El cruce de semáforos en rojo al tope de la lista de infracciones
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Nancy Balza
Los propios vecinos de Colastiné admiten que el tema les preocupa: el tránsito por la ruta 1, alentado por el crecimiento de la población estable y la llegada de visitantes de fin de semana, se ha vuelto peligroso. Sin embargo, a bordo de los vehículos van personas y, cabe suponer, todas o la mayoría con un carné de conducir que se otorga -siguiendo con las suposiciones- tras haber demostrado que conocen las normas de tránsito. Sin embargo, desde enero hasta ahora, con más de 300 actas de infracción confeccionadas en controles conjuntos entre municipio y policía, se encontró que la mayoría (60 %) corresponden a cruces de semáforos en rojo. Entonces, tanto peligro comienza a encontrar una explicación.
En el resto de la ciudad, el panorama no varía demasiado. Durante 2005, el 25,31 por ciento de las infracciones fueron por la misma razón.
Volviendo a la ruta provincial que lleva a los distritos costeros, en enero se comenzaron a desarrollar controles conjuntos entre Municipalidad, Policía y Juzgado de Faltas provincial, y la reforma del art. 104 del Código de Faltas provincial como argumento. La norma, publicada en julio pasado por el Boletín Oficial tras su paso por Diputados y Senadores, establece duras sanciones para quienes conduzcan en forma peligrosa y en estado de ebriedad, y llega hasta la inhabilitación para conducir por 90 días (ver El dato).
El objetivo es "aplicar sanciones municipales y provinciales en operativos conjuntos", explicó el subsecretario de Control municipal Norberto Berlanga, que es lo que se comenzó a hacer en enero.
Pero además se procura incorporar a civiles en los controles, en el marco de la norma que prevé la presencia de testigos para corroborar la existencia de una infracción gravísima que amerite el retiro de la licencia de conducir. Ya se tomó contacto con instituciones y particulares, entre ellos Gabriel Cantelli (ver "Tenemos una sociedad dual").
Todo esto ocurre en una ruta provincial, pero dentro de la ciudad el panorama no es mucho mejor: el 25,31 por ciento de las infracciones labradas por la Municipalidad en 2005 fueron por cruces de semáforos en rojo. Cómodamente en el primer lugar, esta peligrosa transgresión es la más habitual pero también la que mayor atención recibe de los inspectores. Esto explica las cifras, admitió Berlanga.
Circular sin casco fue la segunda infracción más frecuente: 8,78 por ciento de las actas, girar el volante con una mano, 7,34 %, falta de licencia de conducir 6,07 %, falta de chapa patente 5,36 % y circular sin documentación 3,51 %.
Para el funcionario, las cifras son relativas: "En los operativos se hizo hincapié en estos controles" y es por eso que resultan las más frecuentes.
Sin embargo y más allá de la acción sancionatoria, consideró que "la gente tiene que tomar conciencia de cómo se maneja. Porque, en materia de tránsito, aprender de la experiencia puede ser demasiado tarde. Una infracción de tránsito puede costar la vida, así que no hay una segunda oportunidad". A la reflexión, taxativa, se suma que "no es que la gente no conozca las normas, sino que hay una intención de violarla" y, a la vez, una contradicción: "Todos piden que se apliquen sanciones de rigor pero sólo hasta que les toca a ellos".
Fuera de los bulevares la situación se vuelve cada vez más complicada, las velocidades aumentan, las manos de circulación dejan de ser respetadas y el panorama es similar a un "todo vale". Entonces, la acción de motorizados que circulan por Blas Parera -modalidad que se aplica para esa zona- se vuelve insuficiente: "Hasta que la persona no ve que están reteniendo autos y motos, no se cuida; se arriesga a que no la controlen, sin entender que más allá de la sanción hay un riesgo para la vida propia y ajena".
�Qué dice el artículo 104?
La Legislatura provincial modificó el año pasado el artículo 104 del Código de Faltas que desde entonces establece que, "el que condujere vehículo o animales en lugares poblados de un modo que importara peligro para la seguridad pública, o a velocidad superior a la permitida por las normas vigentes aplicables, sean nacionales, provinciales, municipales o comunales, o confiare su manejo a personas sin licencia de conducir, será reprimido con arresto hasta quince días y multa hasta tres jus. Si el infractor estuviere conduciendo en estado de ebriedad de acuerdo con lo establecido en las normas vigentes aplicables, la pena se agravará con arresto de hasta treinta días y multas hasta diez jus. Según la gravedad de la falta, podrá aplicarse como sanción accesoria la inhabilitación para conducir por un plazo de hasta noventa días, retirándose el carné respectivo".
"La sociedad no entiende que si nosotros no nos ponemos de acuerdo en respetar las normas, nada va a cambiar". En pocas palabras, Gabriel Cantelli resumió un pensamiento común, que cuesta llevar a la práctica. Cantelli sufrió en carne propia las consecuencias de esa falta de respeto: su hija Yésica fue atropellada en diciembre de 2004 por un vehículo que, fuera de control, subió a la vereda por donde transitaba la joven con otras amigas. A partir de entonces, inició una campaña para recolectar firmas que permitan modificar normas y volverlas más duras contra quienes transgreden las reglas que rigen para todos.
Es uno de los civilescon los que se tomó contacto para que oficien de testigos en los operativos de tránsito. Es que para poder retener el carné de conducir, en caso de comprobarse que el conductor cometió una falta grave, es necesaria la presencia de testigos.
Para Cantelli, que logró su objetivo, "levantar la voz", está claro que "tenemos una sociedad dual: por un lado exigimos y por otro lado no respetamos; decimos a nuestros hijos que respeten, pero después ven cómo el padre cruza el semáforo en rojo".
No se cree un referente, sino alguien que dice lo mismo que muchos piensan pero no pueden ser escuchados, pero se lamenta porque tenemos un "triste privilegio, como es encabezar las estadísticas de muertes por accidentes de tránsito", y reflexiona que "muchas muertes son evitables", pero para revertir esa suerte es indispensable "un compromiso social unánime".