Marcelo Romano[email protected]
En los momentos complicados es cuando más se necesita la presencia de aquellos que no están en el campo de juego, pero que con su aliento sin dudas levantan el espíritu de sus eventuales héroes y aminoran las fuerzas de los circunstanciales enemigos. Es que el aliento del público puede ser un factor decisivo en algunos partidos que se dan cerrados en cuanto a su trámite y sin variantes para vulnerar un sólido esquema rival.
Eso pasó ayer en el estadio del barrio Centenario. Colón, con limitaciones en su juego, no podía vulnerar a un Quilmes que había hecho negocio hace rato y se agrupaba bien en el fondo. Y ahí apareció entonces el grito de batalla del hincha. Su amor por los colores, el sufrimiento relegado a pesar de la recurrencia, y el sueño perseguido con empeño dieron paso al frenético rugir de las tribunas, que puso en el ánimo de los jugadores la actitud necesaria para levantar el coraje que devino en el premio del triunfo.
Ayer se vio una muestra notable más de esa insignia que caracteriza a la historia del pueblo "sabalero": la pasión que rompe barreras, que viene del barro de un pueblo relegado cuya única alegría muchas veces está en lo que le regala su club durante noventa minutos.
Por eso, en la victoria ante Quilmes pueden estar cifrada muchas más cosas que tan sólo tres puntos. En el flamear de brazos y la disfonía de voces de la gente; en las sonrisas compartidas luego del tesón y el esfuerzo de los jugadores; en la seriedad y crítica a conciencia del técnico; pueden estar las pautas que abriguen un final distinto.
En principio, ese devenir sólo lo resolverá el tiempo, pero lo concreto es que en la tarde del sábado santafesino se pudo conocer el nacimiento de un nuevo y fresco amor: el del hincha con su equipo. Colón jugó fiel a su historia, con garra más allá del fútbol, y el público se lo supo reconocer con aplausos.
Esteban Fuertes llegó ayer a la quinta amarilla, por lo que no estará disponible para el próximo partido, que será en Rosario ante Tiro Federal, donde seguramente concurrirá una impresionante cantidad de hinchas "sabaleros".
Sin embargo, con esto el "Bichi" se aseguró su participación para el encuentro siguiente, que es nada menos que frente al River Plate de Daniel Passarella en el Brigadier López.
Ayer fue un anochecer redondo para la gente que asistió a ver al equipo de Bauza. Sin embargo, algunos hinchas quedaron agolpados contra el portón principal de acceso a la tribuna que mira hacia la J. J. Paso. Al final, el grupo que quedó congestionado delante del cordón policial ingresó minutos después de comenzado el partido.
Llegó el ruido. Empezó el partido ante Quilmes y el ya... �cabalero? bombo de la barra de Colón dijo presente en la popular. Objetos estridentes, banderas a puro rojo y negro, además de mucho canto para alentar.
El que no la pasó tan bien fue un simpatizante que, antes de comenzar el partido, quedó detenido por la policía. Primero lo apartaron de la fila, lo apoyaron contra un auto en el playón de estacionamiento y lo sacaron del estadio en un patrullero.
En otra peripecia de la tarde futbolera, algunos jóvenes hinchas de Colón se colgaron del alambrado de la J. J. Paso. Iban 29 minutos del primer tiempo y el juez Laverni debió parar el partido. Luego se bajaron.
Edgardo Bauza aprovechó el descanso del primer tiempo que dispuso Saúl Laverni para tratar de cambiar la pobre realidad que en ese momento mostraba su equipo. El más apuntado por el técnico fue Giovanny Hernández, que tuvo que escuchar un largo sermón. Sin embargo, el "10" estuvo lejos de su nivel y el "Patón" se cansó y decidió reemplazarlo en el complemento.