La magnitud del acontecimiento excedió notoriamente sus resultados aparentes.
Nadie puede ignorar la trascendencia institucional de la reunión de jueces realizada en Santa Fe, e incluso el carácter histórico que asume, por no tener precedentes. El temario planteado tuvo la virtud, por lo demás, de poner el eje en las cuestiones más emblemáticas que atañen al Poder Judicial, por su vigencia permanente y también por los avatares de la coyuntura. La independencia, la relación con el periodismo, la ética, la formación de los magistrados, tienen su correlato tanto en estudios académicos y charlas de pasillo, como en titulares de los diarios. Por eso, también debían estar en las discusiones desarrolladas entre las paredes del Paraninfo de la UNL.
Sin embargo, si esas discusiones estuvieron a la altura de la trascendencia de los temas involucrados, y de la representatividad e importancia de quienes las llevaron a cabo, no es algo que pueda ser evaluado con la información disponible. Al menos, no la hay en los acotados contactos con el periodismo -que no tuvo acceso a los paneles-, ni en las conclusiones, cuyos pretendidos aportes concretos no van mucho más allá de lo declarativo y formal: unos cuantos preceptos genéricos, repetidos verbalmente al pedirse más precisiones al respecto, y la creación de comisiones.
Quizás el impacto de la convocatoria, o el énfasis puesto en premisas como la relación con la sociedad, e incluso las referencias a avanzar con "más hechos y menos palabras" llevaron a alentar expectativas que estaban por encima del propósito de los organizadores. O tal vez una extremada prudencia lleva a resguardar el contenido de los debates hasta diluirlo en su traducción a las conclusiones. Lo cierto es que, en lo conceptual, el aporte a la sociedad de esta Conferencia no ha sido gravitante. Acaso sí lo sea para el fortalecimiento interno de la Justicia y, eventualmente -como se dijo-, el primer paso para que eso se vuelque en beneficio de la comunidad. Pero para saberlo, por el momento, habrá que esperar.