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Darío D'Atri (CMI)
Néstor Kirchner siente que la guerra es el mejor ámbito donde se potencian sus dotes de político peronista de raza. No entiende los códigos de las palabras, siempre prefiere pegar y apuntar al corazón antes de sentarse a negociar, algo que al final busca con la racionalidad que da el sentido común.
En la semana que termina, disgustado por algunas opiniones que los medios dieron a conocer, referidas a las dudas que despertaba el anuncio de un nuevo modelo de financiamiento con bonos emitidos por Venezuela para pagar obras en Argentina y, sobre todo, por la reproducción de los altísimos niveles de rechazo que generó el proyecto de ley de superpoderes para el jefe de Gabinete, el presidente y su esposa apuntaron sin miramientos contra los medios y los periodistas.
No es novedad, pero tampoco algo que pueda entenderse o aceptarse por mérito de la repetición. Kirchner acusó a los periodistas y a los medios de tener gran responsabilidad del fracaso de la Argentina, insistiendo con una tesis que, por repetida en la clase política, no deja de resultar patética. Se trata, siempre y con cada nuevo mandato, de refundar la Argentina, acusar a los que estuvieron antes de las causas de todos los males y anotarse en la carrera de los manuales de Historia como los que -esta vez sí- cayeron desde el cielo para salvar a la Patria.
Kirchner, a diferencia de los medios de comunicación y de los periodistas, fue uno de los responsables de la aplicación de planes de ajustes sistemáticos desde el comienzo de la democracia, culpables del plan de desguace del Estado en los '90, firmante de acuerdos de financiamiento que multiplicaron por seis la deuda externa. Kirchner fue el gobernador ejemplo de Carlos Menem y Domingo Cavallo, apoyó la privatización de YPF para cobrar jugosos cientos de millones de dólares para Santa Cruz; votó, a través de su esposa, la Constitución del '94, esa que cristalizó la reelección del riojano tras el Pacto de Olivos y le puso un sello corporativo al funcionamiento de la política en la Argentina.
El presidente, luego de un viaje a Venezuela en el que surgieron señales muy poderosas de una consolidación del Mercosur, explotó frente a un conglomerado de mudos intendentes radicales e independientes, a quienes el gobierno convocó a la Casa Rosada para intentar seducirlos y sumarlos a su tropa con vistas a las presidenciales del 2007.
Esa explosión contra los medios, a los cuales, casi como una ironía, también acusó de hegemónicos, permite anticipar lo que será un rasgo determinante de la campaña 2007: sangre y fuego en la lucha por el sillón de Rivadavia.
El Senado aprobó en comisión, esta semana, el tratamiento inmediato del proyecto de ley que permitirá al Poder Ejecutivo evitarse la engorrosa discusión anual de cláusulas excepcionales en el Presupuesto, para manejar recursos excedentes y reasignar partidas. El gobierno quiere llegar al 2007 con las manos libres para disponer del manejo de recursos sin recurrir a los antipáticos decretos de necesidad y urgencia, herramienta que dejaría en manos de la oposición fenomenales fundamentos para acusar en plena campaña al gobierno de desmanejo de la cosa pública.
Desde la Casa Rosada, los argumentos a favor de la ley de superpoderes son acelerar la toma de decisiones y dar herramientas de gestión al Ejecutivo.
A pesar de la dura oposición que encontrará en Diputados, la ley de superpoderes será aprobada.
Como ocurrió con Menem en su momento, cuando el objetivo de la reelección subsumió todas y cada una de las acciones de su gobierno, Kirchner sabe que enfrenta a un potencial candidato en Roberto Lavagna, que puede amargarle la fiesta de un nuevo mandato que daba por descontado. Por eso, el gobierno busca cerrar, ahora, los temas más antipáticos y quedarse con herramientas que permitan manejar la fabulosa caja de recursos fiscales para implementar una política de obras públicas de tierra arrasada, así como una estrategia muy convincente de giros de fondos a gobernadores, intendentes y punteros amigos, que permitan garantizar una jornada electoral sin las incertidumbres que traería una segunda vuelta.
