Ya no se producen los típicos saltos de precio a la salida del invierno
La oferta se encuentra abastecida
En los últimos 10 años, el feedlot se ha convertido en el gran regulador de la oferta. El ciclo del feedlot se ha hecho mucho más largo que antes con la resolución 645.

En los últimos 10 años, el feedlot se ha convertido en el gran regulador de la oferta; en tiempos normales, los corrales de engorde aportan hacienda en los meses donde la oferta pastoril afloja (junio-octubre) de tal modo que ya no se producen los clásicos baches de oferta y saltos de precio que antes se daban, por ejemplo, a la salida del invierno.

Ahora, con la resolución 645, el ciclo del feedlot se ha hecho mucho más largo que antes, por lo que aumenta el riesgo de entrar a los corrales con una relación de precios entre gordo, reposición y alimento y salir 4 ó 5 meses después con un panorama totalmente diferente.

Hoy hay sobreoferta de hacienda liviana terminada a corral y los precios de las categorías livianas de consumo se hallan bien debajo de los previstos en marzo-abril pasado. En su momento, la invernada sufría los efectos del cese de las exportaciones y el gordo liviano escaseaba por la restricción impuesta al peso mínimo de faena derivada de la resolución 645.

Hoy la reposición está escasa y cara -para lo que vale el gordo- y los animales livianos de consumo se cotizan bien abajo, inclusive de las cotizaciones "sugeridas" el 20 de abril pasado; el ternero puede aumentar todavía un 16 % (hasta $ 2,98 el kilo) sin disgustar al Gobierno y la vaquillona de 300 a 340 kilos puede aumentar un 20 %. Fuera del feedlot, el novillo de 391-430 kilos, puede subir un 7 %, y la vaca gorda (buena) un 19 %, sin que se registre sanción alguna.

La categoría más rezagada sigue siendo la conserva, que puede recuperarse aún un 32 % dentro de la legalidad.

La caída de precios provocada por la prohibición de exportaciones y los aprietes a los compradores del consumo ha sido tan fuerte, que hoy para los ganaderos parece una meta deseable recuperar los valores de marzo o abril pasado.

En la góndola

El precio de la carne al mostrador ha caído entre marzo y julio un 7,7 %, mientras que el precio de la hacienda (promedio ponderado de todas las categorías) ha caído un 15 %; esto confirma la regla histórica que dice: sólo la mitad de la baja del precio de la hacienda (y esto a lo largo de 6 a 12 meses) se traslada al precio al mostrador. Es lo que sucedió por ejemplo, entre el 2001 y el 2002, cuando a raíz de la aftosa las exportaciones prácticamente desaparecieron.

Debe observarse que hasta mayo último, el 80 % de la desaceleración lograda en la inflación por el gobierno se debía a la baja en el precio de la carne, por lo que se corre peligro de que las autoridades se ceben en éste, su casi único éxito obtenido en la lucha contra la inflación.

Por ahora, una abundante oferta de hacienda liviana proveniente del feedlot impediría que, en los próximos 45 ó 60 días, se registre cualquier rebote de magnitud en los precios de los 6 cortes que encuesta el Indec.

Pero a partir de la reapertura de las exportaciones ha dejado de pesar en el mercado el excedente de carne que, hasta hace pocas semanas, se volcaba al consumo y que ahora se exporta.

Es difícil de calcular en qué medida ese enorme volumen sobrante de cortes de novillo pesado y vaca manufactura o conserva terminan por sacarle firmeza a los valores de la hacienda definida de consumo; cualquier observador ha visto en las carnicerías del Gran Buenos Aires "combos" de 3 ó 5 kilos de carne (picada, asado, pulpas) a valores inverosímiles, seguramente proveniente de hacienda que antes no se podía exportar y ahora sí.

Se acabaron los combos, pero como el Indec no los registraba, puede decirse que nunca existieron.

El Gobierno, en su momento, apostaba a que pasado un momento inicial de escasez de hacienda, por la prohibición de faenar terneros, esa faltante terminaría apareciendo (6 u 8 meses después) toda junta y con más kilos de peso.

La prohibición de las exportaciones ha provocado un desquicio tan grande en la faena, y una disminución tan grande en su magnitud, que resulta muy difícil hoy saber cuánto del enorme faltante acumulado de hacienda, desde noviembre último, corresponde todavía a los efectos iniciales de la 645; cuánto al cese de la exportación y cuánto a una camada de novillos y vaquillonas menos numerosa que la anterior.

Para nosotros, gran parte del faltante en la faena obedece a la entrada en escena de la generación "fallida" del 2003, cuando un mal servicio a causa de la seca originó malos nacimientos en el 2004 y bajos destetes en el 2005.

Ignacio Iriarte