Diseños bajo cero
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El calendario lo dice y el clima lo confirma: llegó el otoño y se acerca el invierno. Abrir el ropero es todo un desafío y elegir prendas para incorporar a él, una tarea que requiere conocer cuáles son las propuestas para así poder elegir una indumentaria práctica y moderna, acorde con estos tiempos.
Los abrigos de lana hacen furor en los próximos meses con novedades que los rescatan del pasado. Se trata de prendas suaves y cálidas, con un toque de sensualidad. Envuelven la silueta con torzadas en forma bastante anatómica y hacen juego con vestidos cortos de los mismos materiales.
Se complementan con pieles en el cuello, puños, ruedos y algunos forrados en visón. La idea es que la lana aparezca como un material duradero, bien abrigado y moderno.
Marcas internacionales como Christian Dior y Cachamel dieron un protagonismo interesante a la lana, incluso a la lana más gruesa, que dejó de utilizarse unos cuantos años.
Eso sí, cuanto más cargado esté el abrigo con detalles sobre el tejido, mejor. Algunas de las opciones más vistas son los pompones, flecos, sobretejidos, pliegues, etcétera. Incluso, se pueden agregar estas ideas a un abrigo no tan nuevo y, así, renovarlo y hacerlo ideal para este año.
Con respecto a las telas para la mujer urbana, que marca presencia por su desenvolvimiento profesional, son cachemir, boucle, crep de lana y tweed.
Aunque nadie esperó nunca verlas en las vidrieras invernales, llegaron las bermudas.
Empezó con algunos diseñadores exclusivos para convertirse en una moda extendida en todo el mundo. Las bermudas sirven para el frío también (por supuesto, con un abrigado par de medias).
Mango, por ejemplo, es una línea sumamente urbana y moderna que ha incorporado las bermudas en su colección. Se pueden llevar con jerseys de lana, tops o miniabrigos de paño.
El complemento ideal es un cinto que siga la línea innovadora de la prenda, o un lazo al tono en telas como razzo o terciopelo.
Entre lanas y telas de abrigo, se distinguen algunas prendas confeccionadas con una tela típica de épocas estivales: la gasa invadió el invierno.
En varias capas superpuestas, esta tela de fino grosor realiza juegos de vuelos en faldas y sacos, ya sea dando un detalle de terminación o bien integrando la prenda en sí, por completo.
El beneficio es que puede combinarse sin problemas con las texturas de invierno, ya que, en muchos casos, una misma prenda las combina en una especie de novedoso collage.
La adaptación que realiza esta tela se basa en los colores, puesto que viene camuflada entre los colores de la temporadas.
Como cada año, los colores de la indumentaria tienden a apagar un poco su estridencia veranil. De todas maneras, las opciones son muchas.
Los colores predominantes son el café, beige, granate, camel, terracotas, negro y rojo.
La paleta de colores es casi infinita. Por eso, depende de cada persona la capacidad de que, al momento de elegir, se piense cuáles son aquellos con los que se siente cómoda, los que destacan más la propia personalidad.
Por otra parte, un color que viene muy fuerte es el bordó. Siempre tuvo su protagonismo en las vidrieras del invierno, pero, en los próximos meses, será el más presente.
Éstas son algunas de las combinaciones que más presencia tienen en la temporada.
Son cómodos, abrigados y bien nuestros: los ponchos. Este año, como el anterior, el poncho llega como una prenda "comodín" ideal para los días de mucho frío. Se usan bastante largos, pasando la cadera, con variados estampados que llevan los colores de la tierra y, a veces, incorporan una faja pampa o una guarda similar.
Algunos traen polera incorporada y otros pueden "cerrarse" con algún pañuelo ancho o un foulard en el cuello.
A diferencia del año pasado, en el 2006 no se combina con faldas, sino que se usan con jeans o pantalones informales.
No es fácil incorporar prendas que no usamos con frecuencia. Sin embargo, algunas de ellas son dignas de reconsiderar. El sombrero es una.
En el invierno, no debemos limitarnos al gorro de lana. Hay una enorme variedad de formas y diseños que cierran conjuntos con un toque único y muy original.
Sólo hay que atreverse a innovar y llevarlo con altura, porque es un signo de distinción y elegancia de todos los tiempos.
En este año, la estrella entre todos los sombreros es el borsalino. Aunque su apariencia varonil indique lo contrario, se trata de un detalle sumamente femenino.
En tejidos ingleses resultan sumamente combinables. También vienen de terciopelo, brocados o de encaje.