Los países pobres invaden los países ricos con sus migraciones masivas, descontroladas y caóticas. El fenómeno es complejo; ¿cómo ignorar, por ejemplo, que un millón y medio de franceses residen en el exterior? ¿Cómo encuadrar a ese nuevo tipo de emigrante que surgió en Europa tras la caída del muro, el "trabajador transfronterizo?". La italiana Maria Pace Ottieri despliega en "Cuando has nacido no hay dónde esconderse una radiografía estremecedora de las desventuras de los miles de inmigrantes clandestinos que buscan en Italia la entrada a una nueva vida. Lo hace de la manera más ágil y conmovedora: relatándonos casos personales y sucesos puntuales.
"Si los turistas tienen sed de encontrar en lo exótico aquello que en su mundo ha sido destruido, el espacio vacío, la naturaleza, la vida esencial y comunitaria, los inmigrantes buscan en nuestro mundo todo lo que aún no tienen, los centros comerciales repletos de mercancías, el asfalto, el anonimato. Los turistas aspiran a lo extraordinario, los inmigrantes a lo ordinario".
La autora recorre las costas italianas adonde llegan los barcos atestados, los náufragos, los cadáveres, todo inmerso en una red de tráfico humano despiadado. También nos cuenta de ese otro fenómeno, el de los trabajadores que llegan a Italia del otro lado de la frontera (eslovenos y croatas, sobre todo): empleadas domésticas, albañiles, camareros, obreros. También el tráfico perverso que culmina en la prostitución.
Están los que tienen suerte y los que no. "Milán es como una tela de araña y los extranjeros las moscas que quedan atrapadas", testimonia un inmigrantes. "Hay gente que está aquí desde hace cinco años y nunca trabajó ni siquiera un día". ¿Cómo se sobrevive, entonces? De la caridad de las asociaciones civiles y religiosas.
Publicó Adriana Hidalgo.