En maíz, la clave será atender el momento en que esta previsible ola de ventas se tope con valores hostiles: desde que los especuladores se adueñaron de un récord de contratos comprados, por cualquier eventualidad, estaba cantado que en algún momento deberían empezar a salir de más de 20 millones de toneladas de sobrecompra.
Nuestro mercado de disponible, sin embargo, no "compra" por momentos este "paquete", porque conserva sus propios componentes.
La industria local llega ahora a 6,4 millones de toneladas de stock, volumen con el que puede cubrir 2 meses de molienda, en plena efervescencia sectorial por los sucesivos récords de procesamiento que se están batiendo. El mercado muestra una gran resistencia a la baja, patentizada en la fuga de oferta que se produjo cuando la soja disponible llegó a $ 500 ó 505 por tonelada.
En un par de meses ingresa la oferta de soja americana, elemento de potencial impacto bajista global, antes de que a fines de año las aceiteras deban presionar por el poroto físico. No obstante, a largo plazo podría generarse una baja de precios porque, ante la falta de soja para abastecer las instalaciones ampliadas, no se va a pagar un plus por mercadería que no alcanzará a cubrir la demanda.
El mercado FOB de maíz argentino se va distanciando del Golfo. Si tomamos los 102 dólares por tonelada de la posición setiembre, tenemos un descuento de 14 dólares contra Estados Unidos, que obedece a que, para competir con el origen norteamericano en pleno ingreso del mismo en el mercado mundial, se debe ir a un descuento mayor.
Hay cierta oferta física que provoca bajas por momentos mayores a las producidas en Chicago y en el FOB Golfo. Ahora bien, es factible que una vez acomodada la intención de siembra y superada la irrupción del maíz estadounidense, los precios vuelvan a afirmarse hasta que el verano local clarifique el panorama sobre la cosecha por venir.
Si bien el mercado física está relativamente tranquilo, los exportadores no parecen tener la intención de que los precios bajen, con unos 2,7 millones de toneladas en sus manos. Encima, los molinos necesitarán comprar trigo disponible para cubrir sus necesidades de molienda desde mediados de setiembre y esto, hasta que terminen de conseguir lotes, es un factor de firmeza a corto plazo.
En tanto, la cosecha nueva se afirma por la sequía, en medio de anuncios sobre la definición de área. Está claro que el mercado tiene más para subir que para bajar, salvo que se revierta el actual cuadro seco en más del 50 % del área triguera. Por ahora, no se paga el mayor precio interno posible, se vende bien afuera y la alegría no alcanza a pleno a la oferta, al tiempo que casi nadie duda de que la actual será una campaña "con techo" frente a la entrante. Se llegó a 7,54 millones de toneladas exportadas (se alcanzó el tope ampliado) y el apuro sigue en la cosecha nueva, con 3,4 millones de toneladas anotadas, contra las 100 mil de hace un año.
En tanto, la brasileña Conab "se quedó con algo en el tintero" e intentará colocar 38 millones de toneladas de stock público con lotes que en general pertenecen a la cosecha 2004/05 y algo de campañas aún más viejas.
Las aceiteras tienen existencias suficientes para cubrir su molienda hasta fines de octubre y van a necesitar comprar unas 500 mil toneladas para empalmar el ingreso de la cosecha temprana del NEA. Esta situación apuntala la idea un mercado algo firme, más aun si se observa que el tercio oriental del Chaco y el noreste de Santa Fe muestran reservas de humedad muy por debajo de las normales a la fecha y que el resto de esa área tiene reservas por debajo de lo normal.
Por lo tanto, es difícil que se produzca el aumento de superficie previsto. Además, los precios del aceite CIF Rotterdam se están afirmando cada vez con mayor fuerza: en el último trimestre, la cotización llegó a un promedio de 670 dólares por tonelada.
Pablo Adreani