Malditas guerras

Señores directores: Guerras: historias de valor y de cobardía. El hombre es un ser que se destruye a sí mismo en estado de guerra o de libertad. La religión divide a los seres humanos, la espiritualidad los une. Si la paz es un bien sagrado, ser racista es un insulto a Dios y al hombre.

Una palabra "arma o desarma" en el imperio de la lógica. En todos los tiempos, las guerras fueron un estado natural del hombre ya que en él se juntan su naturaleza y su antinaturaleza. Los países que han pasado por ellas conocen el dolor. Hoy como en aquellos tiempos bíblicos la guerra es la guerra, en ellas no hay fronteras entre el atropello y el respeto. Aunque sean gloriosas, son detestables y significan el mundo en peligro, perseguido y humillado. En ellas, la falsedad y la tradición valen. Están instaladas en el espíritu del hombre, destruyendo la religión, el Estado y la familia. El hombre es por naturaleza guerrero y siempre hay un pretexto para estos conflictos. La guerra es un arte singular; Napoleón afirmaba: "El sistema espartano es excelente y yo estimo a cualquier soldado valeroso, aun siendo de cualquier nación".

La guerra es sangre, muerte, destrucción, es matar la credibilidad, la fe y el entusiasmo, es una gran bofetada a la humanidad. Facundo Cabral dice: "Si las armas fuesen necesarias, los hombres nacerían con ellas"; finalmente traen duelos, muchos duelos, miles de muertos y desplazados ante la impotencia de otras naciones. Lo que en la paz es crimen, en la guerra es virtud. Siempre hubo fanáticos, fabricantes de trampas, que planifican guerras con audacia e intereses creados, se mostraban haciendo lo incorrecto con correctas excusas.

Cuando los pacíficos pierden toda fuerza, los violentos encuentran motivos para provocar, para disparar armas. �Y dónde quedan la verdad, la lógica y los principios?, si la guerra está presente, el horror está presente. La guerra es como una máquina maldita que mata a culpables y a inocentes. El soldado se azota con sentimientos de avergonzada depresión, de negatividad, de culpabilidad, las guerras son el suplicio de las madres, las lágrimas de las novias y los rezos de la familia.

Mejor que una victoria anhelada es una paz segura, el bienestar tiene que ver con la paz; las guerras finalizarían si los muertos hablaran. Si un primer ministro tuviera que ir a la línea de fuego, al iniciarse la contienda, en ese mismo momento el grito de guerra tal vez cesaría. La vida es más importante que una maldita contienda que trae ansiedades, confusiones, dudas, heridas, dolor y sentencia de muerte; las consecuencias de las postguerras traen males físicos y espirituales. Cuando aprendamos a ser pacíficos, nos habremos transformado en seres humano, responsables, maduros, entonces se podrá aplicar aquello tan digno que dice: "pienso, luego existo". Clary Mirozanik German. Ciudad.