En Sudáfrica
La fauna salvaje, al mejor postor
El organismo encargado de la defensa del medio ambiente organiza subastas de jirafas, rinocerontes e hipopótamos. Los animales continúan su vida en predios privados que reciben a turistas de todo el mundo. Lo obtenido en el remate se utiliza para financiar proyectos ecológicos.

Por Jerome Cartillier (AFP)

En Sudáfrica, las jirafas, los rinocerontes e hipopótamos se subastan al mejor postor: la gestión de la fauna salvaje, ya sea para la caza o el ecoturismo, es una actividad económica lucrativa sometida a la ley de la oferta y la demanda.

"Los precios de los rinocerontes blancos han bajado mucho en los últimos tres años, por lo que quizá es posible hacer un buen negocio", explica Anton Deswardt, de 39 años.

Como cada año, Deswardt participa, en la reserva de Hluhluwe-Imfolozi, en la subasta organizada por Ezemvelo KZN Wildlife, organismo encargado de la protección del medio ambiente en la provincia de KwaZulu, Natal.

Este año, la cebra se vendió por un precio medio de 817 dólares; el hipopótamo, a 2.465 dólares; la jirafa, a 2.145 dólares, y el rinoceronte blanco, el animal más cotizado, a 21.430 dólares.

Las subastas en Hluhluwe-Imfolozi son las más prestigiosas de las que se organizan entre marzo y septiembre en el país y atraen a decenas de compradores.

Pero "la edad de oro" llegó a su fin.

El tasador encargado de la venta, Brandon Leer, evoca los "años del boom", entre los '80 y los '90, durante los cuales "muchos invertían en animales salvajes y levantaban vallas.

"Hace siete años, una madre rinoceronte y su pequeño tenían un precio de salida de 90.000 dólares. Ahora, se obtendrían probablemente unos 36.000 dólares", explica.

A semejanza de los que en Europa se dedican ahora al negocio vinícola, muchos sudafricanos ricos compraron tierras, reagruparon parcelas e introdujeron animales salvajes en las inmensas game-farms (granjas para el juego), que atraen a cazadores y turistas apasionados de la "vida salvaje".

Deswardt se encuentra entre ellos: hace seis años, adquirió 600 hectáreas en Limpopo (norte): "Soy un apasionado de los animales salvajes desde mi infancia, y hoy en día, se ha convertido en mi trabajo", señala.

Antes de una venta en Hluhluwe-Imfolozi, los compradores potenciales se dan una vuelta por los "bomas" (corrales) para inspeccionar a los animales, detectar un signo de nerviosismo en una jirafa o una pequeña herida en un rinoceronte blanco, el mayor mamífero terrestre después del elefante.

Otro grupo de animales disponibles "por catálogo" son capturados después de las subastas.

La venta tiene lugar en inmensas tiendas de campaña, donde se aglutinan, en un fervoroso ambiente, viejos pendencieros, parejas de jóvenes que cambiaron la oficina por la naturaleza salvaje o jubilados con ganas de iniciar una segunda carrera.

Brandon Leer conduce la subasta a un ritmo desenfrenado, con una mezcla sorprendente de inglés y africano. Durante más de tres horas, adjudica un impresionante número de animales -cebras, ñus, jirafas, hipopótamos, rinocerontes- que serán relocalizados en el país.

Además de los ingresos que supone -alrededor de 1,2 millones de dólares-, la venta constituye, según los organizadores, un instrumento de salvaguarda de las especies y de la protección del medio ambiente.

"Vendemos de lo que hay demasiado desde el punto de vista ecológico, por lo que el número de animales subastados varía cada año", según Jeff Cooke, responsable de la unidad de captura de Ezemvelo KZN Wildlife.

Para él, la bajada de los precios demuestra el "incontestable" éxito de Sudáfrica en proteger la vida salvaje, como el "renacimiento" del rinoceronte blanco, durante mucho tiempo en peligro de extinción.

"En este país, los animales salvajes tienen un valor económico y esto incita a gestionarlos, lo que contribuye a su protección", afirma Cooke.