Martín Scandol
Rodolfo Paviotti es el vicepresidente de la Sociedad Rural de Rufino. Es también un productor ganadero, que hace cría e invernada y que, para limpiar los lotes y lograr rotación, se vuelca a la agricultura, aunque no la tiene como actividad principal ni él se define como agricultor.
Pero, por estos tiempos, como muchos otros ganaderos y tamberos de la Argentina, está analizando las rentabilidades entre la ganadería y la agricultura, más específicamente, de la soja.
"De seguir así la situación, me voy a volver agricultor. Vos hacés los números sobre 40 hectáreas de soja rentadas y, con que te paguen 10 quintales, son $ 50 por hectárea, $ 2 mil. Un ternero vale como mucho $ 400, necesitaría 50, por lo que se requieren más de 60 vacas, más los alimentos, puesteros, el molinero, un alambrador. A la larga, de continuar esta situación, por más que a uno le gusten las vacas, los animales van a ser los de la laguna y nada más", cuenta. Y arremete: "Eso es lo que vive mi zona, todo el sur y toda la Argentina. El país está dividido así: en sojero y no sojero. Son dos realidades distintas. Donde se puede hacer soja se hace soja. Para que te des una idea, en la cuenca del Salado, en algunas lomitas que hay, de 15 ó 20 hectáreas, se están pagando arriba de 10 quintales para hacer soja".
Rufino es la punta de la bota. "Es la parte más al sur de la provincia. Nuestra región tiene muy buenos campos de agricultura y, después, baja hacia Buenos Aires con campos de cría".
El boom de la agricultura fue "la gran solución de los problemas económicos que en su momento tenía Rufino. Los alquileres en campos buenos de soja trepan y siguen trepando y, en gran parte, el productor local ha sido desplazado por los pooles, porque se están pagando 1 ó 2 años adelantados y hay valores desde 14 a 17 quintales por campo bueno", dice Paviotti.
Los equipos y la gente que vienen "son de afuera. Siembran y se van, y no dejan en la comunidad ni en las plantas, lo que genera un problema con respecto al mantenimiento de los caminos rurales".
Respecto de la ganadería, la Sociedad Rural de Rufino maneja el plan sanitario de la zona.
"Tenemos un total de 130 mil cabezas, de las cuales 50 mil son vacas. Es un stock que no se mueve y se mantiene porque está en las lagunas y no hay otra opción. No podemos meter nada en las lagunas, salvo patos, y éste es un stock que está siempre ahí", cuenta Paviotti.
Dependiendo de la rentabilidad del sector, "se dan los índices de preñez que tenés. Cuando la ganadería parecía ser la gran solución, los índices que tenías eran del 70-80 %, dado que, independientemente, nuestra zona ha cumplido los requisitos superadores de brucelosis y se trabaja bien en reproducción porque cada campo tiene un veterinario corresponsable. Los índices son buenos. Hay control en la vaca. El principal tema de la preñez depende de si el productor le va a destinar algún otro sector del campo a la vaca para que coma mejor y se pueda preñar o los lotes de agricultura quedan en eso y la vaca no tiene opción", resume.
Los feedlots, en tanto, "sufrieron igual que todos en el país. Se hacía mucha vaquillona liviana, la ternera gorda o el ternero gordo. Esas categorías quedaron afuera. Con el precio de la alimentación, no te cierra. Producir hoy un kilo de chancho te sale cerca de $ 2, poniendo personal y todo el sistema, y a vos te lo pagan $ 1,80. La vaca, para un buen índice de preñez, destete y suplementación del ternero, te cuesta $ 2,30 ó 2,40 por ternero y la realidad es que te pagan $ 2,40, por lo que salís derecho o perdés plata".
La realidad que se vive es que "el ganadero se ha quemado, no quiere saber más nada con las vacas. De tener un remate feria por mes, a lo sumo 2, ahora tenemos 3 de 600 animales, cuando antes eran de 300 ó 400. La gente de los frigoríficos te plantea que es impresionante la cantidad de hembras preñadas que están faenando. Entonces, en mi zona, es claro que se ha iniciado un proceso de liquidación de la vaca y se sigue avanzando sobre la soja como monocultivo".
Pagándose alquileres
de 14 quintales tampoco cierran los números para hacer maíz, dice Paviotti. "Salvo aquellos productores que trabajan su propio campo o algunos que acepten bajar los índices para poder negociar estas rotaciones, todo campo en el que se pagan 14 quintales va soja tras soja".
Rufino tiene 20 mil habitantes. Es una ciudad que vive del campo. "Las industrias principales son el frigorífico Marú y las empresas que hacen balanzas y silos", resume Paviotti.
No hay ninguna industria fuera de lo que es el campo. Rufino es netamente agropecuario.
Si bien "no es una zona lechera, porque son muy pocos los tambos que hay en la zona, sí hay una planta de acopio de La Serenísima, que funciona más bien con todo el sur de la provincia de Córdoba, sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires".
Con esta última provincia, se interrumpió prácticamente la comunicación porque la ruta 7 todavía sigue cortada y hay 35 kilómetros de tierra para unir una parte con la otra, "por lo que toda la salida nuestra ha quedado por la ruta 33 hacia Venado Tuerto y, de ahí, a Rosario o, vía la 8, a Buenos Aires".
No obstante, "nuestra gran conexión hoy es Rosario. La ruta 33 hacia Villegas también se cortó en su momento y, en sí, la gente se mueve hacia Rosario, que es el principal corredor que hay", señala.
Sobre la situación hídrica, recordó que "sufrimos la inundación de la cuenca de La Picasa. Después de mucho pelear, logramos que las obras se hicieran o se estuvieran terminando".
Sin embargo, hoy las obras encuentran "una limitación muy grande, que son los valores de actualización. El gobierno no está de acuerdo con las actualizaciones que piden las empresas".
Para colmo, los propietarios de los campos a los que se les iban a expropiar los campos "ven con preocupación que eso no ha quedado en nada. No saben si se los van a comprar o qué va a pasar. Ésa es la realidad que vive el sur provincial".
Luego de las medidas que viene tomando el gobierno sobre retenciones y restricciones en las exportaciones cárnicas, Paviotti no tiene muchas expectativas de que haya un cambio de tendencia.
"Como todos los procesos que vive la Argentina, éstos se inician en una forma muy irracional, con medidas irracionales y, cuando nos damos cuenta del daño que se hizo, intentamos revertirlo", resume.
Al gobierno "le conviene que se haga soja porque es su principal fuente de ingreso de divisas. En cuanto a la ganadería, si en vez de 50 millones de cabezas, llegamos a 35 millones y pueden seguir abasteciendo un consumo interno, al gobierno igual le cierran los números".
El dirigente ruralista no cree que haya un cambio fundamental. "El gobierno va a ir permitiendo cierta exportación de carne, siempre y cuando no modifique los valores en el consumo interno".
Además, Paviotti dice que, "como hoy está este presidente, mañana estará de nuevo él o su esposa, por lo que es una política de 5 años como mínimo y los productores tendremos que adaptarnos a 5 años de esta política".