Ricardo Almará
De despedidas y reencuentros
El compositor y concertista de guitarra se presentará mañana, a las 21.30, en El Retablo, Moreno 2441. Aquí, su historia de vida, su preludio y su sueño.

A sus 41 años, Ricardo Almará es compositor y concertista de guitarra. Toca este instrumento desde los nueve, cuando su padre, Hugo Héctor Almará, hizo un gran esfuerzo y le regaló la primera. En su niñez, Ricardo tomó clases en un instituto privado de calle Castelli y, según cuenta, tenía sólo doce años cuando "compré papel pentagramado y me largué a componer". El resultado no fue una canción, sino una sinfonía completa para orquesta. Lejos de ser considerado un niño prodigio, la obra fue calificada de modo deficiente por un músico que el niño admiraba. Esta negativa, sumada al fallecimiento de su padre, que se produjo meses después, llevaron a Almará a abandonar su pasión por la guitarra.

Con el devenir de los años, Ricardo se desvinculó de la música y se dedicó a la venta de libros. La guitarra siempre estuvo allí, y lo recibió en momentos de nostalgia o extrema alegría. "Volvía a tocarla sólo cuando visitaba un amigo -comenta Almará-. Podrían haber pasado años desde la última vez, pero en quince minutos tocaba tan bien como antes".

El reencuentro

Veinte años más tarde, una situación económica apremiante hizo que el músico retomara la composición para orquesta y guitarra. Un amigo pianista lo acercó al Instituto Superior de Música de la UNL, donde conoció a Néstor Ausqui, hoy, su amigo y mentor.

Ricardo se define como "autodidacta. Conozco de música, pero nunca estudié armonía, contrapunto, ni composición". Almará afirma que, hoy, la guitarra "es mi único contacto con el mundo". Su situación económica es muy precaria, por ello concurre a un comedor comunitario y sobrevive dando clases a algunos alumnos. Vive en barrio Barranquitas y, desde hace algunos años, no tiene luz. Pero esto no le impidió seguir componiendo: "En los últimos años, compuse 24 preludios en la oscuridad. Iba al patio y escribía...".

"Adiós a mi guitarra"

A comienzos del año pasado, esta situación extrema lo llevó a vender su única y tan amada posesión. "Alguien me había dicho que me compraba la guitarra si yo necesitaba venderla -relata Ricardo-. Anduve mal, y no me quedó otra". Almará debía entregarla a las ocho de la noche. Un rato antes, "la agarré y empecé a tocar unos acordes... Salió un preludio, así nomás, lo improvisé. Cuando lo terminé, no me acordaba cómo lo había hecho, sólo fragmentos. Entonces, lo volví a tocar y, al terminar, entregué el instrumento".

No volvió a ver su guitarra, pero aquella melodía de despedida se convirtió en el preludio "Adiós a mi guitarra" que hoy recorre el mundo.

En febrero y marzo pasados, el concertista y arreglador Néstor Ausqui participó en conciertos en Arezzo, en la Chiesa di San Simeone, en Monterchi, Italia, y también en París, donde presentó la obra de su amigo. "Cuando la gente se acercó a saludarme al camarín, me preguntaba quién era Ricardo Almará, el autor de la obra. Me preguntaron si la partitura estaba editada y, como no es así, dejé la copia que tenía", comentó Néstor.

En la vida de Almará, éste no fue un hecho menor. Desde este lado del mundo, dice que "siempre estuve convencido de que las cosas iban a mejorar. Pero no sabía si sucedería concretamente. Que una de mis obras esté en Europa para mí es un triunfo, como si lo hubiese tocado Beethoven. Muchos no me creían, pero está sucediendo".

Ironía y realidad

Hoy, Ricardo vive en una dualidad que define con sus propias palabras: "Tengo un amigo que se queja de quienes hablan de grandezas y le piden cigarrillos... Yo no fumo, pero, si lo hiciera, estaría en esa posición". A Almará, la ironía de su situación le sirve de autoconsuelo: "Me río de mí mismo porque estoy comiendo en un comedor comunitario y tengo que ir a Sadaic a averiguar cómo se cobran los derechos de autor en Italia... Es una sensación ambigua".

Por fortuna para Almará, todo parece indicar que, poco a poco, su realidad está cambiando. Este sábado, dará un concierto, a las 21.30, en El Retablo. El encuentro cuenta con el auspicio de Milkaut. La entrada cuesta $ 4.

Esperanzado, Ricardo asegura que el éxito de este recital es su nuevo anhelo: "Me haría muy feliz que todo salga prefecto. Como sé que eso depende de mí, estoy practicando con constancia, como corresponde a un profesional. Me gustaría que a la gente le guste y que todo salga bárbaro". Almará se anima a soñar y afirma que, "después de El Retablo, el cielo es el techo".

Florencia Arri