Ana Cárdenes (EFE)
Pese a que ya hace casi un año que el Ejecutivo regional anunció que prohibiría este tipo de transporte, miles de personas siguen tirando carritos a pie, en las calles de la "Ciudad de la Alegría", y son muchos los que han alzado sus voces en contra de su desaparición, entre ellos los propios afectados.
El asunto se debate ahora en el Parlamento regional, donde partidos de la oposición han exigido que se ponga en marcha un plan de compensación para los tiradores de rickshaws, a los que los medios también se refieren en ocasiones como "caballos humanos".
El sindicato de esos trabajadores, que viven sumidos en la pobreza, también reclama que se les compense adecuadamente, antes de extinguir la única forma de vida que han conocido.
Estos trabajadores, muchos de los cuales no tienen hogar y duermen en las calles, obtienen un salario mezquino por transportar a tres, cuatro o más personas en cortas distancias, de las congestionadísimas calles de la ciudad, la única de toda la India donde aún se mantiene este método de transporte.
El líder de la oposición, Partha Chatterjee, afirmó que "no estamos en contra de la medida, pero nos oponemos al asesinato de seres humanos", al entender que miles de tiradores de rickshaws quedarán abandonados en la más absoluta de las miserias con la prohibición de estos vehículos.
Pese a la dureza del trabajo, los hombres que se dedican a esta profesión no están dispuestos a salir de las calles tan fácilmente, ya que saben lo difícil que les resultará encontrar otro trabajo, máxime en un país en el que la casta determina en muchos casos el destino profesional.
Durante más de un siglo, los tiradores de rickshaws han servido fielmente a los habitantes de Calcuta, que eran transportados sin remordimientos en estos vehículos que recuerdan la época colonial.
Este método de transporte fue introducido en la ciudad por los mercaderes chinos a finales del siglo XIX y luego fue popularizado en la época británica.
Ahora que las autoridades han decidido que los rickshaws no son éticamente correctos y no dan una buena imagen de la ciudad, son los propios afectados los que no están dispuestos a marcharse sin nada a cambio.
"Nuestra lucha continuará hasta que se anuncie un paquete de medidas completo. Es una cuestión que afecta a nuestra forma de vida y lucharemos hasta el final", afirma el vicepresidente del Sindicato de Rickshaws de Bengala, Mukhtar Ali.
Uno de los principales problemas está en que la administración sólo ha concedido licencias a unos 6.000 rickshaws y únicamente tiene registrados a 387 tiradores, pero los que en la práctica realizan este trabajo son muchísimos más.
Un informe de la ONG Action Aid India calcula que son alrededor de 18.000 los hombres que tienen este oficio y que cerca de 2.000 nuevos se añaden cada año, al no encontrar ningún trabajo menos duro que les permita sobrevivir.
El partido de Trinamool Congress, en la oposición, afirma que este negocio de transporte da de comer, directa o indirectamente, a alrededor de 500.000 personas, por lo que la dimensión del problema no es pequeña.
La eliminación de los rickshaws no sólo afectará a sus tiradores y sus familias, sino también otros empleos, como los talleres que los reparan, los fabricantes del vehículo y sus repuestos, los aparcamientos nocturnos, etc.
Buddhadev Bhattacharjee, jefe del gobierno regional de Bengala occidental, cuya capital es Calcuta, anunció en agosto del pasado año que los rickshaws manuales desaparecerían próximamente "por motivos humanitarios".
"En ningún otro lugar del mundo existe esta práctica, y creemos que debe dejar de existir también aquí", afirmó entonces Bhattarcharjee, que anunció que "estamos pensando en métodos de transporte alternativos, para que la transición no afecte ni a los tiradores ni a los pasajeros".
Pero la realidad es que, cerca de un año más tarde, los tiradores de rickshaws no han recibido ninguna formación profesional ni ninguna propuesta que pueda hacer atractivo abandonar el carro con el que, duramente y a costa de su salud, ganan su sustento.
En muchas ciudades indias es habitual el uso de rickshaws para el transporte, aunque éstos son conducidos por hombres en bicicleta, una tarea menos ardua y más respetuosa con su dignidad.