Señores directores: Intentaré en primer lugar una definición del poder para saber de qué estamos hablando. Y así diría que poder es esa capacidad o posibilidad para realizar algo. Un algo que sin poder no se hubiera podido concretar.
Para hacerlo posible, casi siempre, hay que acumular poder. Y muchas veces no se lo acumula para lograr lo que legítimamente se pretende, sino porque se teme perder el poder personal que se tiene. De ahí que el poderoso no se conforma con lo que consiguió, sino que siempre quiere más porque lo que tiene le parece poco.
Y el poder es como el vino, emborracha y el borracho pierde contacto con la realidad circundante porque se le desdibuja. Y si le sumamos que la corte que siempre rodea al poderoso fabrica una realidad para consumo del amo, su ceguera es fatal.
Comúnmente vemos que el poder, ya sea social, político, económico, religioso, sindical, etc., está siempre en función de pocos, de un grupo, de los amigos. Y ese poder desnaturalizado no sólo no sirve, sino que perjudica al conjunto porque no lo atiende ni lo tiene en cuenta. El acumular poder pasa a ser una cuestión de realización personal y no de realización colectiva, comunitaria, grupal, familiar. Esto lleva a que los que no tienen poder y luchan para conseguirlo, terminen haciendo y siendo como los poderosos anteriores. Es nada más que una cuestión de turnos. Ayer fuiste vos, ahora me toca a mí. Esta concepción tan pobre acerca del poder no sólo "deseduca" a los de abajo, a los que obedecen, a los que se someten, sino que diluye toda posibilidad de cambio.
�Entonces? Entonces es importante comenzar a pensar distinto. Si queremos cambiar a las sociedades debemos comenzar por cambiar el paradigma, o sea, el modelo que nos han impuesto y predicado. Porque el poder no es un atributo para el deleite personal, ni cuestión de sangre o de legado divino. Es una función, una misión social delegada.
Y si el poder es de todos, está en todos. El que detenta poder lo tiene sólo porque le ha sido delegado y pasa a ser un servidor público, un mandatario. Hay un mandato de los poderosos de abajo para con el que preside, orienta y ordena en nombre del conjunto social. Y en la "polis" lo primordial es el bien de todos, el bienestar social y el que gobierna debe tenerlo muy en cuenta para no perder el rumbo.
Si sólo lo viéramos de esta manera, no habría tantos candidatos para los cargos públicos o para los cargos de conducción.
Leonardo Boff, un teólogo cristiano, dice: "Quien ambiciona excesivamente el poder, es el menos indicado para ejercerlo".
Alberto Fabián Estrubia
DNI: 6.240.308. Ciudad.