Rodolfo O. Martínez (*)
Con inusitado estupor he leído el artículo de Hugo Grimaldi, publicado el 25 de julio ppdo. en esta sección, titulado "Adiós al Mercosur" en el que el autor, con una trayectoria que lo supone bien informado, pero con la característica arrogancia porteña se despacha con argumentos y comentarios impropios que más parecen la pertenencia a una ciudad que no quiere ceder su protagonismo y, sobre todo, deforma la condición de innegable consenso que el Mercosur, su historia y su futuro, tienen en la sociedad civil argentina.
Es para tener en cuenta lo que señala Aníbal Jozami en Archivos del Presente, cuando advierte que "... Muchos de los que se entusiasman con la idea derrotista son los mismos que todavía sueñan -en vano por cierto- con la fantasía de forzar una integración con Estados Unidos, cuyos líderes se han mostrado siempre muy reticentes a involucrarse estratégicamente, de un modo serio y consistente, con los países de América latina ..." (1).
¿Este señor habrá leído los 43 parágrafos de la Declaración de los presidentes del Mercosur, más los 29 de estos presidentes y los de los Estados Asociados, al término de la Cumbre de Córdoba? Palabras, palabras, dirán. Por el contrario, tienen tantísima significación y visión estratégica. Invito a todos los interesados a leerlos (2).
No siempre se ha valorado cuánta crisis económica se evitó en la Argentina, cuando al final de la década del '80, la implosión de la Unión Soviética significó dejar de exportar 5.000 millones de dólares anuales de productos agroalimentarios y su demanda fue sustituida por la brasileña, principal integrante del naciente Mercosur, flujo comercial mantenido posteriormente con la llegada del Plan Real de Fernando Henrique Cardozo.
Recordemos que en el Tratado de Asunción (1991) los Estados parte deciden constituir un Mercado Común, y que ello implica mucho más que comprar y vender y que tal como lo muestra el modelo de integración europea -asumido de hecho por el Tratado- el Mercosur es una cuestión política, económica y estratégica de toda la América del Sur y superadora de una simple zona de libre comercio (3).
En un esfuerzo de integración económica (y política) no hay un camino rígido a recorrer y su continuidad demuestra que hay estancamientos y hasta retrocesos. En ese convencimiento, hemos sostenido en un trabajo de investigación reciente, que "...no hay una fórmula concreta (con proporciones de elementos, cual una composición química) para alcanzar exitosamente un proceso de integración, si bien hay una marcada coincidencia entre los especialistas sobre cuáles deben ser las condiciones macroeconómicas en las que se debe encarar la obtención de este objetivo ..." (4).
El propio Tratado constitutivo del Mercosur, definiendo lo que implica un Mercado Común, ha sido explícito: "... La libre circulación de bienes, servicios, factores productivos entre los países... El establecimiento de un arancel común y la adopción de una política comercial común con relación a terceros Estados ... y la coordinación de posiciones en foros económicos-comerciales regionales e internacionales ... La coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados parte: de comercio exterior, agrícola, industrial fiscal, monetaria, cambiaria y de capitales, de servicios, aduanera, de transportes y comunicaciones y otras que se acuerden....". íEs casi como describir a la Unión Europea!
Es cierto, eso sí, que el Mercosur podrá no siempre llamarse Mercosur, y que tal vez, un poco más adelante nos refiramos a la Comunidad o Unión Sudamericana de Naciones, tal como lo anticipa la teoría de la Integración Económica Internacional. Teoría que sostiene que los procesos de integración, sobre todo cuando son exitosos y confiables, tienden a ampliarse geográficamente (los que están afuera quieren entrar para también aprovecharse de sus beneficios) y políticamente (con la profundización del proceso de integración), comenzando por una elemental zona de libre de comercio, siguiendo en una unión aduanera, para alcanzar luego el mercado común y finalmente los estadios de integración económica y política, que suponen una moneda común, una política fiscal y cambiaria unificada y tanto como un solo parlamento, un solo ejército, una sola bandera y una sola constitución.
¿O no es eso la Unión Europea actual? Y esta Unión Europea (UE), próspera y organizada, espejo en el que todos los días nos miramos, ¿no se llamó antes, Comunidad Europea del Carbón y del Acero (Ceca) y después, Comunidad Económica Europea (CEE), parte esencial de la Comunidad Europea (CE), para finalmente asumir todas aquellas representativades, y sin perder las culturas, las lenguas y las tradiciones de las naciones que la componen?
No siempre la producción documental e informativa de quienes tienen la responsabilidad de informar e ilustrar a la opinión pública, o a la sociedad civil, como ahora acostumbramos a llamar a nuestros pueblos, asumen la responsabilidad plena de ser objetivos, estar bien documentados y conocer profundamente los temas esenciales como éste del Mercosur, que es tan decisivamente influyente en el futuro de nuestras sociedades, y especialmente de nuestra región.
Y más, con el dinamismo y las particularidades y desafíos tan apasionantes que ha mostrado la Cumbre de Córdoba, incluyendo la incorporación de una nación rica en petróleo, la aproximación de otra nación, rica en gas y el diálogo fructífero de Argentina con Chile, socio estratégico histórico con el que venimos estrechando relaciones políticas y económicas cada vez más productivos.
Parafraseando nuevamente a Jozami, coincidimos en que "... los nuevos tiempos requieren nuevas respuestas. El nuevo Mercosur no puede ser otra cosa que una síntesis superadora de las experiencias integracionistas anteriores, dado que no hay alternativas viables ni la potencia crítica necesaria para asegurar mejores condiciones de conexión con el resto del planeta... Por eso mismo, la idea de construir el nuevo modelo de integración sobre la base de la oferta energética regional es un paso inevitable en este contexto..." (1).
En los próximos meses, seguramente podremos confirmar cuánto de todas estas propuestas y recomendaciones se concretan y cómo participa nuestro país en las decisiones principales, ya que en muchos sentidos es la Argentina, eje de decisiones: constituye la segunda unidad económica sudamericana; es la unidad hispanoparlante más importante de los nueve países que integran la otra mitad de la superficie, la economía y la población sudamericana y ha apostado desde el comienzo del acercamiento con Brasil por una integración fuerte y definitiva, que es como decir, por una nueva, fuerte y definitiva nación.
Es indispensable en el ámbito de lo que se denomina sociedad civil, la persistencia en un debate serio, documentado y profundo sobre estas implicancias para el futuro de nuestro país y nuestra región, espacios geográficos y sociales que han de ser fuertemente influenciados por estos acontecimientos cuyo devenir consideramos inevitables.