"El chamamé ha sido históricamente subestimado"
Estanislao Giménez Corte[email protected]
Acordeonista, compositor y director, Chango Spasiuk (Apóstoles, Misiones, 1968) integra el particular grupo de músicos argentinos que, cultivando profundamente la música de su tierra, obtiene trascendencia internacional. A la grabación de su primer CD "europeo", como él mismo llama a "Tarefero de mis pagos" (2005), le siguió un particular periplo que, aunque con las diferencias obvias de cada caso, otros hicieron antes. La escasez de lugares para tocar en la Argentina, los vaivenes del público en cuanto a sus gustos por el folclore y la crisis económica, entre otros factores, forzaron a Spasiuk a buscar nuevos horizontes. Los encontró, de alguna manera, en la difusión de su música en el hemisferio norte (particularmente en Europa), cuyo mercado discográfico asimila como "world music" -música del mundo- a las expresiones provenientes de América latina, África y Asia, por caso, ante una oferta de sus propios artistas que muchas veces es poco más que chata. Sin embargo, esa categoría, es menester señalarlo, marca a menudo el desconocimiento de la naturaleza de los géneros que se le endilgan. Con todo Spasiuk, en 2005, acaso para confirmar lo acertado de su decisión, obtuvo el Premio BBC al "Mejor Nuevo Artista World Music".
De origen ucraniano, Spasiuk se crió en un ámbito que recibe las influencias de Brasil, Paraguay, las comunidades indígenas, los "criollos" y los inmigrantes de origen diverso. De esa mixtura, argumentan los entendidos, nace esa expresión musical que, sin más, es la resultante natural de la combinación de las músicas naturales agrupadas, acaso equivocadamente, bajo el rótulo de "folclore". Así, como una derivación lógica, Spasiuk pasa de la interpretación de las polcas tocadas por sus familiares al chamamé, "valorando el legado de Cocomarola, Abitbol, Montiel y Martínez Riera entre otros", como se lee en la presentación de su sitio web (www.changospasiuk.com.ar).
Su carrera comienza a tomar impulso con la edición de su primer CD, en 1989, y la posterior gira, a través de la cual se inserta en festivales nacionales y provinciales. Empero, las características a menudo incomprensibles de la industria del país hicieron que, así como los primeros cuatro o cinco años de la década del noventa fueran muy fructíferos para su carrera, luego la demanda no sea la misma. Esto llevó a Spasiuk a un profundo replanteo de su propia carrera. Si algún mérito lo distingue es, justamente, el haber conseguido quebrar ciertos prejuicios históricamente arraigados en la gente y su relación con el chamamé pero, además de eso, ha participado en grabaciones o espectáculos de artistas de los más diversos géneros, como rock&roll, pop, jazz, blues, folklore, clásico, electrónica, celta. Su extensa lista de colaboraciones incluye a Mercedes Sosa, León Gieco, Divididos, Raúl Barboza, Jaime Torres, Los Chalchaleros, Jairo, Lito Vitale, Antonio Agri, Ramona Galarza, Luis Ángel Monzón, Antonio Tarragó Ros, Luis Salinas, Xeito Novo, Sebastián Escofet, Mississippi Blues Band y Mimí Maura, entre otros.
Lo que sigue es la síntesis de una conversación de más de 30 minutos en la que, con tono pausado, Spasiuk se despachó con múltiples reflexiones acerca de su lugar en el folclore, hoy.
-�Cómo se da el contacto para que tu música trascienda los límites de la Argentina y se produzca la grabación de tu disco "europeo"?
-Es una respuesta muy sencilla: por no tener trabajo aquí. No tener dónde tocar y grabar. No es una fantasía...
-�Cuál es la lectura, si hay alguna, a propósito del premio que te otorga la BBC?
-Dentro de lo que se llama "world music" hay un espacio en donde las músicas del mundo se pueden expresar, y más que en EE.UU., es un mercado muy fuerte y muy grande en Europa. Allí se agrupan las músicas de Asia o África y de otros tantos lugares. Y es responsabilidad de cada uno explicar, dentro de ese espacio, de qué se trata lo que está haciendo; es indispensable hacerlo. Hay una gran necesidad de que te definas dentro de ese circuito, y la BBC entrega premios desde hace muchos años en ese rubro. (...) Para mí, ha sido muy lindo y es el fruto de muchos años de trabajo. Y me parece que se cierra un círculo con la edición del disco. A todos nos gusta recibir premios y me parece que son como un signo de respeto y de interés real lo que hago. Por otro lado, es una herramienta para poder seguir haciendo mi trabajo.
-�Tenés relación con Raúl Barboza, alguien que ha allanado el camino de la difusión del folclore en Europa?
-Sí, he tenido la oportunidad sacar sus temas cuando era niño. En mi segundo disco grabé "El tren expreso", que es de él. Y hace poco grabamos juntos un tema en su disco "Cherógape" y tocamos en Buenos Aires. Nos encontramos por última vez en un festival del acordeón en Viena. Siento una gran admiración y respeto. En algún momento, todos los acordeonistas hemos querido tocar como Barboza. Su trabajo es muy interesante, en especial como intérprete.