Con una preciosa sonrisa en su cara rodeada de rulos, Brian llegó de la mano de una de sus hermanas. Estaba intrigado por saber quién había llegado a su casa del barrio Las Lomas y estaba hablando con su mamá Alicia, justo el día de su cumpleaños.
Brian Nicolás Gómez desconocía que sería la segunda vez que iba a salir en el diario. Su nacimiento se reflejó en nuestras páginas porque ocurrió la noche del 28 de abril de 2003, cuando su casa empezaba a llenarse con las aguas del Salado, que inundaron nuestra ciudad. Quizás cuando sea más grande comprenda que fue noticia en aquellos días porque a su mamá la tuvieron que sacar en una canoa de esa misma casa que hoy habita, ubicada a unas cuadras del Camino Viejo a Esperanza.
Alicia Gómez recordó en qué circunstancias ocurrió el nacimiento de su sexto hijo: "Cuando vino la inundación, vivíamos en esta casa. Me tuvieron que sacar en canoa hasta la avenida Blas Parera, para que me llevaran al hospital para tenerlo a Brian. Acá estaba ya todo lleno de agua. La canoa era de un pariente nuestro, que vive cerca. Desde la avenida, me llevó un hombre en una camioneta al Iturraspe", explicó.
Aseguró que "no sabíamos nada que el río estaba creciendo. Nosotros estábamos durmiendo, vimos el agua y, cuando nos levantamos, nos dimos cuenta de que ya estaba en la puerta de mi casa y estaba llegando. No pudimos hacer nada, sólo sacar alguna ropa".
En abril de 2003, Alicia tenía cinco hijos: Cristian (14 años), Sebastián (11), Yésica (10), Claudia (5) y Jaqueline (3). Ellos quedaron al cuidado de su hermana. Estando en el hospital, se enteró de que habían sido evacuados y que estaban alojados en Don Bosco, en unos galpones del Campo Universitario.
Alicia también contó que "a mi hermana y los chicos también los sacaron en canoa y, después, en un colectivo los llevaron a Don Bosco. Yo también fui ahí cuando salí del hospital y estuvimos todos juntos. Pero en Don Bosco no podíamos estar todos juntos allá y tuvimos que volver. Cuando volvimos, no había agua, pero la casa estaba toda húmeda adentro".
Y continuó: "En el galpón estuvimos casi 2 ó 3 meses porque acá no se podía entrar, estaba todo lleno de agua. Después, pudimos venir a limpiar. Era todo un desastre la casa. Nos pagaron un subsidio por la inundación y pudimos arreglarla un poco, comprar algunas cosas que nos hacían falta. Porque no me quedó nada cuando se llenó de agua la casa".
Afortunadamente, la inundación no dejó sus huellas en la salud de Brian al haber tenido que vivir sus primeros meses en un galpón, repleto de otras familias damnificadas por la creciente del Salado. "Brian nació bien y estuvo bien en el galpón. Por lo menos, hasta ahora no se me enferma y todavía no conoce un hospital", reconoció, agradecida, Alicia.
Sus hijos concurren todos los días a tomar la copa de leche que ofrece el Movimiento Los Sin Techo en su centro comunitario de Las Lomas y van a hacerse los controles de salud en el dispensario del barrio. Todos concurren a la Esc. San Martín de Porres del barrio.
Las hermanitas de Brian seguían atentamente la conversación que mantuvimos con su mamá y no tuvieron reparo en contar lo que recordaban sobre lo ocurrido tres años atrás.
"Cuando llegó la inundación, el agua estaba llegando a mi casa y a mi mamá la llevaron en canoa para tenerlo a Brian, que estaba por nacer. Nosotros nos quedamos con mi tía", relataron.
Al parecer y a pesar de que las pérdidas materiales fueron muchas en su hogar, sus recuerdos no son tan malos. "En el galpón íbamos a gimnasia, bailábamos, cantábamos y escuchábamos música. Nos pusimos contentas cuando pudimos volver a nuestra casa, aunque perdimos ropa, la cocina, la garrafa, de todo... Después, nos ayudaron y nos dieron ropa y zapatillas".
Alicia cobra un Plan Familia pero aseguró que no le alcanza para cubrir las necesidades de su familia. Por eso, solicitó la colaboración de quienes puedan ayudarla con zapatillas para su hijos, colchones y otros elementos para su casa, que pueden ser brindados a través de la escuela a la que concurren los chicos.
La familia recuperó su casa de Las Lomas y, de a poco, la normalidad de su vida tras el paso del Salado. Incluso, pudimos ver a la última integrante que se agregó al grupo, Sabrina, de un año y ocho meses, jugando de la mano de Brian. Para despedir a los visitantes, la más chiquita de la familia levantó su manito e insistentemente nos saludaba desde la puerta de su casa, dejándonos como regalo su sonrisa inocente.
A su lado estaba Brian, quien se había quedado a escuchar la conversación junto a su mamá. Un feliz cumpleaños para la ocasión, cantado por sus hermanas, fue el cierre de nuestra visita.
Mariana Rivera