Un Mundial que apenas pasó sin mostrar brillo alguno
Un recuerdo que se borrará pronto
El certamen germano fue impecable en la parte organizativa, pero en lo que se refiere al juego quedó totalmente en deuda. Las virtudes del campeón Italia, con su juego opaco pero ordenado, y la forma de definir su título, por penales, constituyen una síntesis perfecta de lo que mostró la competencia.

De la redacción de El Litoral

El Mundial de Alemania 2006 no pasará a la historia, debido a un juego resultadista y especulativo, en el que no se destacó ningún jugador por encima del resto y que será recordado porque fue la despedida de Zinedine Zidane, aunque fuera triste y con expulsión en su último partido.

Como Italia se impuso en la final a Francia en los penales, lo mismo Francia le podría haber ganado a Italia. Ambos estaban cortados por el mismo patrón. Su idea era dejar jugar el balón al contrario y esperar para sorprenderlo en un contragolpe o en un error.

Pero los errores fueron pocos y la suerte se decidió en los penales, como en Estados Unidos "94, en que Brasil le ganó a Italia. Aquel fue un Mundial para olvidar y éste también. Además, todo terminó con un signo negativo, con el mejor jugador de los últimos años, Zinedine Zidane, expulsado en el alargue de la final.

La misma táctica especulativa que Italia y Francia fue adoptada por Portugal, de la mano de un técnico brasileño, Luiz Felipe Scolari, que no en vano tiene apellido italiano y respeta al fútbol de sus ancestros.

Los amantes del verdadero fútbol apagaron probablemente los televisores desde días antes de la final en un torneo en que la salsa la puso el gran ambiente que armaron los alemanes, que recuperaron el orgullo patrio, perdido tras la Segunda Guerra Mundial, con el tercer puesto de su equipo.

Alemania fue la gran vencedora de este Mundial. Más, incluso que Francia. Su fútbol no fue del todo abierto, pero fue menos especulativo y resultadista que los dos finalistas, aunque si no hubiese sido local, probablemente no habría llegado a semifinales. Pero entre los últimos cuatro, fue el más atrevido.

Sin sudamericanos

Al imponerse los conjuntos resultadistas, a pesar de que Italia desequilibró en semifinales a Alemania en el alargue (2-0), cuando Marcello Lippi colocó a cuatro delanteros al mismo tiempo, perdieron los equipos creadores y atrevidos.

De esta manera cayeron Brasil, en cuartos de final ante Francia (1-0), pero sobre todo Argentina, en la misma instancia ante Alemania (por penales) y España, en octavos, también con los galos (3-1).

"Decían que Argentina y España estaban haciendo el mejor fútbol y miren dónde están", resumió Scolari, para defender su máxima de que "lo único que importa es el resultado".

Esa búsqueda de resultados hizo que se marcaran apenas 148 goles en 64 partidos, con una de las peores medias de la historia (2,31 por partido). Aunque para la historia queda que el sueco Marcus Allback marcara el tanto 2.000.

Las caídas de Brasil y Argentina en cuartos de final hizo que hubiera cuatro equipo europeos en semifinales, algo que no ocurría desde 1982.

Los otros continentes

Pero no sólo Sudamérica salió mal parada de este Mundial. Africa sólo clasificó a Ghana para los octavos de final, donde perdió contra Brasil (3-0), mientras que Angola, Togo, Costa de Marfil y Túnez se fueron en primera fase.

Tampoco superaron la primera ronda los asiáticos Japón, Arabia Saudita, Irán y Corea del Sur, que esta vez no contó con los favores arbitrales de hace cuatro años, cuando fue local.

Australia, por su parte, llegó a octavos de final en su segunda participación, después de no haber ganado ningún partido en su bautismo en el Mundial, hace 32 años, en Alemania 1974.

Además de Brasil y Argentina, decepcionó otro equipo de la Conmebol, Paraguay, que tuvo que hacer la maletas en la primera ronda, mientras que la nota positiva la dio Ecuador, que llegó a octavos por primer vez, y sólo lo doblegó un tiro libre de David Beckham en el duelo con Inglaterra (1-0).

Se esperaba más

Si africanos y asiáticos decepcionaron, también los hicieron algunos equipos europeos. República Checa, a la que se colocaba como aspirante, cayó en la fase de grupos y la generación de Pavel Nedved se quedará sin ningún laurel.

