La cuestión de las carnes de las distintas especies animales productoras o proveedoras de proteínas de alto valor biológico es, ante todo, una cuestión de alimentación humana sana y equilibrada.
Aunque también hay una tradición y costumbre muy arraigadas en la dieta de los argentinos, en todos los niveles sociales, particularmente en la pampa húmeda y todo el litoral del noreste: el asadito de "tira" de novillito de los domingos, sagrado en especial en verano.
No en balde, pocas décadas atrás, junto con Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil, llegamos a tener los consumos más altos de carne vacuna por habitante (casi 100 kg anuales) del mundo.
También la carne de vacunos criados "a pasto" solía ser más popular en Norteamérica y Europa en el siglo XIX y parte del siglo XX. (Y dejemos de lado a Asia y África, que no son nuestros paradigmas).
Pero la población argentina y del mundo creció, a veces, geométricamente, el comercio mundial se globalizó y los sectores de la población mundial con alto poder adquisitivo también se incrementaron mucho. La demanda y los precios de las carnes también aumentaron mucho, y lo seguirán haciendo.
�Qué hicieron nuestros pares, los países agropecuarios de otros lugares del mundo? Pues, lo mismo que tratan de hacer nuestros productores: incrementar la producción.
Ellos también tienen la competencia ganadería pastoril vs. agricultura. Ellos también saben que el feed-lot no ofrece el mismo sabor que el de nuestras carnes vacunas tradicionales. También saben muy bien esto los capitales nacionales y extranjeros que están o intentan invertir en grandes empresas productoras de carnes.
Y ahora vamos entrando en el quid de la cuestión:
1. Los prolegómenos de la adaptación en nuestro país ya fueron hechos:
a) Se amplió al máximo la superficie de uso agrícola, se hizo más eficaz su tecnología y batimos nuestros propios récords de producción de granos y oleaginosas.
b) Pese a ello, se conservó más o menos constante el stock ganadero vacuno, ampliando las fronteras pastoriles y con mayores insumos tecnológicos. Falta insistir en una mayor oferta productiva, con relación al número de vientres existentes.
2. Sin embargo, lo anterior no es todo ni suficiente. Debemos seguir diversificando las fuentes cárnicas de nuestra dieta, especialmente de las populares.
Quienes tengan más de 50 años de edad recordarán que en su infancia "comer pollo" era casi una exquisitez, o sucedía algunos días festivos, previa búsqueda en el campo o en el gallinero casero, con degüello y desplume en agua hirviendo incluidos. Actualmente, la industria avícola mueve millones, cubre un significativo porcentaje de nuestra dieta y exporta.
Hoy día, también, aunque con poco "bombo y platillos", se está iniciando una repetición de esa historia, pero esta vez con el cerdo. Ya es común ver carne de cerdo ofrecida casi a diario en el comercio y prácticamente en todas las poblaciones. E importantes empresas nacionales y extranjeras están (�o estaban?) gestando la instalación de grandes criaderos de alta tecnología.
�Y el pescado? �Y las especies animales no tradicionales productoras de carnes?
Es cierto: el sabor de las carnes vacunas de base pastoril es incomparable. Y, si no me creen, pregúntenles a los importadores de carne vacuna argentina de la Unión Europea, y el porqué de sus exigencias (y los precios que pagan).
"Usted dirá todo lo que quiera, pero a mí no me va a convencer de que deje mi asadito de novillito, y de `tira' en lo posible (que es más barato), por un cacho de cerdo o un pollo". Tiene razón, mi amigo, no pretendo eso.
Veamos: sólo para simplificar digamos que tenemos un stock vacuno de 50 millones de cabezas, de las que van a faena anualmente el 25 %, es decir, 12,5 millones (= 25 millones de costillares, de bajo precio y difíciles de exportar), que se vuelcan al mercado interno para el tradicional "asado de tira".
Situación A: Con retenciones o prohibiciones se desalienta o retrae la producción, el stock vacuno baja a 45 millones de cabezas y la oferta de costillares, a 22,4 millones.
Situación B: Sin retenciones se alienta e incrementa la producción. El stock sube a 55 millones y se aumenta también la oferta de costillares a 27 millones, a precios razonables.
�Quedan dudas?
Paralelamente, las carnes alternativas ocuparán la porción del mercado que les corresponde como en todos los países desarrollados, no se desalentarán los capitales que ya estaban invirtiendo y, al poco tiempo, también estaremos exportando carnes porcinas.
Y no como en la década del '90, en que íimportábamos! esas carnes del Brasil -y las producían con nuestros granos-; o del Canadá.
Lo expuesto no es un invento o un antojo de los países que evolucionaron de esa manera. Todo ello es consecuencia de un hecho biológico indiscutible: los animales domésticos monogástricos como el cerdo y las gallináceas convierten en carnes su alimento, de base granos, en un 80 %, mucho mejor y más eficientemente que los poligástricos (rumiantes) vacunos del feed-lot. Es por esta razón incontrovertible que los países que incrementan su producción de granos, aumentan también la producción y el consumo de las carnes de esos animales. No desalentemos las tendencias naturales.
Quiera Dios que Kirchner, su ministra Miceli y demás colaboradores conozcan y/o entiendan cuanto antes este tipo de planteos. Políticamente, en el mediano plazo, se están hundiendo solos y arrastrando con ellos a productores, industriales y miles de trabajadores.