El sheriff Will Kane se encuentra firme en medio de la polvorienta calle del pueblo. Sus labios tiemblan, sus ojos están enrojecidos y su corazón late con fuerza, está solo. Pero sabe que no puede huir, que su destino está invariablemente unido al de los cuatro villanos que le apuntan con sus armas. No entiende muy bien por qué, pero sabe que es el momento de demostrar valentía. Pocos minutos después, la tierra se teñirá con la sangre de los malos y el bueno de Kane se irá hacia el poniente junto a una hermosa muchacha, dejando atrás a ese pueblo ingrato, que lo dejó solo ante el peligro.
Es ésta una de las más inolvidables postales del cine, de aquel inolvidable western que fue conocido para la posteridad con el título "A la hora señalada". Y tal vez el secreto de la inmortalidad de este film, más allá de la dirección maestra de Fred Zinneman y la belleza de Grace Kelly, sea la sublime actuación de Gary Cooper, quien se consagró con esta obra maestra del celuloide, interpretando al sheriff Kane.
Gary Cooper, que había nacido en Montana en 1901, tuvo una carrera de más de treinta años en el cine, que lo consagró al nivel de figuras como Humphrey Bogart, Cary Grant y John Wayne. Pero Coop, quien llegó a trabajar con actrices como Marlene Dietrich y Rita Hayworth, y con los directores reconocidos de su tiempo, como Frank Capra y Howard Hawks, le aportó como pocos un aplomo y una originalidad a la actuación.
Un 13 de mayo de 1961, hace 45 años, un cáncer que padecía en silencio, con estoica resignación, se llevó su vida. Pero quedó su mito, que se reaviva cada vez que en el sheriff Kane abraza a su amada Amy, y los acordes de la mítica canción de Dimitri Tiomkin, ruegan: "No me abandones, oh mi amor, sólo sé que debo ser valiente".