Dibujos animados: China busca un lugar entre Disney y el "animé"
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China, el mercado que se disputan las multinacionales de la animación infantil, celebra 80 años de dibujos animados nacionales soñando con vender al mundo sus producciones en un futuro próximo. "Niño Rojo", que cuenta la historia reciente del régimen comunista, o "La Escuadra del Ping Pong", una serie similar a la japonesa "Oliver y Benji" pero ambientada en el mundo del tenis de mesa, son algunos de los productos más llamativos de la nueva animación china, claramente influida por el "animé" japonés.
Los artistas chinos aseguran que la influencia nipona es natural y aseguran que, de hecho, el estilo del "animé" y el cómic japonés es originario de China. No en vano, la primera obra de dibujos animados china se produjo en 1926, 30 años antes de la explosión del "animé" japonés: llevaba por nombre "Caos en el Estudio" y tenía la firma de los hermanos Wansi, que poseían un estudio de cine en Shanghai.
Los dibujos animados actuales en China toman principalmente sus historias de las leyendas tradicionales y el kung-fu, aprovechando el éxito de películas como "Héroe" o "Tigre y Dragón".
Para disgusto de los chinos, la productora japonesa Toei ya vendió al mundo en los años 90 la historia épica más célebre de la tradición china (la leyenda del Rey Mono), adaptándola en la célebre serie Dragon Ball.
En la feria de Hangzhou, se mezcla el optimismo de las grandes empresas de animación china, que ya han iniciado operaciones en el extranjero, con la cautela de las pequeñas productoras, que aseguran que el mercado nacional aún no está muy desarrollado.
"Ya estamos entrando en Europa, y nuestras series se venden ya en Estados Unidos", comentó a EFE Wang Wei, director general de la compañía "Lan Mao" ("Gato Azul"), la mayor del sector en China y que ha convertido a su felino personaje en una imagen tan conocida en Asia como "Mickey Mouse" o "Bugs Bunny".
Según Wang, el secreto del éxito en el mundo de la animación es el "merchandising" asociado: "La emisión de dibujos en la televisión nos hace perder dinero, pero conlleva a que los personajes sean conocidos para luego vender nuestra licencia a fabricantes de juguetes", explicó. El Gato Azul tiene así 6 mil empresas como clientes y ya está preparando la construcción de un parque temático al estilo de Disneylandia en la ciudad de Changsha.
"Si la experiencia tiene éxito, se puede pensar en llevar parques a otros países", aseguró Wang, quien afirma que su empresa, con 800 millones de euros de beneficios anuales, es ya la más grande de Asia, por encima de Toei o Ghibli (estudio que ganó un Oscar por "El viaje de Chihiro").
No todas las empresas chinas son tan optimistas, como demuestra Lao Xuxiang, de la productora Zhejiang Zhongnan. "Prácticamente, todas las productoras chinas pierden dinero, o dependen de las ayudas gubernamentales", asegura, y revela que las autoridades les dan una subvención de 100 euros por minuto emitido en la televisión nacional.
Según otro empresario, Yan Yongjin (de Suzhou Heaven Cartoon) el hecho de que los padres de los niños chinos actuales no vieron dibujos durante su infancia (muchos vivieron el aislamiento de la Revolución Cultural) hace que el mercado esté aún muy verde.
"Cuando los niños que ahora tienen 10 años crezcan y tengan poder adquisitivo, será más fácil que compren productos relacionados con las series de su infancia", reconoció Yan, cuya productora acaba de lanzar una serie de humor protagonizada por una niña que se enfrenta ella sola a los soldados del Partido Nacionalista Kuomintang.
En este negocio, donde la animación digital gana terreno, cada vez hay menos espacio para los dibujantes chinos, pero éstos también existen, y critican la mala situación en la que trabajan, con sueldos que habitualmente no superan los 200 euros mensuales.
"Necesitamos que nos den más oportunidades para usar la imaginación, y que los salarios sean mejores, para que la animación china pueda mejorar", asegura a EFE un dibujante que firma con el seudónimo "Alias All" y que actualmente trabaja en el último grito de la animación: películas a través del teléfono móvil.
EFE