No es que uno se ponga pretensioso con Unión, pero cuando ocurren este tipo de situaciones, cuando se está tan cerca de ganar un partido, cuando la victoria parece que se cae de madura, la sensación de algo perdido o de lamento resulta inevitable.
Unión es un equipo que termina esta pobre temporada convencido de cuál es el camino. Trullet eligió un esquema y adaptó los jugadores. Encontró algunas respuestas convincentes. Por ejemplo, la de Gil, un jugador que entró y salió en este equipo, que no hizo lo suficiente para ganarse la confianza absoluta de los entrenadores, pero que en esta parte final del torneo -y en una posición difícil como la de carrilero con una línea de tres para defender- fue uno de los mejores, al menos si se contabilizan estos últimos dos partidos en los cuales Unión sumó cuatro puntos vitales para sostener la ilusión de la permanencia.
Trullet no debe abandonar este esquema. Y es muy difícil que lo haga, porque ya lo dijo: es su predilecto. A lo sumo, tendrá que encontrar variantes para algunos de los jugadores que se le cae por lesión o sanción. Por ejemplo, ahora no contará con Saboredo (en principio, con distensión de ligamentos en la rodilla derecha), pero volverá Pagano, que si bien no tiene el juego de Saboredo, es zurdo y conoce la función porque ya jugó allí cuando el equipo marcó con tres y Trullet lo mandó a volantear en lugar de defender.
Este esquema asegura que el equipo disponga siempre de cuatro o más jugadores para atacar. Inclusive, anoche, cuando Unión sufrió la salida de Saboredo y entró Sartor (más defensivo), el retroceso de Rosales para ocupar el carril izquierdo no le impidió que se sume a Flores, Weiner y Bazán Vera, cumpliendo con la premisa inicial de Trullet de atacar, al menos, con cuatro hombres. A ellos se sumó Gil (de muy buen segundo tiempo), quien supo ganarle las espaldas a Díaz y atacó por sorpresa por el sector derecho, siendo un problema insoluble para Ferro.
Sin dudas que nada nuevo se descubre si se dice que Cavallo es un jugador importante. Mete, lucha y es un abanderado vital para un momento de urgencias y presiones como el que vive Unión. Ni Cavallo, ni Gil son hallazgos de Trullet, pero sí lo es Marcos Flores en la posición en la que juega. Es que el pibe, de algunas tibias apariciones en otros momentos, ahora parece un jugador confiado y convencido. El hecho de tirarse atrás y de no tener la obligación de esperar que la pelota le llegue, sino de buscarla para ser él quien la lleve, no hizo más que descubrirlo en aquellas aptitudes que no parecían muy claras cuando se lo ponía de punta neto.
Sin dudas que Marcos Flores hubiese sido la gran figura de Unión si al final del partido convertía en aquella brillante jugada en la que con un gesto técnico notable hizo pasar la pelota de un pie al otro para dejar dos rivales en el camino y rematar en forma rasante pero desviada.
Insisto en la idea: no es que uno se ponga pretensioso a esta altura con Unión. Pero la realidad marca que se pudo ganar. Y que si el empate no se veía con malos ojos al comenzar el partido, no conforma ahora, con el hecho consumado pero observando los merecimientos que hizo Unión para ganar. ¿O acaso no se puede pensar así cuando un equipo cuenta con siete jugadores propicias de gol contra una sola del rival?. Y esto fue lo que ocurrió anoche entre este Unión lleno de urgencias y presiones y el Ferro de la juventud y las ganas. Los dos con muchas penas y poca gloria. Quizás añorando épocas pasadas, de mucha y buena historia (sobre todo Ferro) en el fútbol grande de AFA.
Enrique Cruz (h)(Enviado Especial a Buenos Aires)