La Asociación de Entidades Periodísticas de la República Argentina (Adepa) calificó hoy como "altamente preocupante la persistente incomprensión que tienen tanto el presidente Néstor Kirchner como la senadora Cristina Fernández de Kirchner sobre el rol institucional de la prensa en democracia".
En un documento fijó su posición respecto a las críticas que, en las últimas horas, formularon tanto el presidente como la primera dama hacia distintos sectores del periodismo.
El texto señala que en poco más de cuarenta y ocho horas, la senadora por la provincia de Buenos Aires, y el presidente de la Nación, embistieron con dureza contra periodistas y medios de prensa. "La primera dama lo hizo en ocasión de tratarse en el Senado la ley que amplía la discrecionalidad presupuestaria del jefe de Gabinete y también al discutirse el proyecto de ley que reglamenta los Decretos de Necesidad y Urgencia. Allí sostuvo que la prensa ejerce censura sobre el gobierno porque los medios no reflejan la totalidad del discurso oficial. Atacó también al diario La Nación y a algunos de sus periodistas recurriendo al agravio y a la descalificación personal".
Agrega que "por su parte, Kirchner durante un acto en la Casa Rosada, se refirió a la opaca calidad intelectual de algunos periodistas, a la par que de un modo entre paternalista y socarrón les aconsejó informarse, investigar y prepararse más. También les reclamó que exijan libertad de prensa para poder expresarse libremente en los medios en los que se desempeñan".
La declaración afirma que "para Adepa es indiscutible y absolutamente legítimo que la línea editorial de cada medio sea fijada por su director, su editor, en definitiva su propietario. De otro modo simple y sencillamente no habría más que anarquía y desinformación. �Acaso podría ejecutarse con armonía una pieza musical si cada integrante de la orquesta siguiese su propio criterio, en lugar de las indicaciones del director?, interroga.
"Se observa aquí -continúa- una dualidad de criterio por parte del presidente, puesto que lo que pretende que exista en los medios de comunicación privados, no sucede en el sistema de medios estatal de radio y televisión. Allí, se levantaron ciclos de larga trayectoria porque el enfoque periodístico no coincidía con la visión oficial. También es paradójico que el presidente le pida a la prensa que se informe cuando este gobierno no da conferencias de prensa, los funcionarios (incluido el Dr. Kirchner) no conceden entrevistas y se haya hecho fracasar la ley de Acceso a la Información Pública. Por el contrario, las presiones sobre el periodismo por parte de los más altos funcionarios no han cesado y son recurrentes las llamadas con pedidos, propuestas y sugerencias de enfoques que sobre temas diversos se hacen a los medios periodísticos en forma cotidiana. Todo lo cual ha sido reiteradamente señalado tanto por Adepa como por entidades de medios internacionales".
La entidad afirma que "es altamente preocupante la persistente incomprensión que tienen tanto el presidente como la senadora sobre el rol institucional de la prensa en democracia".
"Adepa ha señalado ya que la tarea del periodismo independiente es preguntar, investigar y cuestionar para encontrar, si la hubiera, una verdad distinta de la que se le pretende hacer ver. Eso no es ser opositor. Es cumplir con el rol constitucional de controlar al poder por la salud de la democracia".
Finaliza señalando que "los medios periodísticos se deben solamente a su público que es quien en definitiva los elige diariamente. Es hora de que el gobierno haga un esfuerzo por entenderlo".
Estrategia de rédito
Para el politólogo Carlos Fara, el discurso crítico del gobierno hacia la prensa está vinculado con una estrategia de rédito. "El presidente construye poder a través de la confrontación. Identifica actores de los cuales luego se diferencia", explicó el analista. Advirtió, asimismo, que la actitud presidencial tiene relación con los resultados de sondeos de opinión que circulan en la Casa Rosada y que marcan una amplia aprobación de sectores de la sociedad a su estilo confrontativo. "Uno de los rasgos de Kirchner que tiene aceptación en la opinión pública es que `dice las cosas en la cara'. Eso, sumado a que la construcción de la realidad que hacen los medios, comenzó a ser resistida en sectores de la sociedad, explica la estrategia del gobierno", sintetizó Fara.