Como un gran acierto puede definirse la propuesta que puso en práctica la Secretaría de Cultura de la provincia -a la que adhirieron Municipalidad y otros organismos oficiales y no oficiales- y que durante el último fin de semana tuvo su segunda edición: Atardecer en los Museos fue una excelente oportunidad para que muchos vecinos conozcan una buena parte del circuito histórico de la ciudad y para que, quienes ya lo habían recorrido, lo descubran desde una nueva perspectiva.
Muestras de pintura, cerámica, conciertos de distintos géneros musicales, bailes y comidas tradicionales, teatro y títeres integraron una jornada atípica en la que los museos pudieron ser visitados por chicos y grandes, y la historia que albergan fue contada de otra manera, con recursos que incluyeron instancias lúdicas y hasta el humor como instrumento, como en el caso del Museo Histórico donde el propio personal, vestido de época, acompañó a niños y niñas por un itinerario apartado de todo protocolo.
En esta segunda edición la iniciativa se denominó "Cultura a la carta" y permitió a cada uno disfrutarla a su manera, desde cualquiera de los dieciséis sitios en que se distribuyó la actividad, incluidos museos, teatros, edificios históricos, la Legislatura y otras sedes se sumaron al evento.
Artistas pintando a la vista del público, exposiciones abiertas en horarios poco frecuentes y la posibilidad de combinar esparcimiento con aprendizaje conformaron algunos de los tópicos de esta propuesta que es novedad en la ciudad pero que ya se desarrolla en otros países del mundo. La cantidad y variedad de montajes, exhibiciones y encuentros interactivos supuso una oferta de una magnitud inédita en nuestro medio. Tanta que, incluso, se produjeron superposiciones horarias que impidieron aprovechar en su totalidad lo que había disponible: una simultaneidad que transmitió de manera elocuente la sensación de que era mucho lo que estaba pasando pero que, con un mayor ajuste, en una próxima edición podría ser revisada para aumentar las posibilidades de todos los interesados de acceder a un mayor número de expresiones.
Por lo demás, para esta ocasión se dispuso además el traslado de chicos y chicas de La Loma y de Loyola, dos barrios geográficamente alejados del centro histórico santafesino y donde la falta de recursos, como en muchos otros sectores de la ciudad, es denominador común y limita o directamente imposibilita la participación en este tipo de encuentros.
En definitiva, se trató de una demostración concreta de cómo el importante patrimonio histórico y cultural de la ciudad puede ser puesto de manera atractiva al alcance de la comunidad, y de cómo ésta responde ante un esfuerzo de esta naturaleza. Un ejemplo alentador y estimulante, una muestra elocuente de lo que se puede hacer y conseguir cuando hay decisión y voluntad para ello, y un compromiso que, por las mismas razones, se fortalece y se torna ineludible.