"A veces, los tiempos empresarios no son los tiempos políticos", dijo María Elena Biassoni con filosa certeza, sin perder ni la sonrisa ni sus dotes de buena anfitriona. Y, luego, el gobernador Obeid recogió el guante y manifestó su orgullo por comandar una provincia con firmas como Biassoni.
Es que, como muchas otras en nuestra pampa gringa, esta empresa recrea el "milagro" -que sólo es salir a trabajar todos los días y darle para adelante- de construir un imperio desde un simple taller en sólo 60 años; es cierto que nuestros "condimentados" sesenta años argentinos, llenos de quiebres y quiebras, cambios de moneda y de rumbo, tropezones, caídas, entierros...
Biassoni, como otros, da trabajo a muchas familias de la zona, tiene un genuino orgullo y sentido de pertenencia, y vuelca sus nuevos proyectos y sus ganancias también aquí.
Y pensaba en los tiempos. Pensaba en ese gringo inclinado sobre su modesta fragua en un galpón, hasta esta realidad con hoteles con cartelería en inglés y plantas fabriles modelo. Al salir al patio del nuevo salón inaugurado ayer, mirando hacia el norte -donde se emplazará el hotel-, se ve al fondo la recientemente erguida mole azul de La Ramada, la nueva fábrica de leche en polvo de Gonella. Pensé también que ahora son los tiempos del trabajo y de los emprendedores. Y que Esperanza y la provincia crecen gracias a estos esfuerzos privados.