Juan Raúl Moncada
De un buen tiempo a esta parte, el hipódromo Argentino de Palermo ha mostrado su mejor cara, ya sea en cuanto a espectáculos, comodidades y escala de premios, los que fueron siendo incrementados en una gran medida, para alcanzar cifras por demás de interesantes, tal vez impensadas hace un par de años.
El buen momento de Palermo está reflejado en que la prueba menos rentada de su calendario; para perdedores de 5 años, hasta 1.400 metros, tiene 9.000 pesos para el ganador, mientras que San Isidro ofrece 7.200 y La Plata 6.500.
Con el buen momento del Argentino, la chance de tener un potrillo, resulta mucho más accesible con una escala que arranca en los 17 mil pesos, considerando que una pensión promedio en Buenos Aires ronda los mil pesos; es decir que con que el potrillo gane una prueba -la menor rentada-, le está asegurando el mantenimiento por el período de casi un año y medio, marcando un hecho, al cual resulta muy complicado poder encontrarle alguna comparación en el tiempo.
Es verdad que la gran ayuda de los slots le ha posibilitado a Palermo dar el salto de calidad, remodelar todo el hipódromo y ofrecer a los espectadores las mejores comodidades; pero también es verdad que lo que ingresa a través de los citados slots va fehacientemente al turf, hecho que lamentablemente no sucede en la mayoría de los escenarios, sobre todo en el interior del país, donde el dinero del turf, va a cualquier lado menos al turf.
De la manera en que Palermo se maneja, además de reactivar la actividad, se genera un movimiento que beneficia no solamente a la actividad, sino que también produce una gran mano de obra. Palermo y su buen momento han desatado la gran reactivación que tiene hoy por hoy el turf nacional.
Lamentablemente, esto no llega al interior del país, debido a leyes que quedaron obsoletas en el tiempo y más que nada a falta de dirigentes, una clase que en el turf ha muerto hace ya mucho tiempo, ya que en la actualidad los directivos de Jockey Club, en general se jactan de no ser del turf, como si esto fuera bueno y en muchas ocasiones, también se declaran como detractores de la actividad, de ahí el presente de la hípica en la gran mayoría de los hipódromos de "tierra adentro".
Pese al barro, se decidió, con muy buen tino, realizar la jornada hípica programada ayer en el hipódromo Oscar C. Boero de San Francisco, donde se desarrolló en 600 metros la Polla del Haras Don Florentino, la que fue para el alazán Sunset Vt, un hijo de Rampart Road y Musical Glory que logró imponerse por dos cuerpos sobre Charrúa Son, mientras que Doctor Road y Repetiré completaron el marcador rentado.
Carlos Lucero llevó al éxito al pensionista de Juan Palavecino, que defendió las sedas del stud El Escondite de la localidad de Seeber, el cual empleó el buen registro de 36"2/5 para una pista que se encontraba entre pesada y fangosa, abonando un dividendo de fiesta de 10,50 pesos por cada uno apostado.
En el cotejo sobre 1.000 metros, asomó la figura de Johnny's Man, ejemplar que no gustó hace una semana en Las Flores, pero que, de regreso a sus pagos, se impuso con autoridad, estirando tres cuerpos sobre su medio hermano Príncipe John, mientras que Dr. Doom quedó tercero, todo en el registro de 1 minuto 4 segundos, con la monta de Edgardo Roldán y la puesta a punto de Maximiliano Reyes.
Finalmente, en 700 metros, Paris Halo, con el "maestro" Horacio Vela, se impuso sobre La Veneno y Retocado; el ejemplar de San Martín de las Escobas ganó por seis apabullantes cuerpos en 42"1/5 y causó una inmejorable impresión, respondiendo al favoritismo del público.