Los carniceros mandan
Tribulaciones de la patria ganadera
Lamentablemente, nos volvemos a alejar de la vuelta a la exportación, y nos acercamos a un nuevo invento, el fideicomiso, que lo único que va a lograr es disminuir las entradas a Liniers.

Por Ignacio Iriarte - Analista del mercado ganadero

Con la crisis de la aftosa, entre mediados de 2000 y fines de 2001 el precio del novillo bajó un 29 por ciento, mientras que el precio de los seis cortes al mostrador (Indec) bajó sólo un 16 por ciento. Es el antecedente más inmediato que tenemos para estudiar cómo puede impactar el cierre de las exportaciones sobre el precio de la carne al público.

La gran diferencia con el 2000/01 es que entonces estábamos en una fuerte recesión, y ahora estamos en una etapa fuertemente expansiva de la economía, con una marcada recuperación de empleo y salarios.

Los carniceros, si los consumidores siguen convalidando estos precios, pueden apropiarse de la diferencia entre precios mayoristas de la media res en baja, y precios al mostrador estables o cayendo menos que el valor de la media res. Si sucediera esto, el acuerdo del Gobierno con la cadena de la carne (ganaderos, consignatarios, frigoríficos), estaría en manos de los carniceros.

Resolución 645

Si se baja a los 260 kilos el peso mínimo de faena, aparecería cierta cantidad de animales de 260-280 kilos que ya están engrasados, y más que probablemente el precio de la hacienda liviana bajaría. Esto facilitará el cumplimiento del acuerdo del Gobierno con la cadena cárnica al bajar los valores al mostrador de los cortes de medias reses livianas.

Una baja en el peso mínimo de faena y una eventual caída en el valor del novillito y vaquillona muy liviana perjudicarían especialmente al feedlot, que tiene hoy encerradas miles de cabezas compradas caras como invernada pesada, o recriadas con un costo más alto por kilo ganado.

Debe observarse que el de 300 kilos, con razas británicas, es un límite extremadamente difícil de traspasar; las diferencias entre los 260 y los 280 kilos son mucho menores -en grado de dificultad- que la diferencia entre los 280 y los 300 kilos. Ya con 280 kilos como límite se observa un excesivo engrasamiento de la hacienda y caídas en los rendimientos de entre el uno y el tres por ciento.

Consumo

En los Estados Unidos se consumen 43 kilos per cápita, con récord de importaciones y exportaciones, reducidas a una tercera parte por el drama de la BSE (vaca loca). En Uruguay, donde los precios de la carne al mostrador son 22 por ciento más altos que en nuestro país, el consumo también se ubica en los 42/43 kilos per cápita.

En Brasil, el consumo llega a los 37 kilos, aunque en la década del '90 la ingesta superó los 40 kilos. En Australia se consumen 37 kilos, en su mayoría de hacienda liviana.

En la Argentina se están consumiendo unos 63 kilos, y si se vuelca al consumo lo que antes se exportaba, pasaríamos a 78/79 kilos per cápita. No se toma la medida ni para favorecer el consumo, ni para proteger a los sectores de menores ingresos, ni para perjudicar a la patria ganadera; se toma esta medida para que bajen los precios de los seis cortes que toma el Indec, o sea para que no se manifieste la inflación. Un valor del IPC (índice de precios al consumidor) más alto de lo previsto le cuesta al Gobierno malhumor social, reclamos salariales más altos que "espiralan" la inflación, pérdida de imagen y además, un costo fiscal superior a los mil millones de pesos mensuales, al ajustarse por la inflación bonos por más de 35 mil millones de dólares con ajuste CER.

La patria ganadera, como corporación, es un fiasco. Sus principales dirigentes, ante el brutal mazazo de la prohibición de exportaciones, y las descalificaciones, contestan de modo pacifista: "No reaccionemos, puede ser peor". No hay lobby, ni autoridad alguna que siquiera los reciba. No tiene un diputado, ni un senador, que le responda. Los gobernadores han claudicado rápidamente, después de un impulso inicial.

Ante una disminución de sus ingresos del orden de los miles de millones de pesos, organizan pacíficos paseos con pancartas, llenos de orden y paz, lejos de un camionetazo o un piquete. Durante décadas el sector ganadero, a diferencia del financiero, del constructor de obra pública, del industrial o el de servicios públicos, confió todo al accionar del mercado. Hoy, sin mercado, luce indefenso. "�Por qué se dejan pegar de esta manera por el Gobierno?", preguntaba un analista de opinión pública en estos días. Si algún dirigente se va de boca, rápidamente procede a pedir disculpas, no sea cosa que incomode.

En Brasil, sorprendido el principal propietario de frigoríficos en una maniobra de manipulación del mercado, hizo trascender que no temía por una investigación del Congreso: "La bancada frigorífica la va a parar". No dijo la "bancada agrícola" (más de 200 diputados): dijo "la bancada frigorífica".