Un año de trabajo, un balance posible

En el marco del convenio interministerial suscripto entre los ministerios de Salud y de Gobierno, y la Secretaría de Estado de Derechos Humanos, nace el "Programa Salud Mental para ciudadanos detenidos o bajo medidas de seguridad", en el mes de agosto del año 2004.

Con la dirección técnica de la Dirección de Salud Mental de la provincia se inauguran los departamentos de Salud Mental, integrados por 27 psicólogos, en las unidades penitenciarias 1, 2, 3, 4 y 5, en las ciudades de Rosario, Coronda y Santa Fe.

Así es como 27 psicólogos ingresamos a las unidades penitenciarias en el mes desmayo de 2005.

En un primer momento, estuvimos abocados a acompañar a los diferentes actores de la institución en el proceso de elaboración-inscripción de lo acontecido el 11 de abril de 2005. Nos encontramos con una serie de efectos traumáticos difícilmente tramitables sin la mediación de la palabra. Los síntomas en el cuerpo, los desbordes de angustia, las alteraciones en el dormir, los terrores nocturnos, los estados de crisis subjetivas, la amenaza inminente de la muerte propia se hicieron presentes en la clínica.

En el ingreso nos encontramos con resistencias esperables al intentar instaurar una lógica diferente que va a contrapelo de la lógica penitenciaria de premios y castigos. Sobre estas resistencias que aún persisten seguimos trabajando, en un intento por lograr la accesibilidad democrática de todos los detenidos a los departamentos de Salud Mental.

Desde el inicio planteamos nuestro trabajo diferenciándonos del grupo de profesionales que integran el equipo técnico criminológico (quienes siguen la progresión de la pena), proponiendo un espacio clínico-terapéutico, partiendo de la demanda espontánea, instalando un lugar de confidenciabilidad en el recorte de un espacio y un tiempo propios.

La finalidad de los departamentos es justamente la producción de salud, entendiendo ésta como valor social. En una institución donde la subjetividad es arrasada, donde los efectos de la marginación y de la exclusión social se hacen presentes, intentamos propiciar espacios que viabilicen modos de lazo social humanizantes.

Entendemos que cada época tiene una forma particular de producir padecimientos. A la salud no la podemos definir como una forma categórica e inmutable. La salud y la enfermedad son procesos que se construyen en cada momento histórico. Es por eso que nuestra concepción de salud mental rompe con el dualismo mente-cuerpo. Para integrar las determinaciones sociales y culturales, hablamos de producción social de subjetividad. Vivimos en una sociedad donde imperan la fragmentación de lazos sociales, el aislamiento, la desligazón, la caída de los ideales. El tejido social se encuentra devastado, nos encontramos con sujetos en situación de desafiliación, pérdida de identidad social o identidades condenatorias, niveles de violencia imposibles de inscribir, subjetividades arrasadas. Esto es lo que redoblan las instituciones de encierro, la objetalización de las personas.

Nuestra propuesta

La asistencia individual: apostando a la construcción de una subjetividad, a la emergencia allí de un sujeto que pueda ponerle palabras a su malestar y leer el entramado de su historia singular. El consultorio como lugar que priva de la mirada y la escucha del panóptico, para que el sujeto pueda ponerse en relación con su padecer.

Los espacios grupales: es que desde la práctica misma fue surgiendo la posibilidad de crear espacios de producción colectiva, espacios donde la palabra cobre valor, espacios donde se pueda pensar con otros, espacios que den ocasión a la reflexión en el caos. (Taller de pre-egreso para internos que están próximos a la salida, taller abierto con grupos de internos de distintos pabellones donde abordan problemáticas como el consumo de drogas, la convivencia, la familia y otros.) Algunos internos pudieron construir un espacio propio dentro de una institución totalitaria.

La participación en los espacios culturales y recreativos ya existentes en las unidades, a partir de una concepción de la salud que integra estos aspectos entre sus condiciones de producción.

La creación de condiciones de posibilidad para articular con los actores institucionales.

Proyectar redes con organizaciones en "el afuera", en un intento por viabilizar la continuidad del trabajo con los ciudadanos detenidos, en el momento de su excarcelación.

A un año de nuestro ingreso a las cárceles, la demanda fue creciendo; la incorporación de nuevos recursos humanos se proyecta para este año. En este sentido, debido a que este dispositivo se concibe como ámbito interdisciplinario, es necesaria la incorporación de profesionales provenientes de otras disciplinas.

Creemos, como trabajadores del campo de la salud mental, que es necesario comenzar a imaginar, a pensar, a edificar un trabajo colectivo desde estos intersticios o puntos de fuga que las instituciones totalitarias dejan escapar.

Equipo de Psicólogos de los Departamentos de Salud Mental en Cárceles