Artes Visuales
Rita Ceballos-Pinturas
Por Domingo Sahda

Días atrás fue abierta a consideración del público una exposición de pinturas cuya autora es Rita Ceballos, plástica santafesina de presencia constante en el medio local. Esta inauguración ha ocurrido en las salas del Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas -en sus salas actualmente habilitadas- y permanecerá abierta hasta finales del corriente mes.

A primera mirada, los óleos sobre tela firmados por la autora impactan por su potencial cromático en superficies de formato plano, medio y mayor; y contrastan marcadamente con los muros de soporte, recortándose de manera plena en su torbellino pigmentario que responden, presuntivamente a la gestualización expresiva que persigue la autora en sus denodados afanes por cristalizar su obra.

�De qué cosa nos hablan, a qué cosa refieren estas pinturas? Es la primera inquietud que se desprende ante la mirada y como proposición inicial de diálogo entre el autor -a través de su obra expuesta- y el ocasional observador de las mismas.

Las certezas se diluyen constantemente a poco de andar, pues el anhelo de la autora embargada en el proceso de elaboración se ve sobrepesado por la materialización de tintas, perfiles y texturas que imponen su presencia ocasionalmente contradictoria o formalmente indecisa.

Estas pinturas hablan de sí mismas, encapsulándose en el regocijo visual; en tanto que los intereses testimoniales emergentes de los nombres de las obras quedan supeditados a la ocasional interpretación de cada quien les adjudique tal pertinencia.

Son esencialmente pinturas de agradable visión que pueden contemporizar con el entorno sin generar conflicto alguno.

Detrás de su aparente violencia visual son pinturas carentes de conflicto ideológico o cuestionamiento socialmente virulento. Quizás ventanas para una cierta ensoñación casi romántica.

De suyo y de larga data, ya es admitido que el arte plástico no es inocente ni aséptico. Puede, y cómo no, caer en la tontería presuntuosa o la trivialidad supuestamente científica en sus desviaciones lingüísticas.

La carga intencional de ideologías y tabúes ha definido su historial desde el Renacimiento, lo que no implica en modo alguno encenagarse con imágenes de consumo masivo o de obviedad de descripciones supuestamente "realistas".

Cuando el arte se transforma en juego gratificante y exploración idónea de la materia sobre el plano, como en este caso, el lenguaje visual se desliza por aquello llamado "políticamente correcto", sin permitirse ni permitir un pequeño resquicio a través del cual sea posible atisbar y reflexionar en torno de la condición humana. El arte es un lenguaje que testimonia los aconteceres presentes, pasados e hipotéticamente futuros; y por ello se transforma indirectamente y quizás a su pesar en documento del peregrinar humano.

Ceballos se gratifica con sus desafíos visuales y multiplica su voluntaria actitud por construir un "corpus" plástico de peso conceptual. Esta actitud tiene un principio de nobleza indiscutible al margen de los resultados expuestos.

El contraste entre siluetas recortadas como "figuración" (Ej. "El hombre en el túnel de la Geo") de reducido tamaño, señalan los contrastes que prefiguran un cierto contenido explicativo, pero mixturan dos procesos de coagulación plástica antitéticos que colisionan en el marco de la totalidad de la obra. La sumatoria de opuestos enturbia la concepción plástica inicial, condicionando los efectos plásticos a los efectos de la anécdota referida.

Los tintes puros y restallantes trabajados con soltura nos hablan de que la autora posee un bagaje técnico de consideración y que vale la pena encauzar, ajustando forma y contenido, apoyándose en sus personales percepciones al margen de modas y modos de mayor o menor éxito social. Personalizar la obra significa ni más ni menos que explorar y responderse en la soledad del taller, única barca a la que vale la pena asirse.