia importante en la discusión de los grandes problemas sociales y en las orientaciones económicas, prometió ayer cooperar "con espíritu de lealtad" en el gobierno.
"Conozco la importancia de la estabilidad. El país la necesita para avanzar", afirmó. Sus adversarios de izquierda predijeron "una crisis institucional" en caso de que ganara, al sospechar que deseaba ser "un segundo primer ministro".
"Espero una relación institucional que se caracterice por la concentración en las tareas y el desarrollo del país", afirmó por su parte Socrates.
"Condenados a entenderse", titulaba hoy el diario Jornal de Negocios.
Según los medios económicos, Cavaco Silva y Socrates son dos hombres pragmáticos que conocen muy bien los grandes temas del país, poco dados a la retórica o a salir al encuentro de las muchedumbres. Además no tienen muchas divergencias sobre los desafíos que debe asumir Portugal.
Los dos dirigentes comparten, estiman, el mismo programa de cambios estructurales: poner fin al déficit presupuestario -de 6,6 %-, reformar la seguridad social, la administración pública y la justicia, y atraer a inversores extranjeros.
El presidente del Banco Popular de Inversiones (BPI), Fernando Ulrich, en declaraciones al Diario Económico, considera que "la cohabitación será pacífica y se caracterizará por la cultura de la exigencia".
Esta elección ha venido a confirmar el deseo de los portugueses de contar "con gobernantes exigentes y rigurosos que tengan la capacidad de devolvernos nuestro orgullo, combatiendo el derrotismo que ha proliferado en el país", declaró por su parte el presidente del grupo Santander para Portugal, Antonio Horta, al mismo diario.
AFP