Una investigación del Movimiento Los Sin Techo determinó que el 79 por ciento de los chicos que asisten a los jardines maternos de la organización logra un desarrollo integral dentro de las expectativas, a nivel cognitivo, social, del lenguaje, de hábitos diarios. Como contraparte, apenas el 31 por ciento de los niños sin escolaridad temprana alcanza un desarrollo dentro de lo esperado.
Esta conclusión surgió de un estudio comparativo realizado por esta entidad civil entre dos grupos: uno, conformado por 70 chicos de entre 3 y 4 años que asisten desde hace un año o más a los jardines maternos de la organización; el otro, integrado por 70 chicos de las mismas edades y barrios, pero que no van a las salitas.
Para efectuar el estudio, se siguieron los criterios de la Guía para la evaluación del desarrollo en el niño menor de 6 años (1996) que propone la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Hospital de Pediatría Juan Garrahan y el Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.
Las maestras tuvieron la tarea de completar para cada chico un protocolo que tenía en cuenta cinco criterios: desarrollo psicomotriz (motricidad fina y gruesa), simbólico (juego y lenguaje), cognitivo, de hábitos de la vida diaria y sociabilidad. Hicieron lo mismo con los niños que no concurren a los jardines.
Así, por ejemplo, a la hora de demostrar los avances en psicomotridad fina, el 80 % de los chicos escolarizados adquirieron habilidades en el control de la mano para tareas de precisión -como por ejemplo la escritura- mientras que un 19 % las adquirieron medianamente y sólo el 1 % no las adquirió. En cambio, los índices de logros son más bajos en el caso del grupo externo a los jardines: el 35 % no logró desarrollos en psicomotricidad fina y el 47 % lo hizo medianamente.
A la hora de evaluar la sociabilidad, los escolarizados lograron desarrollar tareas de cooperación con otros o capacidades de preocupación por los demás en un 68 % en forma total, y en un 32 % medianamente. En tanto, en la otra vereda, el 26 % de los que no asisten no logró desarrollar su capacidad de socialización.
Una diferencia más marcada observó el movimiento cuando evaluó la adquisición de hábitos de la vida diaria: orden, higiene, vestirse y alimentarse. Un 85 % de los que asisten, y apenas un 31 % del grupo externo, lograron desarrollar estas habilidades.
De la misma manera, los no escolarizados no alcanzaron competencias lingüísticas dentro de las expectativas en un 17 %, ni lograron el desarrollo cognitivo deseado en un 42 % (Ver cuadros), entre otros criterios analizados.
El psicopedagogo Diego Preziuso, director de la investigación, destacó que todas estas variables juntas configuran el "desarrollo integral" del niño, concepto que hace referencia a dos procesos complementarios: crecimiento y maduración.
"Cuando hablamos de crecimiento, lo que se evalúa es el cruce de variables del peso y talla del niño que va a dar un parámetro de un crecimiento observable o dentro de la talla normal. En cambio, la maduración se refiere estrictamente al sistema nervioso central y periférico", explicó Preziuso.
Añadió que la maduración y el crecimiento son procesos fuertemente ligados a la calidad nutricional que recibe el pequeño, y van a ser soporte de procesos de desarrollo de diferentes competencias y capacidades (cognitivas, psicomotrices, etc.) que "en una íntima dialéctica con los procesos de aprendizajes van a configurar un desarrollo integral".
En otras palabras, dijo que no estamos hablando de "retraso" pero sí de un desarrollo "obstaculizado o limitado" por las condiciones sociales, culturales y económicas que les toca vivir a estos niños.
Por esto, consideró relevante que dentro del grupo testigo de chicos que asiste a los jardines se haya detectado que el 79 % logra un índice de desarrollo integral. Y destacó como preocupante que el 69 % de los que no asisten no lo logren o lo hagan medianamente.
"Descubrimos que la escolarización temprana es una alternativa para revertir las graves marcas que la exclusión, la falta de seguimiento y apoyo dejan en los niños marginados, afectando su vida, su subjetividad y sus posibilidades de asumir procesos sistemáticos de aprendizaje escolar a futuro", destacó.
En los jardines maternos del movimiento se estimula y se facilita la educación inicial a edades tempranas. "Los chicos pueden acceder a otros aprendizajes, conocer y desarrollar su esquema corporal, compartir un cuento, tener acceso a plastilinas, a crayones. Incluso hay dos o tres computadoras por jardín", señaló.
El Movimiento Los Sin Techo posee 16 jardines en barrios periféricos de Santa Fe que atienden a niños carecientes de entre 0 y 5 años de edad. "Este estudio surgió, justamente, como una autoevaluación. Queríamos saber, después de varios años de trabajo, si realmente era valioso el proyecto, si revertía esas marca que deja la crianza en un contexto de pobreza material y simbólica. Esto nos demostró que sí y nos dio argumentos para promoverlo", dijo el psicopedagogo.
Preziuso advirtió, además, que aquel chico que no logra un desarrollo integral dentro de las expectativas en la primera infancia, después deberá enfrentarse con un sistema educativo que no espera estas falencias sino que aguarda recibir a un niño que tiene ganas de aprender y que tiene todas las competencias básicas para hacerlo.
1.500 desfavorecidos
Diego Preziuso analizó que estos datos "nos alertan y conmueven", ya que "sólo el 35 % de los niños de los barrios marginados tiene acceso a un centro de cuidado infantil y educación inicial. Es decir, restan más de 1.500 niños que tendrían desventajas en su desarrollo integral, si tenemos en cuenta que en los barrios periféricos hay una tasa de natalidad de entre 2.000 y 2.500 chicos".
El Movimiento Los Sin Techo se encuentra trabajando en un seguimiento de los chicos que egresaron de los jardines de la organización en el 2005 y hoy asisten a las salas de 5 años de las escuelas comunes.
El objetivo es dar otro paso en la evaluación de su proyecto institucional y conocer en qué condiciones de aprendizaje se insertó ese niño que recibió una escolarización temprana en las salitas de Los Sin Techo.
Para esto, se confeccionó una planilla dividida por áreas: integración, lengua, matemática y educación artística, con ítems donde el docente debe señalar con cruces si el chico se adaptó, no se adaptó o lo hizo medianamente.
Se pregunta, por ejemplo, si facilitó la tarea docente su experiencia anterior en un jardín, si su paso por las salitas ayudó al niño a tener un vocabulario más fluido, si reconoce el color de los objetos o si se expresa activamente a través de la plástica, entre otros interrogantes.
El trámite comienza por visitar las escuelas donde concurren los alumnos y explicarles a las directoras para qué sirve la evaluación. "En muchas ocasiones, las escuelas se muestran reticentes de entregar el material, ya que piensan que estamos evaluando su desempeño. Nada más lejos que eso", asegura el movimiento.
Añade que esta petición corresponde a una autoevaluación del proyecto educativo que lleva adelante en los barrios periféricos. "Una mirada desde afuera nos ayudaría a reencauzarnos en nuestros objetivos", subraya.