La vuelta al mundo
Irán y los ensayos nucleares
Rogelio Alaniz

Sobre el tema de la tecnología nuclear existen deliberados malos entendidos y ambigüedades. Conviene explicarlos. Todo país que inicia investigaciones en estos campos anuncia que lo hace con fines pacíficos, aunque todos saben que más temprano que tarde concluyen con la bomba atómica. Los llamados países grandes cuentan con su respectiva tecnología nuclear, pero en nombre de la realpolitikse oponen con argumentos pacifistas a que los países chicos den ese paso.

La decisión sin duda que es injusta si se lo mira desde el punto de vista de la igualdad de derechos entre naciones, pero no lo es tanto si se atienden las exigencias de la responsabilidad o si se la juzga desde la perspectiva descarnada del poder, en donde resulta evidente que Biafra, por citar un ejemplo extremo, no puede o no está en condiciones de ejercer los mismos derechos que los Estados Unidos. Como se suele decir en estos casos: todas las naciones son iguales pero algunas lo son más que otras.

Durante la denominada "guerra fría" las relaciones entre los bloques enemigos estuvieron condicionadas por el llamado equilibrio nuclear o equilibrio del terror. La URSS y Estados Unidos disponían de sus bombas atómicas y ello permitía, paradójicamente, que los contendientes avanzaran más allá de lo previsto o, para decirlo en términos históricos, más allá de las líneas establecidas en Yalta.

A partir de 1990 ese equilibrio se rompe y se generan nuevos conflictos que ya no están signados por la contradicción capitalismo-comunismo. Los principales centros conflictivos hoy están planteados en Medio oriente, el Golfo Pérsico, y en todos los casos a los problemas religiosos y civilizatorios se les suman las cuestiones relacionadas con el petróleo.

Si los países árabes no estuvieran levantados sobre océanos de petróleo la conflictividad sería mucho más reducida. Pero la naturaleza, Dios o el Diablo dispusieron las cosas de otro modo y hoy el principal recurso energético de la humanidad está mayoritariamente en manos de culturas políticas opuestas a los Estados Unidos y a Occidente en general.

En este contexto hay que ubicar las actuales tensiones con Irán. Está claro que este país tiene derecho a desarrollar programas nucleares con fines pacíficos. Lo que sucede es que Bush será algo ignorante, como dicen sus detractores, pero no es estúpido y por lo tanto no se le escapa que los iraníes dicen una cosa para hacer después otra.

Atendiendo a las declaraciones belicistas y antisemitas hechas por el primer ministro Mahmud Ahjmadinajad, hay buenos motivos para que cualquier persona más o menos sensata se inquiete y se alarme pensando en el peligro que puede representar para la humanidad un personaje como el mencionado con una bomba atómica en la mano.

�Qué puede hacer Estados Unidos para impedir que ello ocurra? No mucho. Las sanciones en la ONU es muy difícil que prosperen ya que China y Rusia no estarían dispuestas a dar ese paso. Irán no es Irak en tiempos de Saddam Hussein. Su gobierno es mucho más legítimo y dispone de un amplio consenso que además, en este tema, es absolutamente mayoritario. Lo que nadie se anima a nombrar por descabellado y delirante es la intervención militar, pero atendiendo a lo que está sucediendo en Irak, ni al halcón yanqui más intrépido se le ocurriría por el momento pensar en esa alternativa.

�Es Ahjmanidajad la única variable de poder en Irán? No es tan seguro. El sistema político iraní tiene su particular complejidad y el primer ministro es importante pero no es el que más decide o, en todo caso, sus decisiones están mediadas por un conjunto de instituciones laicas y religiosas que no le van a permitir hacer lo que se le dé la gana.

Por otra parte, se sabe que Irán está atravesando por una aguda crisis económica, por lo que hay motivos para sospechar que muchas de las bravuconadas del primer ministro obedecen al objetivo de distraer a la opinión pública con un conflicto internacional que desvíe a los iraníes de sus verdaderos problemas sociales.

Ahjmanidejad llegó al poder prometiendo un pollo en la olla para cada paisano. La promesa está muy lejos de haberse cumplido, y por eso hay razones para pensar que el caballero será muy religioso, muy integrista, pero ninguna de esas virtudes lo exime de recurrir a las tretas de los demagogos y oportunistas de todos los tiempos, que invocan el orgullo nacional o algo parecido para disimular otro tipo de carencias políticas.

De todas maneras el problema está planteado y su resolución no es sencilla. Irán es una nación fuerte, respaldada por reservas millonarias de petróleo, a la cual no se la puede llevar por delante así nomás. De todos modos, lo que la la historia viene a confirmar, una vez más, es que el orgullo nacional y la fe religiosa suelen ser excelentes coartadas para eludir compromisos sociales y económicos.