El lenguaje de los jóvenes, ¿un desafío para los adultos?
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La escritora Ivonne Bordelois, en el libro "El país que nos habla" refiere al "serio problema de la fractura del lenguaje que se manifiesta en nuestros adolescentes".
La autora señala que aislados como viven, inmersos en la permanente relación con la televisión, la computadora e Internet, aturdidos en sus encuentros amistosos o eróticos en las discos, cuyos decibeles alteran e impiden toda noción de intimidad, no es extraño que muchos de nuestros adolescentes sumen a una suerte de analfabetismo intelectual -ya que su contacto con la lectura es mínimo- una suerte de afasia léxica, que los priva, no ya de una deseable elocuencia sino de todo dominio apenas más sutil y complejo que el nivel de expresión en materia de comunicación verbal.
Hasta aquí el pensamiento de la escritora quien cita a Wittgenstein cuando asevera que "los límites de mi habla representan los límites de mi mundo".
La forma de expresarse de los jóvenes es un tema de fondo en nuestros días pero, como adultos, quedarnos con el diagnóstico es reconocer la imposibilidad de buscar caminos de reversión.
El Litoral conversó con Emma Cano de Candioti, profesora de Letras en ámbitos medios y terciarios y autora de un curso de comprensión lectora.
Candioti se diferencia, en parte, de los lingüistas respecto del diagnóstico, aporta elementos de comprensión sobre los jóvenes y elementos, por lo menos para tomar en cuenta en el territorio escolar, a fin de ayudarlos a dar ese salto cualitativo en el uso del lenguaje.
-¿Considera que el lenguaje que utilizan los jóvenes les permite expresarse?
- Los jóvenes hablan como jóvenes, como jóvenes de hoy, con un lenguaje que les permite nombrar un mundo desparejo, violento, de muchas exclusiones y para nombrar ese mundo utilizan un lenguaje que, como todo lenguaje, es una construcción, un producto social e histórico que les permite mencionar, nombrar a ese mundo en el que están insertos. Y esto ocurre sin distinción de clases: el pobre, el empobrecido, el rico, recurren a esa forma de hablar que les posibilita nombrar ese mundo, un mundo violento.
Cuando aparecen en las expresiones de los jóvenes "poco" o "paco" o "drogón", están remitiendo al mundo de la droga tan cercano, sin distinción, sea al pegamento o a una chica que muestra un "porro" en una mano, cuando va a la playa de Punta del Este y no tiene más que 16 años. Entonces, el lenguaje nos está remitiendo al mundo en el que el joven vive.
También al mundo de la corrupción. Uno dice, por ejemplo, cómo se instala la palabra "pituto" que está remitiendo a un crimen no resuelto. Inmediatamente, está remitiendo al caso García Belsunce, por ejemplo.
Los chicos van tomando y creando palabras para nombrar ese mundo en el que están insertos y que es distinto al del adulto. Que es económico (algunos hablan con un lenguaje empobrecido) y esto es así, si uno lo compara con la norma o el lenguaje estándar que es la lengua oficial de un país.
Podemos decir, entonces, que se comunican a su manera en el mundo en que viven, con un lenguaje distinto al del adulto sobre todo del escolarizado, por ejemplo del docente, que toma esto con preocupación. Inquietud que más por lo que dicen, es por lo a que remite.
-Escuchándola parecería que la sociedad no atendiera a los jóvenes; que no hubiera padres que estén mirando qué hacen sus hijos o que no les hicieran concesiones sobre sus deseos cuando ya sabemos que son ellos los que más consumen. No todos los adolescentes están excluidos, ni participan del mundo de la droga y, sin embargo, su lenguaje es cada vez más pobre, hay menos nivel de expresión.
-No sé si es más pobre, creo que es distinto y esa diferencia, dada la heterogeneidad de la lengua, tiene que ver con lo que los estudiosos, los sociolingüistas, llaman los "cronolectos". El cronolecto es el modo propio de hablar de determinada edad y también de determinada pertenencia social que sería lo sociolectal. El joven habla como joven y esa diferencia tiene que ver con el mundo del adulto.
Si hablamos de pobre, tenemos que ver qué es lo rico, qué es un lenguaje rico, que es otra cosa a decir que sea un lenguaje adecuado a situaciones reales de uso. ¿Hay pobreza? ¿Hay escasez? Hay un lenguaje distinto, económico, breve. La escritura del chat es una escritura breve para ganar tiempo, en la que establece una comunicación con su propio sector y por la que resulta más difícil poder hacerlo con los otros: ¿se pueden comunicar con el profesor? ¿Con el maestro? ¿Pueden contar lo que les pasa?
-¿No considera que esta economía de palabras está limitando también el pensamiento? Cuando se debe expresar un pensamiento lo hace con argumentaciones, con citas, con datos que revelen que uno estudió el tema o con la propia valoración de los hechos. ¿Actualmente, los jóvenes lo hacen?
