Señores directores: La irracionalidad de algunos seres racionales es asombrosa. Me refiero a quienes se dicen "yo quiero a los animales" y en esa particular forma de sentir afecto incurren en algunos de estos comportamientos, confirmándose la lamentable creencia de que "hay amores que matan".
Humanos que en un irrefrenable "impulso" emotivo deciden adoptar cachorros o comprarlos, y que producidos entonces los previsibles destrozos -propios de los comportamientos de seres de corta edad-, algunas personas atacadas por enojos irreflexivos deciden regalarlos o lo que es más "cruel", abandonarlos en la vía pública. Confían en que siempre habrá otro que se hará cargo de ellos y si se mueren de frío, atropellados, hambrientos, no se afligen: "total... son animales".
Seres superiores que piensan que los animales de escalas inferiores tienen necesidades "incomprensibles" para la "inteligencia humana". Entre ellas: orinar, defecar, ante lo cual los golpean. Y qué decir sobre la de reproducción. Cuando las perras entran en celo, por ejemplo, motivados en la convicción de que se trataría de una "herejía privarlas de ser madres", deciden que de las crías se hagan cargo las asociaciones proteccionistas "total, para eso están".
La insensata pretensión de algunos seres superiores contribuye a que exijan a los animales "irracionales" conductas racionales. Entonces "¿cómo vamos a sacarlos con correas?... ¿cómo ponerles una medalla identificatoria?" Cuando los animales se asustan por detonaciones, se extravían siguiendo a otro animal, sufren accidentes: la angustia se comienza a manifestar a través de los medios de comunicación. No obstante, entiendo necesario recordarles que los animales perdidos sufren mucho más que los seres humanos que los extraviaron, tal como lo demuestra la experiencia.
Otros quieren animales "educados, inteligentes y que generen admiración social"; para eso los entrenan. Muchos de estos animales, respondiendo a pautas transmitidas, lastiman a un allegado para defender a su dueño. Ante este comportamiento, surge la paradoja humana: el castigo por "haber aprendido sin saber" que su sueño no estaba en riesgo sino que sólo se trataba de una broma...
"Amo a los animales pero que la materialización de mi afecto la construya otro". Entonces, cuando encuentran un animal accidentado o cachorros eligen a fulanita, sultanita, a la Sociedad Protectora de Animales, a Adera, delegando los problemas sin aportar ningún esfuerzo, ninguna cooperación. "Mi conciencia está tranquila, ya les avisé".
Cuando me enfrento a estas acciones humanas, preferiría que se abstengan de quererlos. Porque estoy convencida de que cuando un vínculo carece de responsabilidad, es preferible el desencuentro previo.
Cristina Noemí Cura - DNI. 12.712.789. Ciudad.
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