Las campañas de alfabetización de una Argentina tesonera y ansiosa de modernización, redujeron entre 1880 y 1910 a un 4 por ciento el porcentaje de analfabetismo. Surge así un lector que trasciende a aquel que para sus capacidades recién adquiridas se nutría de la prensa u otros materiales meramente informativos. "Otro sector numerosísimo del mismo público se convirtió en el receptor de un sistema literario que en sus aspectos externos no parece sino un remedo, una versión de segundo grado del sistema literario legitimado por la cultura letrada. El libro es aquí un objeto impreso de pésima factura; la novela es folletín; el poema lírico, cancionero de circunstancias; el drama, representación circense", anota Adolfo Prieto de "El discurso criollista en la formación de la Argentina moderna", editado por Siglo XXI, reimpresión del libro aparecido originariamente en 1988.
Prieto estudia los folletines de principios del siglo XX, y las características complejas del criollismo presente en tales publicaciones populares. La "red textual y deslizamientos de lecturas" que conforman Martín Fierro, Juan Moreira y Santos Vega, entre otros, en un contexto de fruición, sólo alcanzó prestigio literario cuando Leopoldo Lugones pronunció sus famosas conferencias sobre "El Payador" en el teatro Odeón, promoviendo la reivindicación estética del libro de Hernández. En ese momento, se produjo una importante separación "entre la popularidad de un personaje literario y la dignidad del texto que lo proyectaba al imaginario colectivo, entre la viciosa proliferación de las lecturas cruzadas y de las imitaciones fraudulentas y el acto privilegiado de la escritura".
El capítulo final analiza las funciones del criollismo, que a vez es afirmación de una defensa nativa y expresión de voluntad de asimilación para los inmigrantes, pauta de civilización y producto estético.