La Isla de Pascua lucha por conservar su pasado

Herederos de una cultura azotada durante siglos por las guerras tribales, los esclavistas y los aventureros, los 3.800 habitantes de la Isla de Pascua luchan para mantener su identidad en medio de miles de turistas que desembarcan cada año en ese pedazo de tierra volcánica perdido en pleno Pacífico Sur.

Los "Rapa Nui", esos insulares de mayoría indígena (un 65 por ciento de la población) están en víspera de obtener de Chile una autonomía "histórica" que desean utilizar para preservar un frágil equilibrio entre cultura y turismo.

Desde hace 30 años los arqueólogos han levantado decenas de Moai, esas grandes y austeras estatuas en piedra que vigilan la isla, mientras que las tristes llanuras de pajonales amarillos han sido sembradas de eucaliptos y palmeras, antiguamente presentes en el territorio.

Aún los ojos inquietantes de los Moai han vuelto a ser colocados. Los ojos -hechos de corales blancos y obsidiana- son un símbolo fuerte para los pascuenses, convencidos de que la mirada puede transformar a los Moai en seres vivientes.

Los habitantes, representados por el Consejo de Ancianos, encargado del patrimonio cultural, quisieran hoy en día liberarse de la burocracia de Valparaíso, el gran puerto chileno situado 3.600 km al este.

El ex presidente Patricio Aylwin propuso al Parlamento un proyecto de autonomía para facilitar el transporte de la población, frenar la inmigración procedente de Chile y estimular las iniciativas locales.

Para el alcalde de Hanga Roa, Pedro Edmunds, esta iniciativa de "autonomía especial" esperó durante 115 años y es "histórica". Mediante ella, por ejemplo, "el director del hospital no tendrá que llamar a Valparaíso para el transporte de un paciente, sino que tomará la decisión él mismo", explica.

De los 700 turistas anuales a Rapa Nui (Isla de Pascua) en los años 70 se pasó a 43.000 en 2004 y a 46.000 en 2005.

En 30 años los caminos fueron asfaltados y centenares de vehículos circulan en los 180 km2 de una isla con un moderno hospital y un instituto universitario que reemplazó al antiguo leprosario.

En cuanto a la pista del aeropuerto, fue alargada con dinero pagado por la NASA para que en caso de emergencia sirva para el aterrizaje de naves espaciales.

Para Antonio A'Hey, un viejo Rapa Nui encontrado en el mercado, "los cambios son para bien" puesto que implican "salud y dinero para todos". Pero ésa no es la opinión de una vendedora de legumbres, que denuncia una "invasión de chilenos", una proliferación de automóviles e "inmigrantes que no tienen el espíritu polinésico" de la solidaridad.

"Esto es como un pueblo pequeño, cuando hay un accidente todo el mundo se llama por teléfono para saber si no es un primo quien resultó herido", señala otro comerciante.

La cultura rapa nui sin embargo no ha desaparecido: la lengua hablada por la mitad de los habitantes es enseñada desde hace algunos años en las escuelas. Para diferenciarse, los jóvenes que lucen el moño de los primeros habitantes hablan solamente rapa nui entre ellos.

Los pascuenses se sienten a veces agredidos por ciertos proyectos de modernización de la isla, en un contexto en que los inversionistas de afuera tienen que vérselas con los habitantes, únicos propietarios de la tierra.

De hecho el peligro es palpable: para atraer el turismo de lujo, algunos hablan de la construcción de un casino, de un hotel de cinco estrellas y de un campo de golf e igualmente de la apertura del tráfico aéreo a compañías internacionales.

El turismo creció por la salida en 1994 de "Rapa Nui", un film producido por el actor estadounidense Kevin Costner que cuenta los mitos y las guerras sangrientas de las tribus antropófagas de los primeros días.

Por ahora la cultura rapa nui está protegida de la invasión por el monopolio de la aerolínea Lan Chile en la ruta Santiago-Isla de Pascua-Tahití, aún si decenas de vuelos chárter y cruceros hacen escala cada año en la isla misteriosa.

Gilles Bertin (AFP)