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Enseñar a ver la tele
Buenos televidentes. Muchas veces nos quejamos de cuánto tiempo pasan nuestros hijos delante del televisor y despotricamos contra ese artefacto que, para algunos, es una "caja boba", mientras para otros "íuno de los mayores inventos de la humanidad!". El secreto no es prescindir de la TV, sino aprender a "manejarla".

Series policiales. Telenovelas. Noticieros repletos de malas noticias. Películas violentas. Reality shows. Espacios dedicados a la vida y obra de los famosos. Concursos millonarios. Anuncios y más anuncios publicitarios... La televisión ofrece estos contenidos -a veces tildados de frívolos, superficiales o negativos-, pero al mismo tiempo es mucho más que eso: en contra de lo que pueda parecer, también puede transformarse en una eficaz herramienta educativa.

La clave no radica en mirar exclusivamente los documentales y programas culturales. Tampoco consiste en evitarla sin ningún sistema o en criticarla sin argumentos, sino en aprender a mirarla.

Para la psicóloga infantil María Luisa Ferrerós, autora del libro "Enséñale a ver la tele", "podemos conseguir que nuestros hijos sepan filtrar la información, que construyan un sólido criterio para tener una opinión de lo que ven y, sobre todo, ejercer su libertad de apagar la tele o elegir el programa que quieran ver".

Recomendaciones

Estas son algunas de las recomendaciones de la experta para aprovechar el potencial educativo de la televisión y convertir a los pequeños en buenos televidentes:

  • Ayudarles a elegir los contenidos. Es uno de los retos más sugestivos que ofrece la televisión y que pueden convertirse en un juego con los chicos. Entre todos, elaborar una lista de los programas que puedan resultar interesantes, ponerles un puntaje y comparar opiniones, buscando los aspectos más positivos de los mismos. Grabarlos y ponerlos posteriormente cuando esté toda la familia, para juzgarlos entre todos, eligiendo entre documentales, informativos, concursos y series.
  • Crear criterios para filtrar la información. Desde muy pequeños hay que enseñarles a distinguir de dónde procede la información que llega para saber qué valor tiene. Elegir una noticia al azar y jugar a las adivinanzas: intentando saber a qué canal corresponde: estatal, autónomo, local o privado. No resulta fácil, pero es muy instructivo convertirlo en un desafío.
  • Enseñarles a apagar la tele. Si los padres no los ayudan y les marcan límites, los niños no aprenden a auto-controlarse. Una buena manera de empezar es haciéndoles apreciar que se puede vivir sin televisión, para lo cual se puede establecer un día o una semana "sin tele". Cuando los niños crecen, hay que agudizar el ingenio. "La tele se rompió" y otras astucias, pueden servir para propiciar esa sana costumbre.
  • Establecer una rutina diaria. La tele no debe robar a los niños su tiempo de ocio y dado que éstos funcionan mejor si tienen unos hábitos diarios haciendo lo mismo en el mismo orden y a la misma hora, si se organiza su tiempo con actividades correlativas, les da espacio suficiente para ver la tele quince minutos al día.
  • Compartir la televisión. La tele puede ser un instrumento para interactuar y socializar. Los chicos pueden quedarse en casa de un amigo o con un grupo de compañeros, el viernes al salir de clase, para ver un programa o una película en la tele. Puede ser una excusa fantástica para conocer gente, hacer amigos y comentar lo que están viendo. Y lo mismo puede hacerse en familia.
  • Límites

    Un TV por familia

    Aparentemente, no existiría ningún problema acerca de que los niños tengan una televisión en su cuarto: se acaban las discusiones, cada uno ve lo que quiere en su propia tele, y cómo y cuando le da la gana. La cuestión es si así se genera algo positivo para la educación de los hijos a largo plazo.

    Conviene preguntarse: �qué repercusiones tendrá cuando sean mayores?, �qué le estamos enseñando?, �por qué se prefiere que el niño esté encerrado en su cuarto viendo la tele? Sin querer, al hecho de aislarlo, pensando que así estará más tranquilo y a gusto, puede que él lo interprete como "eres raro y no te comprendemos". Es más educativo que toda la familia comparta unos espacios comunes, con respeto y límites de horarios pactados.