En un sótano a seis metros de profundidad debajo de los jardines del Observatorio de París, unos científicos ponen a punto lo que será el reloj más preciso del mundo, con el objetivo primordial de poner en entredicho una convención que data de 40 años: la definición del segundo.
Los mejores relojes atómicos del Observatorio alcanzan una precisión inaudita: 0,0000000000000006 segundos por segundo. Dicho de otra manera, tardarían 52 millones de años para desfasarse en un segundo.
Ahora, el objetivo de las actuales investigaciones es reducir ese plazo a 32.000 millones de años.
Esto podría parecer un simple reto intelectual. ¿El tiempo no es, con mucho, la dimensión más segura de la Física moderna? Esto sería pasar por alto que el dominio del tiempo es también un tema económico.
La industria espacial, en especial, es una ávida consumidora de relojes de precisión. Los sistemas de navegación por satélite, que conocieron un auge espectacular en los últimos años, se basan en instrumentos como éstos.
La investigación de la vida de los planetas descubiertos recientemente fuera del sistema solar se apoyará en observatorios espaciales compuestos por varios satélites volando en formación con órbitas ajustadas al milímetro. Aquí también serán necesarios relojes de gran precisión.
"La principal aplicación de nuestras investigaciones seguirá siendo la navegación, cono hace cientos de años, cuando se creó el Observatorio y hacían falta cronómetros. La diferencia es que esta navegación será espacial y no marina", señala Philip Tuckey, director del departamento "sistemas de referencias Tiempo-Espacio" del Observatorio.
Uno de los principales ejes de su investigación consiste en el uso de átomos enfriados mediante láser para obtener frecuencias muy estables.
Los nuevos relojes preparados por el Observatorio se basan en una caza con láser de los átomos. Atrapados en una especie de melaza óptica, los átomos pierden su exuberancia natural y la luz absorbida durante su transición de un estadio de energía a otro puede ser medido con precisión.