Las definitorias declaraciones de ayer del presidente Tabaré Vázquez instalaron un punto sin retorno en el prolongado conflicto por la radicación de las papeleras: la imposibilidad de resolver el diferendo a nivel bilateral, como lo pretendía Argentina; o regional (el Mercosur), tal la aspiración de Uruguay.
Será, por tanto, en el máximo tribunal internacional de La Haya donde recalará el conflicto, que a estas alturas se perfila para sentar un precedente de gravedad en la relación histórica con Uruguay. Se convertirá en el primero que Argentina planteará ante la Corte mundial.
Por supuesto, la presentación del caso en La Haya no cierra la posibilidad de reintentar una vuelta a intentos de negociación bilateral. Pero hoy por hoy se vislumbra como un imposible porque tanto de un lado como del otro del Río de la Plata se llegó a límites que parecían inimaginables; y en cualquier caso, tanto Tabaré como Néstor Kirchner tendrían que pagar un considerable precio político interno.
De otro modo, por ejemplo, no se entendería la presencia de Kirchner el viernes 5, en simultáneo con la presentación ante La Haya, en un acto en el simbólico puente Gualeguaychú-Fray Bentos para erigirse como el adalid de la defensa del medio ambiente de argentinos y uruguayos por igual. Tampoco podrían comprenderse reacciones como la de Tabaré ayer cuando cuestionó ese papel que pretende jugar el argentino a partir del funcionamiento, en condiciones seguramente más contaminantes que las que tendrán Botnia y Ence, de fábricas de celulosa en nuestro país.
Otro costado del conflicto, el que tiene que ver con su impacto en el Mercosur, todavía está por verse. Tabaré parece haberle bajado decibeles a la posibilidad de avanzar en una conversación sobre libre comercio con Estados Unidos en su visita de la semana próxima a Washington. Pero de suceder así, Argentina y Brasil no podrán dejar pasar la crisis de las últimas semanas, con cuestionamientos también desde Paraguay, al modo en que los socios mayores acostumbran resolver las contradicciones, a todas luces evidentes, de un Mercosur que -por culpa del conflicto por las papeleras- transcurrió sin pena ni gloria sus 15 años de existencia, el 27 de marzo pasado.