CULTURA
"No quiero morir en el escenario"
Silvio Rodríguez. A punto de cumplir 60 años, el cantautor cubano empalma un proyecto tras otro. Ahora trabaja en un nuevo disco y en una película, mientras mira al pasado con la sensación de haber podido hacer mejor las cosas. textos de José Luis Paniagua.

Pasa gran parte del día en sus estudios de "Ojalá", una casa situada en el residencial barrio de Playa, en La Habana, que recibe al visitante con la imponente presencia de los discos de oro y platino acumulados en 40 años de trabajo.

Inmerso en la última etapa de "Érase que se era", un disco con el que busca ponerse al día consigo mismo a través de algunos temas de sus comienzos que se habían quedado por el camino y poner fin a una ausencia que ya se prolonga desde hace casi tres años, el cantautor Silvio Rodríguez trabaja en una película y en un homenaje a Noel Nicola, fallecido el año pasado y, como él, miembro de la Nueva Trova Cubana.

"Es un homenaje hecho por todos los músicos contemporáneos con él, no sólo de la Nueva Trova, sino de la salsa, del son, de la música llamada culta, con músicos como Chucho (Valdés), Juan Formell, Van Van...", explica Silvio, que espera que el trabajo sea una importante obra divulgativa de la "maravillosa" obra de Noel.

Paralelamente, está metido en la composición de la música de una película de animación titulada "Meñique", basada en el relato de mismo nombre del francés Edouard Laboulaye. "Es un cuento de magia donde ocurren cosas sobrenaturales, maravillosas, y hay gigantes y hay arroyos encantados, instrumentos encantados, hay ladrones a lo Robin Hood, hay de todo. Es un película que puede ser muy linda para los niños", dice, ilusionado.

"Los conciertos son insustituibles"

Lejos del escenario, dice que los conciertos "son muy especiales e insustituibles", pero no vacila al asegurar que -él por lo menos-, no puede pasarse la vida en los escenarios y que nunca estuvo muy convencido de las giras.

"Tuve etapas en que fue muy violento, algunos años fueron muy fuertes, me bajaba de aviones, cambiaba de hoteles constantemente, pero tuve lo suficiente de eso para poder decir: ya sé lo que es, no lo deseo más", afirma hoy.

Respeta y aplaude a la gente que quiere morir en el escenario, pero, aunque no la critica, asegura que tiene otra idea de cómo terminar sus días. "Yo no quiero morir en el escenario, quiero morir en mi hogar rodeado de los míos... y que me perdonen si eso no es muy aceptable", manifiesta tímidamente.

Ahora, cuando echa la vista atrás, dice que "como músico, siempre me parece que hubiera podido dar más, siempre me parece que lo mejor me falta todavía y también como autor de textos, me parece lo mismo: creo que puedo, todavía, hacer cosas mejores".

Sin embargo, no puede por menos que esbozar una sonrisa cuando oye hablar de la idea de hacer un libro, de sonetos, por ejemplo, y se burla afirmando que "son tan lindos los sonetos, los quiero tanto, que mejor no me meto".

Voces contestatarias

Silvio Rodríguez reconoce que se asombra cuando se da cuenta de lo que ha significado su música contestataria para tantas generaciones de jóvenes latinoamericanos, algunos de ellos ahora con grandes responsabilidades políticas.

"Es increíble, pero es así. Desde hace unos años me han pasado cosas con presidentes, con ministros o con guerrilleros de movimientos de liberación de un país, historias que me han contado de personas que han caído en un combate y que su seudónimo era algo que decía una canción mía, es algo que realmente te pone la piel de gallina", señala emocionado.

Dice que, además de asombrarle esa constatación de la transcendencia que han tenido sus canciones, le queda una sensación "de lo más extraña, casi de entrometimiento", y afirma que es como si uno hubiera creado "cosas de las que no era consciente".

"Un poco como dijo Fidel una vez: hemos creado una revolución más grande que nosotros mismos", define.

Habla con admiración de Fidel Castro, del que dice que "es una de las pocas personas que pueden mirar hacia atrás y decir: yo puedo haberme equivocado pero jamás he hecho una concesión y eso realmente muy pocas personas en el mundo pueden hacerlo".

"Soy muy mal diputado"

Su trabajo como miembro de la Asamblea del Poder Popular de Cuba se lo toma "como persona, no como político" y considera que siendo parlamentario contribuye a participar en la forma de pluralidad que ha adoptado su país para que "ahí esté gente de todas las características".

"Soy muy mal diputado, yo soy mejor músico que diputado y por suerte mis compañeros diputados lo sienten así también y me lo perdonan", afirma.