Por su parte, Serbia y Montenegro, que se había clasificado de forma brillante, recibiendo sólo un gol en las eliminatorias, no supo administrar los problemas internos y perdió los tres partidos de la primera fase, incluyendo una goleada ante Argentina (6-0).

España lució e hizo el mejor fútbol de la primera etapa, pero cuando se encontró con un equipo especulativo como Francia, en octavos, cayó en la trampa, como le ocurre a menudo, mientras que Holanda fue eliminada en esa misma instancia por Portugal y sigue en busca de su primera estrella.

Aunque la selección europea que aparecía más entre las favoritas fue Inglaterra, decepcionó. Primero pasó demasiados apuros para eliminar a Ecuador en octavos y luego perdió en los penales ante Portugal, yéndose sin que brillara alguno de sus astros.

Dos en falta

Precisamente, Inglaterra y Brasil empataron en cuanto a la falta de brillo de sus mejores jugadores.

Ronaldinho fue la gran decepción de este Mundial. El mejor futbolista del mundo no jugó en la misma posición que lo hace en el FC Barcelona y acusó sin duda el cansancio de una temporada que acabó tarde para él, con la final de la Liga de Campeones.

Tampoco se destacó ninguno de sus compañeros brasileños, ni siquiera Ronaldo, pese a que anotó tres goles y quedó como máximo artillero de la historia de los Mundiales, con quince tantos, superando al alemán Gerd Müller (14).

En Inglaterra, tampoco sobresalieron como se esperaba Franck Lampard, John Terry o Steven Gerrard, mientras que Wayne Rooney, que se recuperó a tiempo milagrosamente de una lesión en un pie, se marchó expulsado ante Portugal.

También decepcionaron el checo Nedved, el ucraniano Andrei Shevchenko, pese a que su equipo alcanzó los cuartos de final, el español Raúl y el argentino Juan Román Riquelme.

Los de siempre

Ante la falta de estrellas, brillaron los treintañeros franceses: Zidane, Lilian Thuram, Claude Makelele, Patrick Vieira, acompañados del "joven" Thierry Henry o la rigurosidad en el juego de los italianos Fabio Cannavaro, Andrea Pirlo, Gianluigi Buffon o Gennaro Gatuso.

Una mención especial merece el alemán Miroslav Klose, máximo goleador del Mundial con cinco tantos.

También estuvo ausente el nacimiento de una joven promesa. Se esperaba a Lionel Messi, pero José Pekerman lo dejó casi sin jugar. Rooney se ilustró más por su comportamiento antideportivo, mientras que al español Cesc Fábregas no tuvo tiempo de mostrar su talento, al eliminarlo Francia.

De este modo, quedaron como mejores jóvenes el alemán Lukas Podolski, con sus tres goles, el portugués Cristiano Ronaldo y el francés Franck Ribery. Fueron la sangre joven que tuvo poco que ofrecer y para atraer la atención de los niños.

Detrás del fútbol

Lo más positivo fue la organización impecable, la ausencia de problemas de violencia, ni grandes incidentes en las entradas. �El arbitraje? A veces riguroso, con muchas tarjetas, pero sin los escándalos del Mundial 2002.

Los jugadores se excedieron en el partido de octavos de final entre Portugal y Holanda, con victoria lusa (1-0), que fue bautizado como la batalla de Nüremberg, y en la que el ruso Valentin Ivanov mostró 16 tarjetas amarillas y cuatro rojas, un récord en la historia de los Mundiales.

Están iguales

Con el triunfo italiano en Berlín, Europa llegó a 9 títulos y nuevamente logró igualar a Sudamérica en la pelea que mantienen las dos plazas más fuertes del fútbol mundial.

Los títulos sudamericanos están en poder de Brasil (cinco veces), Argentina (dos) y Uruguay (también dos), mientras que, por parte de los europeos, los obtuvieron Italia (cuatro), Alemania (tres), Francia e Inglaterra.

Casi medio siglo después, Suecia 1958 sigue siendo el único ejemplo de un Mundial en el que un seleccionado sudamericano logró alzar la Copa jugando en Europa. Sin embargo, hasta ahora, ningún seleccionado europeo triunfó en Sudamérica.