El arte de las apariencias

En 1967, la película "El graduado" de Mike Nichols contaba la historia de un triángulo entre una mujer madura (Anne Bancroft) y el novio de su propia hija, un casi adolescente Dustin Hoffman. La música del film llegó a ser tanto o más famosa que la película, con letras aun más contestatarias y perdurables de los legendarios Simon y Garfunkel, entre ellas, Mrs. Robinson, que aludía al audaz, sensual e insatisfecho personaje interpretado por Bancroft.

Tal como se estila en los tiempos que corren, el guión de "Dicen por ahí..." busca su aporte de originalidad, revisitando esa historia de los sesenta, para imaginar algunas proyecciones en el presente, con la premisa de que lo que se contaba entonces no era pura ficción, sino que se inspiraba en una familia muy concreta, el "rumor real" que justifica el armazón de esta comedia, que no es secuela ni remake sino una especie de cita-homenaje sobre un film famoso.

La nueva historia se inicia cuando Sarah Huttinger (Jennifer Aniston) regresa a su ciudad natal Pasadena, en el oeste californiano, acompañada de su prometido Jeff Daly (Mark Ruffalo) para asistir a la boda de su hermana. La protagonista es una bella cronista de obituarios y bodas, al borde de los treinta, aun soltera y con muchas dudas sobre las mieles de la vida matrimonial. Ha logrado independizarse de su familia y -no muy convencida- se ha comprometido para un futuro casamiento con el bueno y paciente de su novio.

Ese fiestero reencuentro familiar servirá para una imprevista crisis de su identidad, ya que en la boda de su hermana Annie (Mena Suvari, la rubiecita adolescente de Belleza Americana) Sarah descubrirá accidentalmente que su familia es la familia Robinson de la ficción sesentista.

Luego de revisar el film y hablar con parientes cercanos, llegará a la conclusión de que las mujeres de aquel famoso triángulo fueron su madre y su abuela, creciendo la sospecha de que ella misma puede ser el fruto de ese pasado oculto. Sus crecientes dudas acerca de si su padre es realmente el hombre que se casó con su madre, la llevarán a la búsqueda de un misterioso galán, cuyo verdadero nombre obtiene de su abuela. Así Sarah hallará a Beau Burroughs (Kevin Costner), un más insulso que seductor ejecutivo maduro, absorbido por sus negocios, aunque afirma disfrutar del presente.

La serie de enredos y equívocos que se suceden a partir de ese encuentro, son el meollo de la película, que en definitiva pone a la institución matrimonial en la mira, aunque muy suavemente y lejos de la criticidad del film inspirador.

Particularmente graciosas resultan en ese sentido, las palabras de la elegante Shirley MacLaine en el brindis nupcial de su nieta menor: "La vida es corta y el matrimonio largo...", dice, animando a los invitados para que apuren una copa y hacerlo más llevadero.

Todo es agradablemente superficial en esta comedia, con planos que privilegian la belleza de una ciudad aparentemente perfecta, donde los personajes tienen una vida acomodada que les permite desplazarse en lujosos autos y aviones.

A pesar del moderado talento de los protagonistas -con excepción de las breves pero certeras intervenciones de la veterana MacLaine-; es importante notar que la película no se desploma, tiene buenos momentos y un ritmo que la salva del aburrimiento, tal vez porque la dirección está en manos de alguien que conoce el oficio, Rob Reiner, que en los ochenta dirigió "Cuando Harry conoció a Sally". Tal vez muy condicionada por arribar al clásico final feliz, encontramos una mirada crítica hacia un mundillo de chismes y superficialidades oculto por la apariencia, aunque apenas insinuado y con tanta indulgencia que hasta resulta simpático.

Rosa Gronda