Por Federico Aguer - [email protected]
En la vida, los grandes logros suelen ser el resultado de una visión. La misma implica "ver" hacia dónde conducen los hechos del acontecer político y económico para anticiparse a los mismos y marcar la diferencia. Hace dos años, Roberto Gay vió que el problema de la carne vacuna tenía un final escrito, con un crecimiento del stock inferior al crecimiento demográfico. Y supo que la respuesta olía a cerdo.
En aquel entonces, Argentina importaba el 50 % de la carne porcina desde Brasil y Chile, siendo un país que tiene todo el potencial para la producción porcina. "Además se venía el problema de la carne roja, desde hace 2 años que venimos viendo que el crecimiento del stock ganadero era menor al crecimiento demográfico de la población y que había que generar un reemplazo", confiesa Gay.
Con respecto a la elección de esta planta, el veterinario admite que "elegimos esta planta porque tenía elementos y viejas instalaciones porcinas que se podían reconvertir. A partir de allí, el negocio cerraba con cerdos productores de carne, magros, que reemplacen a la carne de vaca. Hoy está demostrado que hay cortes -con los mismos nombres que los bovinos- que tienen menos colesterol y mejoran los ácidos grasos".
Al principio, los integrantes de la Sociedad buscaron genética española, visitaron criaderos, y arrancaron con una generación de alimentos en la planta de la escuela granja para las primeras 60 madres que llegaron. "Así empezamos la primera etapa. Comprábamos semen hasta que adquirimos los primeros machos. Ahora hemos montado el laboratorio y hacemos extracción de semen", recuerda.
Con respecto a la alimentación, el veterinario destaca que a la carne de cerdo hay que trabajarla muy fresca, buscando una línea alimentaria. Para eso, formulan núcleos y raciones, y la Pelada les prepara los alimentos. Uno para la gestación, uno para la lactancia, otro para los 12 días en adelante, otro para los 30 días y otro para la recría. Por último, un alimento para la terminación. Son 6 en total contando el alimento para los machos.
En la actualidad, el criadero cuenta con 149 madres, pese a que hubo que hacer una selección inicial. Cuenta con 5 salas de parto con 15 jaulas cada una, con piso metálico para las madres y piso plástico térmico para los lechones.
Los partos siempre son asistidos por el personal, porque, como dice Gay, "la atención del primer día del lechón es la clave del sistema de crianza".
Una vez castrados e identificados, los lechones están 21 días en el destete en corralitos de 8 a 12 animales, con piso de plástico y alimentación pelleteada de tipo star. Cuando alcanzan los 35 kg. salen a pista. Se juntan en corrales de hasta 120 animales y se los alimenta de manera permanente. Llegan hasta los 5 1/2 meses de edad en la pista en 110 kg. y salen al mercado.
"Por ahora venimos bien con los tiempos planificados. En los índices de producción, en las áreas de servicios estamos mejor de lo que pensábamos. La falta de infraestructura nos golpeó en el verano por las altas temperaturas, con muertes por encima de lo pensado, ya que la ventilación de las salas es fundamental", dice Roberto.
De ahora en más, el desafío pasa por aumentar la eficiencia en la generación del alimento, y en la etapa siguiente hacer la gestación de manera grupal, de acuerdo a las requerimientos de bienestar animal de la Unión Europea. "Buscamos gestaciones colectivas de hasta 10 madres con machos recorredores que ayuden a levantar celo, y pasando a la individual en el área de parición. Estamos llegando a 25 lechones por madre por año, es decir, 2,3 gestaciones por año, y con esos índices de producción vamos según lo planeado", admite.
El predio tiene un valor remanente, porque su cotización supera las necesidades primarias del emprendimiento. En dos años van a tener recuperada la inversión. "Si bien está pensada para cinco años, tal como está yendo y ajustando algunas cuestiones que ya tenemos identificadas, ese será el plazo", nos confía optimista.
Para Roberto Gay, las mayores amenazas están en la falta de políticas nacionales que aclaren el panorama por varios años. Porque las medidas que se toman en la carne vacuna inciden de manera directa en las carnes que vienen atrás, tales como la de pollo, el pescado y el cerdo. Todas están relacionadas a la capacidad de alimentación y de producción. "Para hacer un kilo de carne de vaca se necesitan 8 kg. de materia seca de alta conversión. Para hacer cerdo 3 kg., y para lograr uno de pollo se precisa 1,6. La relación de precios en el mercado debería tener el mismo componente. Más todas la variables que tienen que ver con lo hábitos de consumo que incluya otras alternativas proteicas". Con respecto a la proyección futura de los hábitos de consumo, Gay confía en que la cosa debe y va a cambiar. "Si creemos que siempre vamos a comer esta cantidad de carne vacuna estamos equivocados. Tenemos que permitir que todos los sistemas de proteínas y de reconversión industrial en el grano tengan prioridad. Esto genera más mano de obra e integración. Podemos tener cantidad y calidad en este tema. Tenemos que componer un modelo de generación de alimentos proteicos de base cárnica", agrega.
El mercado -además- presenta un panorama alentador en muchos sentidos. Las retenciones de grano favorecen las producciones de pollo y de cerdo, porque tienen la ventaja del 15% a favor en el grano de soja y maíz. Por eso es más negocio convertirlo en carne.
Lamentablemente hay una falta de personal capacitado, porque -como dice Gay- la gente ha perdido el hábito granjero, y es muy difícil traer a alguien de la ciudad, ya que este es un trabajo que requiere ganas y cariño.
Con respecto a la financiación, el titular de la empresa distingue que está apareciendo tímidamente. "Este es un proceso lento, y un tropezón para alguien que no pueda recomponerse financieramente, puede comprometer seriamente sus finanzas", nos dice.
Si alguna vez hay políticas claras, el consumo de carne porcina irá reemplazando al consumo de vaca. Los países de Europa no producen el alimento base, y están contaminados. "Eso presenta grandes oportunidades para nosotros.
Mientras Argentina sea un país agroproductor, siempre vamos a disponer de las materias para producir carne. Por más que quieran cambiarnos el destino, no podemos ir en contra de nuestra verdadera identidad. Esta producción no tiene techo, pero requiere un ordenamiento que no deje contaminar, y capacitar mano de obra" concluye Gay.
En definitiva, haber "visto" esta situación hace dos años posicionó a la empresa de cara a un futuro brillante y demostró -una vez más- que nuestro hombre de campo tiene la versatilidad para adaptarse a los cambios y plantearse desafíos permanentes. Y que gracias a esto, hoy una planta láctea abandonada recobró vida, gracias a la visión de un hombre y al rechinar de los cerdos.