Por Carlos petroli - CMI Contenidos
Con mucho de casualidad, la sanción se produjo esta semana en simultáneo con el repunte de los precios internacionales del petróleo, que vuelven a situarse por encima de la barrera de 70 dólares por barril. Entre los factores se cuenta la tensa relación de Estados Unidos con Irán, el cuarto productor mundial de crudo.
La propuesta inicial del senador radical por Río Negro Luis Falcó establecía pautas de apoyo fiscal más ambiciosas para incentivar la investigación y el desarrollo de los "agrocombustibles". Antes de los cambios introducidos por los diputados, el Senado había aprobado la estabilidad fiscal por 15 años y la posibilidad de otorgarles la calidad de contribuyente liberado de IVA a quienes invirtieran en biocombustibles. Estos ítems quedaron relegados en la norma que, de todos modos, promoverá el uso de sustitutos del petróleo de origen vegetal.
En el plano fiscal, los incentivos a la producción radicarán en la amortización acelerada de activos en el impuesto a las ganancias y la devolución anticipada del IVA.
Se contempla, además, un cupo de subsidios oficiales fijados en el presupuesto y cuya distribución quedará a cargo del Gobierno.
Los incentivos estarán dirigidos a la radicación de plantas para producir biodiesel, bioetanol y biogás, que incorporarán como materia prima a la soja, colza, sorgo, papa, caña de azúcar y remolacha, entre otros productos agropecuarios.
En definitiva, la norma representa no mucho más que un primer escalón detrás del objetivo de incorporar valor agregado a los productos del agro. Y es un primer paso si se mira que otros países líderes en agricultura, como Estados Unidos o Brasil, llevan la delantera en materia de biocombustibles porque sus productores están respaldados por planes estratégicos, financiamiento y generosos subsidios. En esta materia, se sabe, las políticas locales ubicaron a la Argentina en la vereda de enfrente de otros competidores internacionales.
Con bastante menos apoyo, el sector agroalimentario local logró un grado de excelencia y competitividad al punto de ser ya un espejo para otros actores mundiales. En la carrera de los biocombustibles, sin embargo, otros llevan la delantera, aunque comienzan a despuntar importantes proyectos entre productores y empresas en el país.
Productores de la Sociedad Rural de Jesús María, que esta semana analizaron el escenario de estos productos con Claudio Molina, director de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, consideraron que uno de los objetivos estratégicos tendrá que basarse en la exportación. "Si uno mira la canasta entre los combustibles fósiles (nafta, gasoil) y la de los nuevos combustibles, en el mediano o largo plazo, el país puede aumentar la dotación de ambos, sustituirlos en el consumo doméstico de acuerdo a las necesidades y también generar divisas mediante la exportación", señaló Miguel Picat, titular de la rural jesusmariense.
Los números de hoy no favorecen tanto al biodiesel respecto del gasoil (se mencionan valores de 1,40 peso más IVA versus 1,10-1,20 si se descarga el componente impositivo). Pero hay que considerar que el precio interno del gasoil está subsidiado y los biocombustibles, además de los beneficios ambientales, permiten en el largo plazo una revalorización de la cadena de agroproductos.
Fuera de los aspectos fiscales, la norma aprobada por el Congreso fija un período de cuatro años a partir del cual todas las naftas y el gasoil que se comercialicen deberán estar mezclados con al menos un cinco por ciento de biocombustibles.
Estas mezclas en Estados Unidos ya tienen amplia difusión, en particular el etanol (producto de la molienda de maíz) con la nafta y, más recientemente, la del biodiesel (derivado de aceites vegetales) con el gasoil. Productores agropecuarios, compañías aceiteras y las mismas petroleras avizoran un avance mundial y ya han puesto fichas en proyectos concretos.