Peligro en la ruta 168
Esta vez sólo hubo que hablar de consecuencias leves, pero en la autopista están planteadas las condiciones como para que, en cualquier momento, se produzca un accidente realmente grave, en el que haya que lamentar la pérdida de vidas humanas.
Desde hace tiempo, proliferan sobre los costados de esta ruta nuevos asentamientos precarios que se multiplican día a día, ocupando terrenos que exhiben como denominador común su alta exposición a futuras crecidas del Paraná.
El fenómeno se produce ante el conocimiento de las autoridades municipales que, al menos por ahora, no parecen tomar las medidas necesarias como para impedir que la problemática se profundice.
Hace años que desde esta columna editorial se viene advirtiendo sobre la necesidad de que se pongan en marcha verdaderos programas de urbanización de una ciudad que, en abril de 2003, sufrió con toda crudeza las consecuencias de la imprevisión. Pero la lección no se aprende.
Decenas de familias se están asentando en esta zona de riesgo. Sin duda alguna, lo hacen gracias a la colaboración de dirigentes políticos que de manera irresponsable incentivan estas radicaciones. Tanto es así que uno de estos asentamientos ya tiene nombre -se lo denomina Nueva Esperanza- y hasta cuenta con una plaza bien instalada.
Sin embargo, la presencia de estas familias en zonas de riesgo no sólo es un peligro eventual para ellas mismas, sino que actualmente genera situaciones incompatibles con la circulación de vehículos sobre la denominada "Ruta del Mercosur".
La presencia de animales sueltos es una constante. A ésta se agrega la de carros tirados por caballos que comparten la autopista con automóviles que circulan a elevadas velocidades y camiones de gran porte, siempre difíciles de maniobrar.
Estos carros no sólo representan enormes riesgos para los demás conductores, sino que se pueden transformar en trampas mortales para quienes los conducen. Se sabe que la tracción mecánica y la tracción a sangre son incompatibles. Y mucho más en autopistas que, por esa razón, se confinan en todo el mundo.
Mientras no se adopten definiciones concretas para paliar estos problemas, la situación tenderá a empeorar. Las medidas de corte demagógico pueden resultar útiles en el corto plazo, pero administrar la cosa pública implica actuar con responsabilidad y desterrar la constante improvisación.
La experiencia sufrida por Santa Fe hace apenas tres años es una prueba cabal de lo que la imprevisión puede ocasionar. Lamentablemente, la post inundación nos muestra acciones y omisiones irresponsables que crean nuevos riesgos -ciertos y progresivos- en ambos bordes hídricos.