Las elecciones en Italia

/// La llegada de Prodi al poder representaría un giro desde la centroderecha de Berlusconi a la centroizquierda.

La victoria de Romano Prodi sobre Silvio Berlusconi parece ser muy ajustada. La gran novedad es que quienes decidieron el resultado de los comicios fueron los votantes en el exterior, que, según las informaciones, en su gran mayoría residen en la Argentina.

Si nos atenemos a las definiciones clásicas, la llegada de Prodi al poder representaría un giro desde la centroderecha de Berlusconi a la centroizquierda. El resultado tendrá tal vez más impacto en Europa y en las relaciones con los Estados Unidos que en el orden interno. Prodi es por definición un europeísta y esto, en buen romance, quiere decir que privilegia la relación con el Viejo Mundo respecto de los compromisos con los Estados Unidos y, muy en particular, con el actual presidente George W. Bush.

En el orden interno no existen muchas posibilidades de introducir reformas profundas. En los últimos años el crecimiento de Italia ha sido mínimo, han caído la recaudación y la productividad y han crecido los conflictos sociales. Los problemas entre el norte desarrollado y el sur atrasado siguen vigentes y no se observan en el horizonte indicios de que vayan a resolverse.

La diferencia de votos entre un candidato y otro es tan mínima que podría decirse que el país está dividido por mitades; por lo cual, el ganador, una vez recuperado de los festejos, deberá sentarse a negociar la gobernabilidad con el partido de Berlusconi, ya que de otra manera no será posible llevar adelante su gestión.

A los observadores les ha llamado la atención que un candidato aparentemente tan desprestigiado y tan comprometido con episodios de corrupción como Berlusconi haya obtenido tantos votos. Esto demostraría que el populismo y los show mediáticos siguen provocando efectos en el electorado. Poco importa que Berlusconi sea uno de los hombres más ricos de Europa -su fortuna supera los 15.000 millones de dólares-, que como consecuencia de sus negocios y negociados esté procesado y que no haya sido condenado gracias a oportunas maniobras judiciales que le permitieron al imputado cambiar de jueces.

Para bien o para mal, Berlusconi sigue siendo popular y no hay razones para suponer que su carrera política haya llegado a su fin. Extrovertido, verborrágico, avasallante, el "Cavallieri" expresa con su estilo un modo de ser italiano en el que muchos ciudadanos se reconocen.

Romano Prodi está en las antípodas. Católico, devoto de la familia y el orden, se parece más a un administrador o a un severo ministro de Economía que a un político. Precisamente, estas particulares condiciones, que exasperan a los agentes publicitarios, son las que le han otorgado un aura de confiabilidad y respeto.

Prodi no es un improvisado en la política; ya ejerció el poder hace unos años. Se desempeñó con singular eficiencia en la Unión Europea y hoy representa la esperanza de muchos italianos preocupados por la caída de la productividad y el deterioro de la calidad de vida. Digamos, a modo de síntesis, que por ahora ha ganado una elección; lo más importante aún resta por hacer.