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Poesía del continente
El próximo martes 11, a las 19, el poeta, ensayista y periodista Jorge Boccanera hablará en el auditorio de ATE sobre "Poesía y vanguardia en América Latina", como parte del Ciclo de Conferencias y Seminarios que proponen la Facultad Libre de Rosario, la UNL y ATE. A modo de anticipo, el creador de "Marimba" refiere aquí a autores del continente. textos de Revista Nosotros y Mora Cordeu.

Con una nueva "Marimba", una antología personal que viene publicando desde los 80 con el añadido de poemas y otras secciones -como letras de canciones- y la publicación en España de su libro "Servicios de Insomnio", el poeta Jorge Boccanera se refirió a una trama secreta que envuelve a la poesía latinoamericana, reflotando a nombres emblemáticos de la vanguardia de los años 20.

"Marimba' tiene esa particularidad: es un libro que se va haciendo nuevo con cosas que ya estaban y poemas inéditos. En cambio, `Servicios de insomnio' es más acotado, continúa el listado de libros publicados. Aunque ahora por primera vez en España, en la editorial Visor", cuenta Boccanera.

Con una gran curiosidad por toda la poesía, Boccanera manifiesta su interés permanente por determinados hitos de la poesía latinoamericana, especialmente los poetas de los años 20. "Es que hay muchos aspectos poco conocidos en nuestro país, donde siempre estamos reducidos o acotados a ciertos autores. Y hay una serie de escritores latinoamericanos de esa época que abren un registro diferente", subrayó el poeta.

"Por ejemplo, el nicaragüense Salomón de la Selva, que fue un poeta de esa vanguardia, es autor de `El soldado desconocido', que ilustraron los muralistas mexicanos y que después desapareció en un incendio. Un hombre de vida intensa y contradictoria que quiso ser cura y terminó como soldado en la primera guerra mundial. Ese poeta abre puertas con respecto al uso de la oralidad, incluso de la negritud, es un nombre para trabajar", destacó Boccanera, a cargo de una cátedra de poesía en la Universidad de San Martín.

Y citó a Regino Pedroso, de Cuba, en el plano de la influencia del futurismo italiano. "Un poeta que toma las banderas de ese movimiento, pero con un sentido social, además del culto a la velocidad o la máquina. Lo ve como algo relacionado a lo humano y su posible emancipación".

También está Alfredo Mario Ferreiro, un uruguayo que introduce una veta muy humorística en esa década. Escribió "El hombre que se comió un autobú", donde "aborda una de las claves de la vanguardia de entonces, que homenajeaban a la mecánica. Y al guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, que publica sus primeros libros en Europa, muy ligado a André Breton".

"Bernardo Canal Feijoo escribe en Santiago del Estero, en el año 24, un libro novedoso con dibujos de él firmado como Bernardo, nada más, que se llama `Penúltimo poema de fútbol', muy enmarcado en las innovaciones de esos años. Siempre se habla de Buenos Aires, del grupo Martín Fierro, de Oliverio Girondo, y allí en la provincia sale un libro muy importante", sostiene Boccanera.

De encuentros y desencuentros

"Yo me considero un fisgón en el buen sentido, en el sentido de vincular elementos, de buscar, de asociar, de investigar y eso aunado a viajes contínuos que hice a partir de 1976, cuando me fui del país y pude conocer personalmente a alguno de estos autores -apuntó Boccanera-. Entre ellos, el gran poeta nicaragüense José Coronel Urtecho, Xavier Abril -un amigo del peruano César Vallejo- o el cubano Zacarías Tallet, que lo daban por muerto. Él sacó un libro que se llamaba `Vivo aún', o el panameño Rogelio Sinan. Todos habían sido niños temibles de la vanguardia y estaban vivos pero olvidados".

"Investigué en sus obras, porque estamos circunscriptos a algo muy autorreferencial, a lo que tenemos al lado, Boedo y Florida, y siempre de una manera antagónica. Nunca vemos el trasiego que hay por debajo. Me interesó trabajar el contrabando de ideas, las redes subterráneas. Esos encuentros entre Cardoza y Aragón y García Lorca que escriben `Génesis para un music hall' a cuatro manos, o Girondo que pasa por el puerto de Callao donde opera Vallejo y no se pueden encontrar -aludió-. Todos esos encuentros posibles o esos cruces que son la base de la poesía latinoamericana, cargados de inventiva y de aventura y también de posiciones políticas".

El campo de la poesía, opinó Boccanera, "está lleno de rótulos que han sido superados en la práctica por muchos de nuestros poetas. El caso de Gelman que mixtura a los místicos españoles con poetas del tango; el Martín Fierro con textos del marxismo, y todo mezcla posible con una gran libertad".

Ese apartarse de las dicotomías, permite hablar de todo. "De hecho, creo que desde los 60 y los 70, lo que se da tiene que ver con un doble movimiento: la búsqueda y el cuestionamiento. Eso es lo más fuerte que tiene la poesía latinoamericana con su diversidad de voces", definió.

De perfil

Para Jorge Boccanera, su exilio en 1976, que lo llevó a recalar en México y otros países de Latinoamérica, tuvo una carga dramática pero también "fue una apertura hacia un montón de posibilidades. Me fui a los veintipico de años, donde -además de lo negativo- se ve la posibilidad de aprender y, en ese sentido, se han expresado voces que van desde el escritor Julio Cortázar hasta el sociólogo Néstor García Canclini", señaló.

"Tuve la posibilidad de desarrollarme como periodista, como escritor en México, un país donde se cruzaban entonces muchas historias, como el exilio español, el exilio centroamericano y confluía mucha gente, un lugar que estaba en el centro de todas esas historias. Por ahí pasaron Pablo Neruda, Tina Modotti, Maiakovski, Eisenstein... y todo estaba vivo, no había nadie sepultado, nada pasaba de moda", expresó.

"Me tocó trabajar en la revista Plural, de ahí viajé un tiempo a Europa, estuve en Holanda trabajando en un barco y después en Nicaragua, donde conocí a Cortázar en la época del sandinismo. Y luego fui a Cuba, lugares donde aprovechaba para hacer ese entretejido, esa crónica de la poesía latinoamericana", precisó.

Tanto como la poesía, la música ocupa un lugar de privilegio en su vida y se refleja en su obra a través de letras de canciones. "Papá cantaba tangos, tuve una prima litoraleña, María Elena, que fue muy conocida y mi hermano también canta, en mi familia era algo natural. Trabajé con Alejandro del Prado y siempre que pude escribí canciones", comentó el poeta.

Boccanera, nacido en Bahía Blanca en el año 1952, ha publicado, entre otros libros, "Los espantapájaros suicidas" (1973), "Contraseña" (1976), "Música de fagot y piernas de Victoria" (1979), "Poemas del tamaño de una naranja" (1979), "Los ojos del pájaro quemado" (1980), "Polvo para morder" (1986), "Sordomuda" (1990), "Bestias en un hotel de paso" (2002) y "Servicios de insomnio" (antología, 2005).