Sin embargo, su ojo político le permite observar que la revolución cubana "ha entrado o está entrando" en una etapa diferente por los cambios que vive Latinoamérica y la llegada al poder en la región de gente que, "por distintas causas y distintas historias y razones", se ha dado cuenta de que tienen que luchar por la integración de la región y por la soberanía.

En su opinión, "difícilmente una sola persona pueda llenar el espacio -que no va a ser nada breve- que deje Fidel Castro cuando falte", quien en agosto de este año cumple los 80. "Y digo lo de breve tratando de hacer una cita de una canción de Pablo (Milanés): `el breve espacio en que no estás'. Este no va a ser un espacio nada breve, va a ser un espacio enorme", añade.

Como analista, sostiene que para Cuba tener un único e indiscutible líder es "una circunstancia única" en su historia y "lo que ocurra después difícilmente será lo mismo". Y advierte: "cuidado con quien quiera apropiarse de esa imagen".

Silvio asegura que todos deberán tener presente el "humanismo tremendo" del líder cubano, y subraya que "en Fidel hay mucho de Marx, pero también mucho de Víctor Hugo, y los dirigentes que no sepan quién es Jean Valjean jamás van a poder tener la estatura de Fidel".

No obstante, afirma, sin ser optimista sino "realista", que ciertas conquistas sociales logradas en Cuba durante la revolución "es muy difícil que sean revertidas".

De leones vivos y muertos

Silvio confiesa que oye música de poca gente porque no tiene mucho tiempo y cuando lo hace, recurre "a la que sé que me gusta, a lo que he escuchado siempre". Pero aclara que en ese repertorio no se encuentran sus propios discos. "Es que trabajo mucho en ellos y tengo que escucharlos muchas veces mientras los estoy haciendo. Llega un momento ya en que cuando los termino es un poco como decía Heminway: `esto es león muerto"', justifica.

De todos modos, no repara en elogios hacia músicos como León Gieco, "un compositor y un intérprete extraordinario", del que destaca el "tremendo trabajo" que ha hecho con el folclore argentino y al que compara con Violeta Parra. También subraya a grupos como los mexicanos Café Tacuba y del hispano-francés Manu Chau, por su formación y su compromiso social.

"Por eso, pueden desarrollar trabajos muy creativos y son gente con una sensibilidad especial en cuanto a lo que sucede en el mundo, en cuanto a la ética, en cuanto a la música, en cuanto al contenido. Las suyas no son canciones en las que la realidad resbala, son canciones impregnadas de la realidad", define.

Celebra el surgimiento de "muchachos tremendos, extraordinarios, músicos fantásticos" en su país, aunque subraya que es muy difícil ser un experto en toda la música que se hace ahora en la isla. "Habría que dedicarse a eso porque se hace mucha música aquí", agrega.

Nuevas viejas canciones

En su nuevo disco, Silvio huye de los "artificios" y de las "modas". Ha tratado "de ser lo más honesto posible con aquel joven que hizo esas canciones", en el momento en que -según subraya-, compuso más temas de toda su vida artística.

"Siempre me quedé debiendo muchas canciones de antes", asegura, y afirma que su nuevo trabajo "es un poco para ponerme al día", no sin reconocer que "esa deuda es casi impagable, porque siempre salen y salen canciones anteriores".

Con 20 discos a sus espaldas -entre ellos, "Unicornio", "Tríptico" y "Silvio"-, el compositor nacido en San Antonio de los Baños el 29 de noviembre de 1946, cree que el resultado del nuevo disco será un "muestrario, un corolario", de la forma en que componía aquel chico al que, por encima de todas las cosas, ha tratado de serle fiel.

Aquellos amigos trovadores

LA LIBERTAD DE LA JUVENTUD

Silvio Rodríguez confiesa ya no ver con tanta frecuencia a los músicos con los quienes se formó la Nueva Trova Cubana, grupo en el que quedaron enmarcados artistas como Pablo Milanés, Amaury Pérez o Vicente Feliú. "Por las obligaciones -comenta- que fueron adquiriendo todos ellos con el paso de los años.

"Cuando éramos más jóvenes nos veíamos más a menudo, no teníamos familias de las que ocuparnos, teníamos la libertad de la juventud", dice, y agrega que con el tiempo, la gente se va metiendo en sus propias carreras personales, va teniendo familia, hijos, "se va enredando".

Conserva, sin embargo, una estrecha amistad -entre otros- con Vicente Feliú, con el pintor Roberto Fabelo y con el pianista Chucho Valdés, del que recomienda especialmente el próximo disco que aún no ha salido.