Kirchner y los militares

Rosendo Fraga (*)

El 95 % del personal en actividad de las Fuerzas Armadas, no lo estaba en 1983 al restablecerse la democracia.

El problema es que desde el inicio de su gestión tres años atrás, el presidente Kirchner viene teniendo una relación difícil con las Fuerzas Armadas.

Comenzó con un descabezamiento de las cúpulas militares que no pareció del todo razonable, dado que éstas se habían mantenido en absoluta subordinación al poder civil, durante la crisis socio-económica más grave de la historia, que en el plano institucional se manifestó con la sucesión de cinco presidentes en sólo diez días.

Siguió con la anulación de las llamadas "leyes del perdón" cuya convalidación reclamó públicamente a la Suprema Corte.

En este contexto, las Fuerzas Armadas parecieron ser uno de los adversarios políticos, frente al cual el presidente buscó generar la "acumulación de poder", una de cuyas manifestaciones ha sido la exitosa "Plaza del Sí" del pasado 25 de Mayo.

Los militares y la Corte "menemista" fueron los dos primeros elegidos, después siguieron la "vieja política", la dirigencia sindical tradicional, en algunas circunstancias la Iglesia Católica, el empresariado -que ha sido un adversario cambiante, ya que en varios casos ha terminado en aliado-, y el periodismo independiente ha sido otro de los blancos, sobre todo en los últimos meses.

La política exterior no ha escapado a esta regla y actitudes similares se asumieron frente al FMI, Italia por su reclamo respecto de los bonistas, el presidente de los EE.UU. en la pasada Cumbre de las Américas y ahora el Uruguay, por el conflicto de las papeleras.

En general, han sido adversarios de un momento, que después ha pasado.

Pero en el caso de las Fuerzas Armadas, aparecen como el adversario político más constante o permanente que ha elegido Kirchner. Ocuparon el primer lugar al comenzar su gobierno en mayo de 2003 y lo siguen ocupando tres años más tarde, como lo muestra su discurso y su actitud en el Día del Ejército.

El problema de los jóvenes

El mensaje mostró que el presidente sigue teniendo una visión "político-ideológica" del problema militar, centrada en las violaciones a los derechos humanos, como eje de su política de defensa, a tres décadas de los desgraciados hechos que tuvieron lugar en nuestro país.

Las Fuerzas Armadas tienen 70.000 hombres en actividad (la mitad de ellos pertenecen al Ejército) y si 6 oficiales jóvenes del Ejército participaron en un acto público sin autorización de sus superiores, ello no debería ser una situación que lleve al presidente a hacer de esta cuestión el tema central de su discurso el día que esta fuerza conmemora su día.

La actitud de estos oficiales es muy diferente a la de dos décadas atrás, cuando tuvieron lugar los motines carapintadas. Ahora, asumen una posición que ellos interpretan de homenaje a las víctimas de la guerrilla, asumiendo que pueden perder sus carreras, porque ésta es su convicción. Además, formaban parte de una unidad de elite del Ejército, que el teniente general Roberto Bendini había puesto directamente bajo su mando.

El problema de los jóvenes de las Fuerzas Armadas es que sienten, equivocados o no, que se les hace asumir culpas que ellos no tuvieron y que sólo se reconocen las violaciones a los derechos humanos del gobierno militar y no los ataques de la guerrilla a unidades militares y los muertos en este campo.

El rol del Comandante en Jefe

De acuerdo a la Constitución Nacional, el presidente es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, como no lo es del Poder Judicial ni del Congreso que son dos poderes independientes, como tampoco lo es de los factores de poder, grupos de presión, o los grupos de interés, o de los partidos políticos.

Tampoco parece razonable que el titular del Ejecutivo abandone la ceremonia en medio de su desarrollo, cuando este tipo de acto forma parte de sus funciones como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

En los últimos meses, la política militar parece enfocarse a una suerte de "castigo" de los militares. Se anuncia la disolución de los liceos militares, sin un análisis previo que lo justifique. Se presenta como "disminución" de las atribuciones de los militares una concentración de funciones en el Estado Mayor Conjunto, que realizada con los estudios previos necesarios y sin posiciones extremas, puede ser una medida conveniente. Se anuncia que será derogado el Código de Justicia Militar, pero sin analizar que tomando esta medida, nunca podrían haber sido sancionados los 6 oficiales que asistieron al acto de plaza San Martín, porque el Código Penal y el Civil no contemplan como pena el arresto militar, cuya régimen disciplinario desaparece si se elimina el código castrense.

Pero el punto más relevante es que el presidente, asumiendo el rol de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, deje de verlas como un adversario político y las asuma como un área esencial del Estado bajo su conducción, como sucede no sólo en el mundo, sino también en el resto de los países de la región.

Quizás la acertada decisión del presidente Kirchner de dar marcha atrás con la disolución de los liceos militares esté mostrando que sobre todo esto, comienza a dar un punto de inflexión.

(*) Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.