La devoción a la Virgen del Rocío (Patrona de Andalucía) se remonta al año 1248, cuando el rey Fernando III El Santo toma Sevilla y la incorpora a la Corona de Castilla. Tras un período de repoblamiento, posterior a la conquista del reino de Niebla en 1262, se señalan los dominios. Luego, Alfonso X El Sabio -hijo de Fernando III-, reservó para la Corona como coto de caza el territorio que se extendía desde Mures (actual Villa Manrique) hasta los alrededores de las marismas del Guadalquivir.
Este rey, muy mariano, era aficionado a la caza y tenía la costumbre de levantar santuarios en honor de la Virgen María en las tierras que conquistaba. Y una de las ermitas fue levantada en La Rocina.
Esta ermita era visitada por cazadores y monteros, pero, con el tiempo, tanto la ermita como la imagen cayeron en el olvido. Tras la invasión de los benimerines y la posterior desolación de estos campos y villas pasa más de un siglo en que no aparecen noticias referentes ni a la ermita ni a la sagrada imagen.
La memoria popular la ha rescatado del olvido y fue transmitiendo de generación en generación el acontecimiento que supuso el descubrimiento de la imagen en la zona que actualmente ocupa el Santuario, así como la gran devoción que despertó.
A principios del siglo XV, Gregorio Medina, un cazador de Mures (actual Villa Manrique), encontrándose junto a sus compañeros de caza, en la zona de las Rocinas, halló en el hueco de un árbol centenario la imagen de "casi una vara de alto, hollada por las inclemencias del tiempo". De allí la sacó y, al volver a colocarla en su sitio, vio en la espalda de la talla la siguiente leyenda: "María de los Remedios me llamo".
Volvió al vecino pueblo de Almonte, a cuyo ejido municipal pertenecía aquel sitio, para dar cuenta de su hallazgo, pero, los vecinos de Villa Manrique se disputaban con los de Almonte la pertenencia de la imagen. Para solucionar el conflicto, siguiendo la costumbre de la época, juntaron dos yuntas de bueyes, unciéndolas en unas carretas y que su fuerza decidiera el sitio donde se quedaba la Virgen. Pero, como ambas yuntas quedaron igualadas, se interpretó que la Virgen deseaba quedarse en el mismo lugar donde fue encontrada. Allí se levantó una ermita y fue venerada como Nuestra Señora de las Rocinas.
En el año 1653 el pueblo de Almonte la aclama como su Patrona y le cambia el nombre de Virgen de las Rocinas por el de Virgen del Rocío. Este nuevo nombre se inspira en la Liturgia de la Misa de Pentecostés, que compara la acción del Espíritu Santo con la fecundidad del Rocío, lo que quiere significar que la Virgen del Rocío es la Virgen del Espíritu Santo, la Virgen de Pentecostés.
En la Argentina se está expandiendo la devoción a la Reina de Andalucía, la Virgen del Rocío. La provincia de Santa Fe es pionera, comenzando por Rosario, ya que sus dos Centros Andaluces celebran desde hace tiempo, anualmente y por separado, sus Misas Rocieras y respectivas Romerías, continuando por Venado Tuerto en la parroquia San José Obrero, donde funciona la primera Hermandad de la Virgen del Rocío de Sud América, y siguiendo por Santa Fe, que ya va por su cuarta Misa Rociera. En otros lugares del país, como Córdoba, Santos Lugares, Valentín Alsina, San Rafael de Mendoza, etcétera, también.
Desde hace varios años, una imagen de la Virgen del Rocío se encuentra entronizada en la cripta del Santuario Nacional de Ntra. Sra. de Luján y otra, en la Catedral de San Nicolás.
Otros nombres de la Virgen del Rocío son: Blanca Paloma, como adhesión al Espíritu Santo que se presenta en forma de paloma; Reina de las Marismas, en alusión a las Marismas del Guadalquivir que circundan el Santuario; Pastora, por ser Ella la que nos conduce al redil del Buen Pastor: Cristo Jesús.
Rafael Martín Herrera