-Lo hacen a su manera y si lo hacen menos es porque, a su vez, son menos las oportunidades que el mundo adulto les da. Insisto con esto.
Cuando tienen la oportunidad o el lugar para hacerlo y el adulto actúa considerándolo un interlocutor válido que merece ser escuchado porque tiene algo para decir y así poder interpretarlo. Cuando estas condiciones se dan, los resultados también se obtienen. No hay diferencia entre niveles sociales o lugares en donde estén ubicadas las escuelas.
Creo que uno de los problemas más serios es cuando nosotros además de decir: "no saben hablar", "hablan poco", no nos interrogamos si les damos la posibilidad para que ellos argumenten.
Hace unos años, una persona vinculada al Juzgado de Menores contaba cómo los chicos se defienden a partir de que les imputan un delito, a lo mejor menor, que cometieron. De su capacidad argumentativa a la hora de defenderse, de su capacidad para armar una mentira y sostenerla. Y estamos hablando de un mundo de delito y de marginalidad. Si puede eso, por qué no va a poder lo otro.
En tanto, en otro orden de cosas, si un chico puede chatear con una eficiencia tremenda de economía, si puede estar conectado a una cantidad de gente a la vez en el chat (lo que para mí es muy difícil de hacer), pero él se conecta con siete a la vez y sigue el hilo de lo que está hablando con los otros. Si puede hacer eso que es tan complejo, debemos preguntarnos por qué no va a hablar en el aula, por qué no va a poder sostener un argumento. Tal vez porque no se le enseñó o porque no se le ha dado la oportunidad.
- ¿Cómo observa que el joven pueda dar el salto cualitativo necesario para ingresar a la universidad o en una empresa, donde hay un mundo de relaciones que no podrá ignorar y de gente con la que deberá comunicarse?
- Hay que diferenciar dos cosas: la lengua materna, la lengua propia y la marca propia de la edad del chico, es decir su lengua heterogénea y distinta, de lo que es la lengua estándar, la que nos permite comunicarnos a todos.
Estoy convencida de que superar ese salto sólo se logra con buenos intercambios lingüísticos en la escuela y con docentes que, sin dejar dejar de respetar su forma de expresarse, no lo dejan allí.
El salto de pasar de esa lengua materna marcada a una lengua estándar implica una fuerte educación lingüística -que no es sólo enseñar Lengua sino que nos comprende a todos, demos la materia que demos-; a manejar el propio discurso disciplinario, a demorarse en la clase sin dar tanto contenido para ver si el chico está entendiendo lo que uno está proponiendo. No dar por supuesto que entiende todas las palabras.
Ocurren cosas insólitas en las aulas: alumnos de colegios privados confesionales, que en el segundo año de Polimodal no conocían el significado de la palabra "orbe". Uno se pregunta, ¿cómo nunca oyó la palabra "orbe"? Decimos que "el Papa Juan Pablo II visitó casi todos los países del orbe" y el chico pregunta qué significa la palabra. Esto no se resuelve con la queja errante sino que allí es donde tiene que entrar el docente y no es perder tiempo explicar un término o miles de términos de un texto a un alumno, en cualquier materia y no sólo en Lengua.
Cuando se piensa que es responsabilidad de los profesores de Lengua que los chicos hablen y escriban bien, el problema nunca se va a resolver, porque los jóvenes escriben en todas las materias y piensan en todas las materias.
Entonces, habría que preguntarse cómo los están educando lingüísticamente los profesores que no son de Lengua.
- Si tomamos el lenguaje de los chicos de hoy como un metalenguaje, ¿qué opina que nos quieren decir a los adultos?
- En ese metalenguaje, depende de dónde se mire, creo que quieren decir muchas cosas. Se le preguntó también a María del Rosario Solhaune y ella contestaba que había que mirar a lo que tiene de común y no de diferente, es decir, no condenar lo distinto sino tomar lo que hay de común para poder compartir.
Creo que quieren decir que viven en un mundo que es así, que se nombra de esta manera.
También que los ayudemos a saltar esas barreras porque a la larga, si no entran al mundo de la cultura letrada -que es entender que viven en un mundo que está atravesado por la lengua escrita, por los textos orales y escritos y donde es necesario manejar muchos idiomas-, saben que no podrán seguir.
Si no los ayudamos a entrar a ese mundo de la cultura letrada, lo que estamos haciendo es dejarlos afuera, excluyéndolos del ingreso a la universidad o del ingreso al mundo del trabajo. Si no pueden llenar una solicitud o entender un memo o informe que deban leer, interpretar o producir, quedarán afuera.
Creo, entonces, que están pidiendo a su manera no sólo esta crítica (ya que me criticás, decime cómo) y tampoco si es correcto o incorrecto, adecuado o inadecuado a una situación comunicativa sino que les enseñemos que no van a poder hablar así con un gerente o con un compañero de trabajo.
Teresa Pandolfo