Apareció la garra y el corazón
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Marcelo Romano[email protected]
La gente se fue feliz, abrazada a un sueño recurrente que en este inicio de 2006 parece finalmente querer iluminar el horizonte destinado a los elegidos. El equipo no jugó bien, tuvo un opaco rendimiento de sus volantes y no encontró durante la mayor parte del partido alternativas al cerrojo de la visita. Ganó por apenas un gol, cuando faltaban menos de diez minutos, y sufrió hasta el mismo epílogo por la amenaza del empate. Pero el hincha se retiró regalando sonrisas y desbordado en esperanzas. �Cómo se explica esto?
Es que Colón le demostró ayer que es un equipo con fundamentos. Porque no sólo de jugar bien se trata la cuestión, sino que a veces, cuando el balón es esquivo a los designios propios o no están en un día inspirado los encargados de hacerlo rodar contra el piso, es necesario que aparezcan otras cualidades, vinculadas con el temperamento, que son necesarias en cualquier plantel que aspire a objetivos importantes. Y Colón ayer dejó totalmente en claro justamente eso: tiene actitud y coraje para arriesgar e ir al frente, aun cuando las cosas no salen de la forma esperada.
Los primeros quince minutos del "sabalero" fueron una continuación de lo que se vio contra Gimnasia de La Plata y Racing. El rojinegro marcó un claro dominio en el trámite, se adueñó del balón, mostró una notoria diferencia de velocidad con respecto a su rival, destacó su paciencia para lastimar lentamente y contó con posibilidades frente al arco de Ramírez. Pero careció de efectividad, porque una conquista en ese lapso era justicia y quizás habría abierto el desarrollo del encuentro para otra realidad.
Lo que pasó después marcó el resto del trámite. Colón se pinchó y el mediocampo perdió no sólo la pelota, sino también la precisión para imponerse ante el rival. Ése fue el sector clave en la contienda, porque Giovanny Hernández se perdió en la marca contraria y nunca pudo erigirse en el centro de las acciones; Zurita se alejó de las acciones de ofensiva; y Capurrro, aunque fue de los tres el que más buscó, mostró una imprecisión notable en el manejo del balón. Si a esto se le suma que los laterales estuvieron contenidos, la falta de sorpresa fue determinante para las aspiraciones del local.
Fue, entonces, de a poco creciendo Quilmes, principalmente a merced del retroceso rojinegro, se hizo sólido en sus líneas y emparejó el trámite, que cayó en un pozo, acorde a las pretensiones del visitante.
Después de un arranque del complemento donde por dos veces Turdó estuvo a punto de quebrar el marcador, el partido volvió a sumirse en la opaca historia de la mayor parte del primer período. Hasta que un giro compartido por el técnico y los jugadores volvieron a inclinar, pero ahora de una manera distinta, la balanza de las acciones a favor del rojinegro.
Por un lado, Bauza acertó con los cambios, puesto que la entrada de Cángele volcó la ofensiva local a la izquierda, donde Vargas era el jugador más decidido y desequilibrante, y después, con el ingreso de Merlo, se recuperó en parte la movilidad del enganche que Giovanny dejó en los vestuarios esta vez.
Así, con los delanteros que levantaron la bandera del empeño y la garra, Colón se fue en busca del resultado. Es verdad que no derrochó las virtudes de juego asociado y rotación que lastimaron a sus anteriores rivales, pero ante la imprecisión general fue determinante la actitud y la decisión que mostraron los jugadores, que con esas cualidades convencieron a la gente para que contagien con su aliento y presionen a una defensa quilmeña bien cerrada y sólida.
No alcanzaron los múltiples centros, capitalizados en su mayoría por Germán Denis, para que la quieta red se inflara finalmente. Debió aparecer el ídolo, que en una maniobra individual puso su sello goleador en la puerta del área y rompió el maleficio que parecía sellado.
Fue el punto de inflexión. A partir de ahí, Colón se paró bien en la cancha, aguantó con méritos el resultado, jugando lejos de su arco, y se fue ovacionado del terreno.
De esta manera, se consolidó una relación con su público que nació en la última parte del campeonato anterior y que está creciendo a pasos de gigante en este Clausura. El sueño del hincha tiene un sólo destino, relegado una temporada tras otra. En virtud de lo que mostraron los últimos campeones del fútbol argentino y de lo que Colón hizo hasta el momento, y teniendo en cuenta que la historia de este torneo recién comienza, no es una utopía vislumbrar el tan ansiado final feliz.
Colón: Tombolini; Chitzoff, Lussenhoff, Píccoli y Vargas; Capurro, Romagnoli y Zurita; Hernández; Fuertes y Denis. A.S.: De Olivera. Estuvieron en el banco: Crosa, Tavio y Martínez.
DT: Edgardo Bauza.
Quilmes: Ramírez; Serrizuela, Capria, Desábato y Barzola; Chatruc, Pietravallo y Esteban González; Caneo; Carrario y Turdó. A.S.: Bernacchia. Estuvieron en el banco: Alessandria, González y Peñalba.
DT: Osvaldo Sosa.
Gol: en el segundo tiempo, a los 36 min. Fuertes (C).
Cambios: en el segundo tiempo, a los 15 min. Cángele por Capurro (C), a los 25 min. Merlo por Hernández (C), a los 28 min. Torres por Turdó (Q), a los 38 min. Medina por Serrizuela (Q), a los 43 min. Risso por Pietravallo (Q) y a los 45 min. Ramírez por Denis (C).
Amonestados en Colón: Zurita, Romagnoli y Fuertes.
Cancha: Colón.
Árbitro: Saúl Laverni.