ANALISIS
El valor de un golazo
Por Juan Carlos Haberkon

Un formidable derechazo de Esteban "Bichi" Fuertes le permitió a Colón recuperar la sonrisa, esa que se borró hace cuatro días cuando Lunatti le daba un penal inexistente al "Cholo" Simeone que se había tirado a la pileta para que le juez "comprara" y el partido finalizara con el resultado igualado. Esa definición, la de ayer en el estadio del barrio Centenario ante los cerveceros, en un partido de poca inspiración frente a los arcos, y el reconocido despliegue del goleador sabalero fue el argumento que decidió el resultado a favor de los colonistas.

Conocer de memoria su teoría y sus fundamentos es una de las características de este goleador de raza que siempre se las ingenia para abrir los arcos con la llave adecuada.

Sabe lo que quiere dentro de una cancha de fútbol, y eso no es poco, aunque el equipo, como en la tarde de ayer, deje flotando la sensación de que no ofrece todo lo que puede, como por ejemplo, una dosis más generosa de audacia ante un Quilmes bastante limitado y que sólo llegó para defenderse y proponer de contra algo de lo poco que sabe.

Los números le dan positivo a Fuertes desde que viste la camiseta de Colón. El goleador siempre se da maña para estar en boca de todo el pueblo sabalero, antes durante y después de cada partido de fútbol.

En el nombre del gol.Habitualmente está ahí, en donde están los goleadores. Para aparecer, como un fantasma, después de varios minutos sin entrar claramente en juego, y convertir. Parece que cualquier rebote es suyo. Llega siempre primero imponiendo presencia, fuerza y entrega. También aprovecha muy bien las pelotas que pasan por los pies de Hernández, el habilidoso del equipo de Bauza.Así, con la genialidad y mostrando un desequilibrio abrió la cuenta en un partido que iba camino a la igualdad. Pero también llega a la carrera, gana en velocidad y propone un cuerpo a cuerpo que así siempre gana. Ése es el "Bichi" Fuertes. Toca de primera ante la salida de los arqueros o los fusila de media y larga distancia, según dispone. Y con trazo fino le cambia el recorrido a la pelota, y además exhibe su potencia para pegarle fuerte, como lo hizo ayer ante Quilmes y ante la atenta mirada del mundo sabalero. Es cierto, su disparo fue mortal y la revolcada de Ramírez no sirvió de nada. El desahogo llegó cerca del final y el grito se hizo sentir. Hubo fiesta en el Centenario después del gol, y la misma se prolongó durante mucho tiempo por las calles de la ciudad. El hincha, ese que sabe de sufrimiento, ayer se dio un respiro y disfrutó una vez más de las genialidades del un goleador de raza, de un jugador que quedará grabado en el corazón de cada sabalero. Salud y cerveza para el pueblo rojinegro que supo, sabe y sabrá disfrutar de un ídolo inolvidable...