Análisis
UCR o UKR
Por Luis Rodrigo

Los dirigentes electos por el radicalismo que tienen responsabilidades de gobierno y entienden que deben sumarse a la Concertación convocada por el presidente hacen enormes esfuerzos por convencer a los periodistas -y seguramente por convencerse- de que no deberían ser llamados "los radicales K".

Así los ha bautizado la simplificación a que tiende naturalmente el lenguaje periodístico, siempre ajustado al espacio tirano de los títulos. Haber hecho de los doce caracteres de "kirchnerismo" una sola letra, K, es en verdad una proeza de la síntesis que -ahora- por extensión, les cabe a los radicales "de la Concertación", según el apelativo que desean quienes parecen estar a punto de pasarse al partido de los que lucen seguros ganadores, en el Frente "de la Victoria".

Es cierto que no es la primera vez que el peronismo deslumbra a radicales, pero curiosamente estas confusiones (y eventuales divisiones) fueron más notables en tiempos de proscripción del PJ, que durante el reinado de casi diez años de Juan Perón, convalidado electoralmente.

Volviendo a los radicales K, si de las dudas que el peronismo (y sobre todo el antiperonismo) produjo en la UCR a fines de la década del '50 y los '60 surgió la UCRI (por Intransigente), quizá sean éstos los tiempos para el nacimiento de una nueva sigla política... Tendría tres letras y un timbre ruso, o mejor aún eslavo o prusiano, que en la dureza gutural se parecen: la UKR.

No sería arbitrario hablar de una Unión Kirchnerista Radical porque es justamente lo cívico, y esta radicalización en favor del ejercicio cívico -la bandera más preciada del partido fundado por Leandro Alem-, lo que deberá suprimirse para tener un lugar en la Concertación K, o directamente en la "Koncertación".

Sin dudas, es este aspecto que presenta el oficialismo, que ya no muestra rubores por desarrollar una baja calidad institucional en su gestión, ni por respetar si quiera un poco la división de poderes, el que menos toleran los radicales que pretenden ser coherentes con lo mejor de su historia. (Mucho también hay de la otra para apuntar, pero no es de dobleces, traiciones o indisimulables tentaciones golpistas que se nutre el imaginario de una fuerza política).

La aparición de los radicales K, vayan o no a la Convención Nacional que celebrará este partido, muestra cuán profunda es la crisis del radicalismo, más allá de las prácticas de seducción presupuestaria que efectivamente puso en marcha el gobierno nacional.